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Johnnié Mercedes ¨Y a Dios que me Perdone es una película de denuncia social con un alto nivel artístico¨
Johnnié Mercedes es, tal vez, uno de los artistas más prolíficos y completos del país. En sus más de 20 años de carrera ha actuado en innumerables películas y obras teatrales, destacándose además como director teatral. Está casado con la actriz Clara Luz Solano, y tienen tres hijas que ya comienzan a descollar también en el medio artístico. El 2015 fue un año fructífero para Johnnié en el teatro, ya que la obra A 2.50 el Cuba Libre, la cual dirigió, no solo se repuso exitosamente en el Bar del Teatro Nacional, sino que fue llevada a Nueva York. Y además interpretó el personaje de Bolo Francisco en la laureada obra del mismo nombre de la autoría de Reynaldo Disla, dirigido por Claudio Rivera en una producción para celebrar el 69 aniversario de la Compañía Nacional de Teatro, de la cual forma parte. El 2016 promete ser un año igual de exitoso, aunque esta vez en el 7mo. arte, donde se estrena en un papel principal.
En esta ocasión el actor nos cuenta sobre sus orígenes como artista y su primer protagónico en Y A Dios Que Me Perdone, la quinta película del director dominicano Ángel Muñiz, un drama sobre una familia de un barrio marginal, en la que a la madre le da leucemia, y el padre, que apenas gana un sueldo mínimo, tiene que pedirle perdón a Dios porque el va a hacer lo que tenga que hacer para salvarle la vida a su mujer.
¿Cuándo descubriste que querías dedicarte al arte?
Fue desde muy temprana edad, solo que yo creía que iba a ser al canto porque en mi infancia yo era el cantante del colegio, en todas las actividades. Yo estudié la primaria en un colegio de monjas en La Romana y un 12 de octubre estando yo en segundo de primaria, con unos 8 o 9 años, temblando, porque era muy tímido, subí al escenario y canté una canción de Pedrito Fernández. Me gustó el cancito y como yo entonaba y todo el mundo me aplaudió seguí cantando y me convertí en el artista del colegio.
¿Cómo terminaste enfocándote y formándote en la actuación?
Cuando yo tenía 12 o 13 años empiezo a decirle a mi papa que quería estudiar actuación. En ese entonces vivíamos en Haina y el me trajo a Santo Domingo a enseñarme donde quedaba Bellas Artes. Fui a una audición donde éramos como 300 muchachos y no califiqué. Fue muy frustrante para mí y llegué a mi casa muy mal, porque yo entendía que para poder ser artista después de adulto tenías que empezar desde pequeño. Pero unos meses después, por medio de una vecina me entero de que en el Ateneo Dominicano impartían un curso de teatro y me inscribí ahí. Mi primer profesor creo que se llamó Elvis Solano. Luego de ese taller algunos de los alumnos nos fuimos con él a un taller en Casa de Teatro, pero después de un tiempo él se fue a Estados Unidos y ahí fue cuando descubrí una escuela, que todavía existe, de un peruano que se llama Carlos Mercado, que es la Escuela Internacional de Arte Escénico. Me inscribí los domingos a hacer una actuación más dirigida a lo audiovisual. Esa escuela llevaba figuras del medio para hablarnos de sus orígenes en el arte. Un día llevaron a Ángel Mejía, que es un gran actor y teatrista dominicano y en aquel entonces era el director de la Escuela Nacional de Arte Dramático de Bellas Artes, y dije: ¨Este es mi chance¨. Cuando terminó la charla me le acerqué, junto a dos compañeros que hoy en día son actores, Gisela Nolasco y Gilberto Hernández y le dijimos que queríamos entrar en Bellas Artes. En esa época había un método de admisión en el que tu te pre-inscribías y tomabas clases durante un mes dos días a la semana para que los profesores te evaluaran, pero como en ese momento ya ese ciclo iba por la última semana, y el nos había visto en algunos ejercicios, nos dijo que nos podía inscribir con la condición de que prometiéramos que no nos íbamos a retirar y que íbamos a completar los 4 años. Nosotros aceptamos y, en aquel momento, con clases en Bellas Artes de lunes a sábado, yo en 4 años de clases solo falté una vez. Me gradué de Bellas Artes, luego hice una especialidad en Teatro Callejero en Casa Las Américas en La Habana Cuba, y desde entonces he estado en una preparación siempre constante.
Te hemos visto en películas en papeles relevantes, y con más de 20 años de carrera ahora tienes tu primer protagónico de la mano de Ángel Muñiz en Y a Dios Que Me Perdone. ¿Qué tipo de historia es?
La película es un drama urbano, un llamado al amor familiar, a la conciencia, a los valores, y a la reflexión; es una crítica muy fuerte al sistema, al ciudadano común, un llamado a la prensa, a los sistemas de salud, educación, político, al sistema de seguridad; un llamado a todo el mundo a que despierte y mire lo que está pasando. Trata sobre el cáncer, la corrupción, la delincuencia, y todo lo que nos afecta como ciudadanos de esta época, de este siglo, de este país y de América Latina. Es una película de denuncia social con un alto nivel artístico, desde mi punto de vista.
Y compartes el protagónico con tu esposa…
Sí, mira, con Ángel Muñiz hacía tiempo que había un coqueteo interesante; el conoce mi trabajo y yo el de él, y habíamos compartido en eventos y él me decía siempre: ¨ ¿Cuándo es?¨, y yo le decía en broma: ¨ Yo soy un actor demasiado malo que no merezco que tu ni siquiera me pongas de extra¨. Pero todos sabemos que Ángel se toma un tiempo bastante largo para madurar sus proyectos. Para Y a Dios Que Me Perdone, su proyecto no. 5, llamó a Clara, mi esposa, a quien conocía debido a que en su película Perico Ripiao trabajaron juntos y a él le gustó mucho su interpretación y quedó con el deseo de volver a trabajar con ella. Entonces la llama para que sea su personaje principal femenino en este proyecto. Luego me llamó a mí, pero tenía la disyuntiva de que no sabía si ponerme un personaje muy interesante que tiene la historia o asignarme el principal. Yo le dije ¨eso depende de ti¨. Entonces me dio a leer el guion y me dice que definitivamente el personaje principal es que voy a hacer. Digo, ¨bueno, yo tengo los guantes puestos, vamos a darle¨.
En esta película, además de tu esposa, también participan tus tres hijas, Akuharella, de 11 años, Rría, que tiene 10 años, y Gaia de 6 años…
Efectivamente. Hay un personaje infantil muy importante en la historia. Ángel había visto el trabajo de Akuharella en diferentes cortometrajes, y quiso contratarla. Yo pensaba que era un personaje muy fuerte, porque en un momento el personaje tiene que pelarse la cabeza, quitarse todo el pelo, y mi hija tenía su cabello largo, mucho más abajo de la cintura. Pero Clara y yo aceptamos, aunque al final la decisión tenía que venir de la niña. Le entregamos el guion, y para no predisponerla no le dijimos que nosotros dos íbamos a estar en la película. Ella lo leyó y al darse cuenta de que tendría que cortarse el pelo dijo que lo iba a pensar. Yo, que en el fondo no quería que ella aceptara, estaba convencido de que iba a decir que no. Pero al otro día me dijo que si, que lo iba a hacer, porque la historia era muy linda. Y me compró con eso. Las dos niñas más pequeñas hacen de hijas de un personaje que interpreta el actor Jean Jean, pero esos son personajes muy sencillitos, casi de extras.
¿Cómo fue compartir el set con toda tu familia?
Fue emocionante, chévere, pero a mí me causó mucho stress. Sobre todo en el caso de Akuharella. Con Clara menos porque es una actriz experimentada, pero uno nunca deja de velar por la seguridad de su familia. Y a pesar de tener un director que es fabuloso, yo antes de que dijeran ¨acción¨ siempre estaba pendiente con la niña de cualquier detalle, de recordarle las cosas; stress que además me adjudicaba yo solo porque ella muchas veces tenia mayor dominio que yo.
Toribio es el nombre de tu personaje en Y a Dios Que Me Perdone. ¿Cómo es Toribio y como es Johnnié?
Mira, yo, Johnnié, soy muy protector, y tengo que serlo porque la sociedad le ha dado ese trabajo al hombre. En mi casa soy el único varón y soy muy dado a proteger no solamente a mi familia y amigos sino a todo lo que tengo cerca. Voy en contra de los abusos, no me gustan los maltratos, y mi familia y mi clase y mi gremio artístico, que es mi familia también, el que se mete con ellos se mete conmigo, pero no soy una persona buscapleitos. Si Toribio se parece a mí en algo, es en lo amoroso; Toribio es un personaje que ama. Pero Toribio es un individuo normal. Yo no quise, y el director y yo estuvimos muy de acuerdo en eso, trabajar un personaje que fuera tan bueno que llegara a lo idiota ni tan malo que llegara al tipo que nada le afecta. Toribio se trabajó desde el punto de vista de la vida real: un tipo común y corriente, como cualquier ser humano, que ama a su familia y es capaz de arrancarle la cabeza y acabar con cualquiera que se meta con ella.
¿Por qué Y a Dios Que Me Perdone? ¿Por qué eliges y aceptas participar en esta película?
Tú me preguntas que por qué le dije sí a este proyecto. Y a Dios Que Me Perdone se va a estrenar en abril, y bajo la idea del artista y director Ángel Muñiz va a llegar, no sé cómo, a todos los dominicanos gratuitamente. Esa es una razón. Pero además, ¿Cómo decir que no a un proyecto de uno de los directores dominicanos de mayor calidad y trascendencia; a la que es su película no 5 luego de casi 10 años sin dirigir?; ¿Cómo decir que no a un proyecto que va a provocar que la gente reflexione y que piense y que tome conciencia de muchas cosas que están pasando?; ¿Cómo decir que no a un proyecto con un nivel artístico tan elevado y en el que mi familia también está involucrada? Y sobre todo, no se le puede decir que no a un proyecto que desde que lo lees, te conmueve hasta la fibra más fina de tu corazón.
Entrevista por: Marthaloidys Guerrero
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Mis lauros del VI Festival Fine Arts Hecho en RD
Este veredicto es personal; respeta y respalda el oficial. Solo aporta el punto de vista de un crítico. Es una opinión individual que, en algunos casos, se extiende a categorías que el jurado oficial no tiene establecidas y que ofrece razonamientos que rogamos sean estudiados. Como los miembros del jurado, en oportunidades nos tuvimos que definir por una de dos opciones que encontramos merecían ambas el primer lugar.
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Melodrama, filme del VI Festival Fine Arts Hecho en RD, no dejará indiferente a nadie
La cartelera implica una oferta de cine nacional extraordinario, pero Melodrama, junto a otras propuestas, sobresale por una serie de factores. Las salas en las que tendrán lugar las proyecciones son las 3, 4 y 5 de Downtown Center.
SANTO DOMINGO. – A días de la apertura del evento cinematográfico que proyecta lo mejor de la nueva cosecha fílmica dominicana, casi toda ella a cargo de directores y directoras jóvenes, recorriendo los géneros de ficción y documental, y sus variantes en drama, comedia, thriller y otros modos de exposición, es propicio analizar qué tiene el peso suficiente como para captar la atención del público asistente.
El VI Festival de Cine Fine Arts Hecho en RD 2026, que inicia este jueves 28 y tendrá sus proyecciones en las salas 3, 4 y 5 de Downtown Center, ofrece, como es tradición, una selecta muestra de cine de autor, lo cual representará un considerable desafío para los jurados encargados de premiar lo mejor del certamen.
Quienes aman la calidad del cine dominicano cuentan con una amplia oferta. Entre los 16 filmes que hemos marcado como imperdibles del evento figuran: ¿Qué más puedes hacerme? (Félix Germán); La corta vida de las flores(Pablo Lozano); Bajo el mismo sol (Ulises Porra); La batalla de los ángeles (Félix Germán); Mi Les Paul(Francisco Valdez); Lo que puede ser mañana: La invasión (Óscar Evelio Gutiérrez) y La ventana (película ómnibus dirigida por siete jóvenes realizadores).
Entre los documentales destacan: Milvio, fotógrafo de la revolución (Milbert Pérez); Aquella primavera (Mayra Poueriet); Más allá del humo (Mariel Aponte); Bōru (Rony A. Sosa), sobre los vínculos históricos entre Japón y República Dominicana; y Life is Dream (Alex Rodríguez).
El caso de Melodrama
Pero hay películas trascendentes, películas fundamentales y… Melodrama (Andrés Farías), dicho desde la perspectiva de quien sabe lo que está diciendo. Es tiempo de reparar en una de esas producciones dominicanas llamadas a destacarse: Melodrama. Es cuando el arte logra hacer real lo que la realidad impide.
No hemos visto Melodrama y, por tanto, cuanto sustentamos sobre su calidad es una inferencia derivada de experiencias recogidas de la filmografía del director, de lo que apunta en términos de producción, del tráiler, del concepto al seleccionar los talentos actorales y de otros factores que, si bien no garantizan totalmente la calidad, sí apuntan en una dirección muy prometedora.
El drama romántico-social plantea la relación entre una viuda de clase media alta y un obrero haitiano de la construcción, con todo lo que ello implica en términos de discriminación racial, rechazo familiar y choque social.
Andrés Farías, quien ya había evidenciado su mirada penetrante en el drama social con tintes mágicos en Candela, apunta ahora a entregar una versión caribeña y renovada sobre las relaciones interraciales marcadas por diferencias socioeconómicas. Esto ocurre luego de realizar Tiznao (cortometraje de 2023), ganador del Festival Fine Arts en su categoría, y Candela, basada en la novela de Ray Andújar, cuya calidad reafirmó el valor del cine nacional apoyado en la literatura criolla.
El debate y la reflexión
Melodrama es una de esas películas que no dejarán indiferente a nadie. Su tema es polémico, más aún si se toma en cuenta la histórica relación de confrontaciones y conflictos generados por sectores dominantes de ambos países vecinos para fomentar distancia y aversión entre sus pueblos.
Esa diferencia social y racial, pasada por el prisma imaginativo del cine, junto al empeño interpretativo que deja ver el avance y el debut de una artista de la escena que hasta ahora solo se había destacado en la danza, alimenta la esperanza de estar ante una producción de profundo mensaje humano y social.
Todo parece indicar que será el plato fuerte de la cartelera del VI Festival Fine Arts Hecho en RD, sin desmerecer otros proyectos que evidencian el nuevo poder creativo de los jóvenes directores dominicanos.
Datos prácticos
El costo de la boleta por persona es de 450 pesos. Las proyecciones de los 16 largometrajes y 22 cortometrajes se realizarán en las salas 3, 4 y 5 de Downtown Center. Aunque algunas personas consideran que estas salas son pequeñas, en realidad —con excepción de la sala 5— cuentan con más asientos que el promedio de las salas del complejo Fine Arts Novo Centro, actualmente conocido como VIP Novo Centro.
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Películas dominicanas sobre madres: maternidad, trauma y fuerza femenina en pantalla
Por Marc Mejía
Hablar de madres en el cine dominicano termina siendo también una forma de hablar del país.
De barrios donde muchas mujeres crían solas a sus hijos. De familias separadas por la migración. De abuelas que terminan criando nietos. De niñas demasiado jóvenes enfrentando embarazos para los que nadie las preparó. De mujeres que trabajan tanto cuidando a otros que apenas tienen tiempo para cuidar de sí mismas y claro, sobre madres emprendedoras y luchadoras.
Y quizá por eso tantas películas dominicanas han encontrado en la maternidad uno de sus temas más honestos.
Durante mucho tiempo, gran parte del cine internacional —desde Hollywood hasta Europa y América Latina— presentó a las madres como figuras casi intocables: pacientes, sacrificadas y emocionalmente inquebrantables.
Películas como Todo sobre mi madre (1999), de Pedro Almodóvar, ayudaron a cambiar esa mirada. La cinta mostró la maternidad desde el dolor, el perdón y la solidaridad entre mujeres. Luego llegaron historias como Erin Brockovich (2000), donde una madre soltera enfrentaba a una enorme corporación mientras intentaba sostener a sus hijos, o Mother (Ma-deo) (2009), del coreano Bong Joon-ho, que llevó el instinto maternal hacia lugares mucho más oscuros y obsesivos. Claro, todo esto evitando abordar el cine clásico y títulos como Stella Dallas del 1937 donde vemos a una madre de clase trabajadora, imperfecta y extravagante, que decide renunciar por completo a su hija y desaparecer de su vida para asegurar que la joven tenga el futuro digno y de alta sociedad que ella nunca le pudo dar.
El cine dominicano, aunque todavía joven como industria, también comenzó a alejarse de la madre perfecta.
Ahora vemos mujeres cansadas, contradictorias, impulsivas, heridas o emocionalmente agotadas. Madres que aman profundamente a sus hijos, pero que también cargan culpa, rabia, miedo o frustración.
Y eso probablemente hace que muchas de estas historias conecten tanto aquí.
Porque varias de estas películas no se sienten lejanas. Se parecen demasiado a cosas que todavía pasan todos los días.
A continuación, recordaré varias películas que han abordado la maternidad desde distintos ángulos: la pobreza, el abandono, la violencia, la culpa, la adolescencia, la migración y hasta la necesidad de encontrar afecto en medio del caos.
- Madres enfrentadas a la pobreza y la supervivencia

La lucha de Ana (2012)
La lucha de Ana (2012) Director: Bladimir Abud
Pocas películas dominicanas retratan el dolor de una madre con tanta intensidad como La lucha de Ana. La historia sigue a Ana, una humilde vendedora de flores de Santo Domingo que cría sola a su hijo adolescente. Su vida cambia para siempre cuando el joven muere accidentalmente a manos del hijo de un poderoso político.
Lo interesante de la película es que Ana nunca parece una heroína tradicional. Se siente como una mujer común empujada al límite.
No tiene dinero, influencia ni poder político. Solo tiene dolor. Y la necesidad desesperada de no dejar que la muerte de su hijo termine olvidada.
La película golpea porque muestra una realidad dolorosamente cercana: madres dominicanas obligadas a enfrentarse a estructuras corruptas mientras sobreviven económicamente día tras día.
Más que una historia sobre justicia, la película termina siendo el retrato de una madre que simplemente se niega a rendirse.

Nana (2015)
Nana (2015) Directora: Tatiana Fernández Geara
Uno de los documentales más sensibles y dolorosos del cine dominicano reciente.
Nana sigue las vidas de varias mujeres que abandonan el campo y a sus propios hijos para trabajar en Santo Domingo cuidando niños de familias adineradas. La contradicción emocional es devastadora: madres pobres que deben entregar cariño, tiempo y protección a hijos ajenos mientras los suyos crecen a la distancia.
Tatiana Fernández Geara evita exagerar el drama. Y precisamente por eso la película duele más.
Porque muchas de esas historias todavía forman parte de la realidad dominicana.
No hay grandes discursos ni dramatizaciones exageradas. Solo cansancio, nostalgia y una tristeza cotidiana que atraviesa toda la película.
Lo más duro es que la película no necesita exagerar nada. Muchas de esas historias siguen pasando todos los días.

Sugar Island (2025)
Sugar Island (2025) Directora: Johanné Gómez Terrero
Ambientada en un batey azucarero, Sugar Island cuenta la historia de Makenya, una adolescente afrodescendiente que enfrenta un embarazo no deseado mientras lidia con la precariedad, la explotación laboral y las herencias espirituales de su comunidad.
La película mezcla realismo social con elementos místicos y culturales afrocaribeños, creando una experiencia profundamente sensorial.
Aquí la maternidad no aparece como un sueño romántico, sino como una consecuencia de la desigualdad estructural.
La protagonista todavía es una niña intentando sobrevivir en un entorno donde el futuro parece escrito por la pobreza y el abandono histórico.

Ramona (2023)
Ramona (2023) Directora: Victoria Linares Villegas
Hay escenas en Ramona que resultan imposibles de olvidar.
La película sigue a una actriz que investiga la vida de adolescentes embarazadas para interpretar a una joven madre de quince años. A través de testimonios reales, el filme retrata niñas que todavía juegan, ríen y sueñan como adolescentes, mientras cargan con responsabilidades adultas demasiado pronto.
Victoria Linares Villegas retrata algo incómodo pero real: adolescentes que todavía están tratando de entenderse a sí mismas mientras ya tienen que criar a otro ser humano.
Y ahí está probablemente lo más incómodo de Ramona: muchas de las historias que aparecen en la película todavía forman parte de la realidad dominicana.
- Madres ausentes, heridas y relaciones rotas

Rafaela (2021)
Rafaela (2021) Director: Tito Rodríguez
Cruda, violenta y emocionalmente desgarradora.
Rafaela narra la vida de una joven líder de pandilla en un barrio marginado de Santo Domingo. Detrás de la violencia callejera y la agresividad de la protagonista existe una herida mucho más profunda: la ausencia de una madre protectora.
Rafaela da la impresión de haber crecido sola. Y esa sensación explica muchas de las decisiones violentas que toma durante la película.
Rafaela no solo busca sobrevivir; también busca amor, reconocimiento y pertenencia en un mundo donde nadie parece haberla protegido jamás.
Uno termina entendiendo que muchas de las decisiones de Rafaela vienen de haber crecido sintiéndose sola.

La hija natural (2011)
La hija natural (2011) Directora: Leticia Tonos
La directora Leticia Tonos construye una historia íntima y silenciosa sobre el duelo.
Tras la muerte de su madre en un accidente, María queda completamente sola y decide emprender un viaje para encontrar al padre que nunca conoció.
Aunque la figura materna desaparece físicamente desde el inicio de la película, su ausencia domina emocionalmente toda la historia.
La protagonista intenta reconstruirse mientras descubre que perder a una madre también significa perder parte de la propia identidad.
Más que buscar a su padre, da la impresión de que María está intentando entender quién es después de perder a su madre.

Dossier de ausencias (2024)
Dossier de ausencias (2024) Director: Rolando Díaz
Basada en hechos reales, Dossier de ausencias probablemente sea una de las películas más incómodas de toda esta lista.
La historia sigue el caso de Moraima Laseter Guzmán, una niña dominicana entregada en adopción a una familia extranjera y luego abandonada nuevamente en República Dominicana cuando apenas tenía 11 años.
Lo más duro de la película no es solo el abandono. Es la sensación de que Moraima nunca terminó de pertenecer a ningún lugar.
No hablaba español, sus padres biológicos vivían en pobreza extrema y terminó sobreviviendo prácticamente sola en una zona rural de Jarabacoa.
La película también muestra algo poco discutido en el país: las consecuencias humanas de los vacíos legales y las adopciones irregulares.
Y quizá eso es lo que hace que el documental golpee tanto.
No parece una historia lejana ni excepcional. Parece uno de esos casos que pudieron pasar desapercibidos durante años.
El impacto del caso real fue tan grande que terminó influyendo en reformas legales relacionadas con la protección de niños, niñas y adolescentes en República Dominicana.

Reinbou (2017)
Reinbou (2017) Director: David Maler
Con una estética poética y melancólica, Reinbou aborda el abandono y la fragilidad emocional de la infancia.
La historia sigue a un niño que vive rodeado de pérdidas, silencios y carencias afectivas.
La película muestra cómo la ausencia materna deja marcas invisibles que acompañan toda la vida.
Más que hablar directamente de madres, habla de los vacíos emocionales que dejan.
- Maternidad, conflicto generacional y heridas familiares

Madre: A dos centímetros de ti (2025)
Madre: A dos centímetros de ti (2025) Directora: Desirée Díaz Silva
Una de las representaciones más intensas sobre maternidad intergeneracional en el cine dominicano reciente.
Helena regresa a Barahona después de diez años para intentar recuperar a su hija, quien ha sido criada por la abuela durante todo ese tiempo.
El reencuentro desata resentimientos acumulados, heridas abiertas y silencios familiares que nunca sanaron.
Desirée Díaz Silva construye un conflicto que probablemente muchas familias dominicanas entiendan demasiado bien: madres e hijas que se quieren, pero que llevan años acumulando silencios y resentimientos.
La película entiende algo profundamente humano: a veces las familias se aman, pero aun así se destruyen.

La nieta de mi abuela (2026)
La nieta de mi abuela (2026) Directora: Tatiana Fernández Geara
Este documental íntimo analiza el legado emocional entre generaciones de mujeres.
A través de recuerdos familiares y conversaciones honestas, Tatiana Fernández Geara explora cómo los silencios, las heridas y las formas de amar pasan de madres a hijas y luego a nietas.
La película se siente muy personal, casi como una conversación familiar que alguien decidió grabar.
No necesita grandes conflictos externos porque toda la tensión vive dentro de la memoria familiar.
Habla de la soledad femenina, de la herencia emocional y del peso invisible que muchas mujeres cargan durante toda la vida.

Miriam miente (2018)
Miriam miente (2018) Directores: Natalia Cabral y Oriol Estrada
Miriam miente retrata una forma distinta de maternidad: la maternidad controladora, obsesionada con las apariencias y atrapada en los prejuicios sociales.
Mientras organiza obsesivamente la fiesta de quince años de su hija, la madre de Miriam intenta mantener intacta una imagen de perfección burguesa.
Cuando descubre que el supuesto novio de su hija es negro, emergen el racismo silencioso y las tensiones de clase.
Lo interesante es que la madre de Miriam cree que está protegiendo a su hija, aunque muchas veces termine haciéndole daño.

Melodrama (2026)
Melodrama (2026) Director: Andrés Farías
Esta película rompe uno de los grandes tabúes culturales latinoamericanos: la idea de que una madre deja de tener deseos, emociones o vida propia después de criar hijos.
Sonia atraviesa un duelo emocional mientras intenta reconstruir su vida sentimental. Sin embargo, su hija adulta y amigos reaccionan con rechazo y juicio constante.
La película toca un tema del que casi no se habla: muchas veces los hijos adultos también terminan juzgando la vida emocional de sus madres.
Es una historia sobre libertad emocional, envejecimiento y dignidad femenina.
- Madres en contextos extremos

Carpinteros (2017)
Carpinteros (2017) Director: José María Cabral
Aunque es conocida principalmente como una historia de amor carcelaria, Carpinteros también retrata una realidad poco mostrada en el cine: mujeres embarazadas y madres dentro del sistema penitenciario.
Las internas deben criar temporalmente a sus bebés en condiciones violentas y emocionalmente devastadoras.
La película muestra cómo incluso dentro de la cárcel las mujeres continúan cargando el peso emocional de la maternidad.
El amor maternal sobrevive incluso en los espacios más hostiles.

Bantú Mama (2021)
Bantú Mama (2021) Director: Iván Herrera
Una mujer extranjera perseguida por la policía encuentra refugio en Capotillo junto a varios niños huérfanos.
Poco a poco, sin planearlo, se convierte en su figura protectora.
Lo más interesante de Bantú Mama es que la película nunca intenta definir qué significa exactamente ser madre.
Simplemente muestra cómo el cuidado, el afecto y la protección también pueden construir una familia.
Al final, la película termina preguntándose qué significa realmente cuidar a alguien.

La cigüeña (2024)
La cigüeña (2024) Director: Alejandro Andújar
Esta película aborda uno de los debates más complejos y polémicos de los últimos años: la gestación subrogada.
A través de mujeres vulnerables económicamente que alquilan sus vientres para familias adineradas, el filme explora las tensiones entre necesidad económica, apego emocional y maternidad biológica.
La película plantea preguntas incómodas:
¿Puede una madre separarse emocionalmente de un hijo después de llevarlo nueve meses en su cuerpo?
¿Dónde termina el contrato y dónde comienza el vínculo humano?

Niñas Escarlata (2026)
Niñas Escarlata (2026) Directora: Paula Cury
Probablemente una de las propuestas más duras y políticas sobre maternidad en el cine dominicano.
El documental analiza las consecuencias físicas y emocionales de la maternidad forzada en un país donde el aborto sigue completamente penalizado.
A través de testimonios reales, mujeres relatan embarazos inviables, riesgos médicos extremos y traumas psicológicos.
Más allá del debate político, la película deja claro el impacto físico y emocional que estas decisiones tienen sobre muchas mujeres.
- Madres, neurodivergencia y sacrificio emocional

Lo que siento por ti (2018)
Lo que siento por ti (2018) Director: Raúl Camilo
Basada en hechos reales, esta película contiene una de las representaciones más sensibles sobre maternidad y neurodivergencia en el cine dominicano.
Ana es una madre soltera que cría sola a sus hijos con autismo después de ser abandonada por su esposo.
La película funciona porque no convierte a Ana en una figura perfecta.
La vemos cansada, frustrada y sobrepasada muchas veces. Y eso hace que todo se sienta mucho más real.
Pero también retrata algo profundamente hermoso: la resistencia emocional de una madre que se niega a rendirse.
Muchas madres probablemente van a sentirse identificadas con el cansancio y la frustración que muestra la película.

Milly (2026)
Milly (2026) Directora: Leticia Tonos
La película biográfica sobre Milly Quezada explora no solo el ascenso de una estrella del merengue, sino también el peso emocional de ser madre mientras se vive constantemente de gira.
Entre escenarios, viajes y sacrificios, la película retrata la culpa materna y las complejas dinámicas familiares detrás del éxito artístico.
Muchas mujeres dominicanas se verán reflejadas en esa necesidad dolorosa de elegir entre el sustento económico y la presencia emocional.
Conclusión
El cine dominicano, una industria relativamente joven pero cada vez más madura y arriesgada, está transformando profundamente la manera en que entendemos la maternidad.
Ya no se limita a mostrar madres perfectas o eternamente sacrificadas. Ahora aparecen mujeres más reales: agotadas, confundidas, fuertes en algunos momentos y completamente rotas en otros.
Estas películas hablan de pobreza, violencia, racismo, abandono, migración, trauma y supervivencia. Pero también hablan de amor.
Un amor imperfecto, cansado y profundamente humano.
Y quizá ahí está lo más interesante de todas estas películas: hablan de maternidad, sí, pero también de cómo vivimos, sobrevivimos y nos relacionamos en República Dominicana.
Porque en cada madre retratada en pantalla existe también una parte de la historia social del país.
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