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Detrás de cámaras de Elena y el Mar: entrevista a Tito Rodríguez y Ruth Emeterio

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En pleno rodaje de Elena y el Mar, mientras las escenas toman forma y los personajes comienzan a habitar los espacios que los rodean, surge también el momento para la conversación. Cine Dominicano se acercó al set para dialogar con su director, Tito Rodríguez, y su actriz protagonista, Ruth Emeterio, quienes compartieron reflexiones íntimas sobre la película, sus procesos creativos y los temas sociales que atraviesan esta historia profundamente ligada al cine dominicano.

El origen de Elena y el Mar

Para Tito Rodríguez, Elena y el Mar es un proyecto que se ha construido con paciencia y convicción a lo largo del tiempo.

“Es una idea que tuve hace dos o tres años. En un primer momento hicimos un argumento y luego pasó por varias etapas de escritura hasta llegar al guion que estamos rodando ahora”, explicó el director.

El cineasta destacó que este proceso fue clave para encontrar el tono emocional de la película y la verdad de sus personajes.

“A mí me gusta hacer películas que conecten con la gente y que digan algo. Son temas que muchas veces no queremos confrontar, pero que forman parte de nuestra realidad”, afirmó.

Desde su mirada, Elena y el Mar se inscribe dentro de una línea de cine dominicano que busca observar de frente las problemáticas sociales, sin artificios ni concesiones.

El mar, la migración y la identidad

Uno de los elementos más simbólicos de la película es el mar, que atraviesa la historia tanto desde lo visual como desde lo emocional. Para Tito Rodríguez, este elemento resume la experiencia migratoria del Caribe.

“El mar es un elemento muy poderoso en esta película. Por más que tú te vayas, siempre serás un inmigrante. Esa conexión con tus raíces no se negocia”, reflexionó.

El director añadió que la película habla de irse para sobrevivir, pero también del deseo constante de volver.

“El inmigrante siempre se va con la memoria de lo que deja. Hay un anhelo permanente de regresar, de reiniciar y de aportar”, expresó, subrayando un tema recurrente dentro del cine dominicano y caribeño.

Ruth Emeterio y la experiencia de habitar a Elena

Para Ruth Emeterio, dar vida a Elena ha sido un proceso intenso, emocionalmente exigente y profundamente revelador.

“Elena es un personaje sumamente humano. Ella pasa por una montaña rusa de emociones desde que llega y se enfrenta a una realidad muy cruda”, comentó la actriz.

El personaje de Elena es el de una mujer que emigra buscando una mejor vida para ella, su madre y su hija, pero que debe cargar con las consecuencias emocionales de esa decisión.

“Hay mucho dolor en Elena, sobre todo por la maternidad interrumpida y por el intento constante de reencontrarse con sus raíces y con su hija”, explicó Eterio.

La actriz destacó que el acompañamiento del director fue clave para transitar escenas de gran carga dramática.

“Tito sabe lo que quiere y sabe cómo llevarte como actriz. Eso te da confianza para entrar en lugares emocionales muy fuertes”, señaló.

Una trayectoria sólida dentro del cine dominicano

Ruth Emeterio se ha consolidado como una figura esencial del cine dominicano contemporáneo. Además de Elena y el Mar (2026), donde asume su segundo protagónico bajo la dirección de Tito Rodríguez, su filmografía incluye títulos como Sugar Island (2024), papel por el que recibió el Premio La Silla a Mejor Actriz Secundaria, Duele Decidir(2024), Convivencia (2023), Voces Rotas (2023), La Otra Lucha (2023), Candela (2021), Hotel Coppelia (2021), Juanita (2018) y La Gunguna (2015), entre otros.

Tito Rodríguez: cine social y mirada autoral

Con una filmografía marcada por el compromiso social, Tito Rodríguez es una de las voces más reconocibles del cine dominicano actual. A títulos como La Familia Reyna (2015) y Rafaela (2021), considerada su obra más premiada, se suman proyectos recientes como La Grande (2024), biopic sobre Fefita La Grande, y el documental Marileidy(2025/2026), centrado en la vida de la atleta olímpica Marileidy Paulino.

Sobre Elena y el Mar, el director fue enfático:

“Son historias que nos confrontan como sociedad. No se trata de echarles tierra, sino de entender por qué pasan y mirarlas de frente”, afirmó.

Una película necesaria

Dentro y fuera de cámaras, Elena y el Mar se percibe como una película necesaria, tanto por los temas que aborda como por la sensibilidad con la que los trata. La historia pone sobre la mesa realidades como la migración irregular, los viajes en yola, la maternidad y las secuelas emocionales del desarraigo, temas profundamente arraigados en la experiencia dominicana y caribeña.

En este proceso, Aldea Estudio juega un rol fundamental como casa productora, reafirmando su apuesta por un cine socialmente relevante, humano y comprometido con las historias que nacen del pueblo. Para su productor, Francis Disla “El Indio”, el proyecto tiene un significado especial que va más allá de lo cinematográfico.

“Yo prefiero hacer cine con amigos y amigas, porque así me siento cómodo y en confianza. Esa es mi línea de cine, y Tito es un amigo de muchos años, por eso este proyecto tiene un significado especial”, expresó.

Desde la dirección, Tito Rodríguez insiste en la necesidad de contar historias que conecten emocionalmente con el público.

“Me gusta hacer películas que conecten con la gente y que digan algo. Elena y el Mar habla de los viajes en yola y de todo lo que vive su protagonista, una realidad dura que sigue siendo muy vigente”, afirmó el director.

A la fuerza emocional del relato se suma la interpretación de Niurka Mota, quien da vida a la madre de la protagonista. La actriz destacó la honestidad y la carga dramática de la historia.

“Es una historia con mucha carga emocional y mucha verdad. Es una película que el público no se puede perder”, comentó.

Con Elena y el Mar, Aldea Estudio reafirma su compromiso con un cine dominicano que mira de frente las realidades sociales, que apuesta por la emoción sincera y que entiende el cine como una herramienta de reflexión y diálogo. Una película que, desde su proceso de rodaje, deja claro que hay historias que no solo deben contarse, sino también sentirse.

Desde Cine Dominicano, continuaremos acompañando el recorrido de Elena y el Mar, una producción que confirma el poder del cine dominicano para narrar historias humanas, necesarias y profundamente conectadas con nuestra identidad.

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