Artículos
“La Estrategia del Mero fue un reto mágico”: entrevista con Erick Rodríguez Vásquez
La Estrategia del Mero es una coproducción entre República Dominicana, Colombia, Brasil y Puerto Rico, dirigida por Edgar de Luque Jácome y producida en el país por Elsa Turull de Alma a través de Larimar Films. La película ha recorrido festivales internacionales como Tallin Black Nights, IFFI Goa, el Puerto Rico Queer FF y el NY Dominican Film Festival, y llegará a los cines dominicanos el próximo 4 de septiembre.
La historia sigue a Samuel, un hombre solitario que recibe la inesperada visita de su hija Priscila, a quien no veía desde que era un niño. La convivencia los enfrenta a heridas del pasado y a un proceso de sanación lleno de metáforas, donde el mar y los meros —peces capaces de cambiar de sexo al alcanzar la madurez— simbolizan la transformación, la aceptación y el amor incondicional.
Aunque el rodaje principal se realizó en Colombia, las escenas submarinas fueron filmadas en aguas dominicanas, gracias a la experiencia de buzos y técnicos locales que lograron imágenes de gran belleza y calidad visual. Es en esas escenas donde aparece el personaje de Samuelito, interpretado por el joven actor Erick Rodríguez Vásquez, quien da vida a la infancia de Priscila en flashbacks llenos de luz e inocencia.
Con apenas 17 años, Erick ya cuenta con un recorrido notable en el cine dominicano gracias a su participación en películas como La Familia Reina, Dos Policías en Apuros y la multipremiada Reinbou. Hoy nos habla de cómo vivió este reto internacional que lo llevó a actuar bajo el agua y a crecer como persona y artista.
“Empecé en el cine a los cinco años”
Su primera experiencia frente a las cámaras fue casi por casualidad:
“Un amigo de la familia que era cineasta me llevó a un rodaje de un comercial. Tenía apenas cinco años. Me dieron un yogurt, me pidieron sonreír y, aunque tenía mucho sueño, ese gesto encantó a los directores. De ahí salté a La Familia Reina, donde cumplí seis años en medio del rodaje. Ese fue el inicio de todo”.
Después vinieron Dos Policías en Apuros y Reinbou, película que lo consolidó como uno de los talentos infantiles más prometedores del cine dominicano.
De Reinbou a La Estrategia del Mero
Tras varias experiencias en la pantalla, Erick recibió la oportunidad de audicionar para La Estrategia del Mero:
“Me llegó a través de Micky Montilla, quien me ayudó a hacer el casting. Cuando me dijeron que debía nadar y aguantar la respiración, sentí nervios, pero también emoción. Mi personaje aparece en flashbacks llenos de luz y felicidad, así que debía transmitir inocencia, pero al mismo tiempo sumergirme —literalmente— en un trabajo de caracterización muy exigente”.
El desafío de actuar bajo el agua
Uno de los momentos más complejos de la producción fue rodar las escenas submarinas en República Dominicana, para lo cual Erick contó con un equipo especializado de buzos y técnicos:
“Tenía que mantener la respiración, moverme de manera natural y a la vez estar atento a las indicaciones. Los buzos me colocaban peso en la cintura y me enseñaron a usar el ecualizador para proteger mis oídos. Cuando cortaban la toma, me daban oxígeno. Fue intenso, pero mágico. Aprendí a no tener miedo al mar y a respetarlo”.
Lo más difícil: ver a su madre nerviosa
Aunque para Erick fue una experiencia enriquecedora, recuerda que lo más duro fue la preocupación de su madre durante el rodaje:
“Mi mamá siempre me ha acompañado en cada proyecto. Ella estaba muy nerviosa porque era un reto nuevo, más peligroso… Yo pasaba minutos bajo el agua, y cuando sacaba la cabeza para tomar aire, la veía desde el yate mordiéndose las uñas o bajando la mirada. Esa conexión emocional con ella fue lo más difícil de manejar para mí”.
Una relación cercana con el equipo y con Elsa Turull
Erick guarda un cariño especial tanto por el director Edgar de Luque Jácome como por la productora dominicana Elsa Turull de Alma:
“El director fue muy empático conmigo y con mi mamá, siempre atento, siempre tierno. Y Elsa… Elsa se convirtió en otra madre para mí. Durante la filmación y después de ella ha estado pendiente de mí, con la misma fuerza y cariño. Siempre encontró la manera de apoyar a mi mamá, de darle sonrisas en medio de la preocupación, y a mí de hacerme sentir seguro y feliz. Esa confianza y calor humano marcaron toda mi experiencia en esta película”.
Lo que le dejó Priscila
Al mirar hacia atrás, Erick reflexiona sobre lo que significó interpretar a Priscila en su niñez:
“Ahora que soy mayor, me doy cuenta de que Priscila es un referente muy grande. Me enseñó que, aunque la vida tenga manchas negras, siempre se puede mantener la inocencia y la capacidad de amar. Ella tuvo la valentía de regresar a su origen y enfrentarse a lo que nunca había enfrentado del todo. Eso me marcó”.
Un mensaje para el público
Erick espera que la audiencia reciba la película como un espejo:
“Deseo que vean más que una película, que vean un reflejo. Que sientan empatía y amor, no solo hacia sus familiares, sino hacia cualquier persona que lo necesite: un amigo, un compañero, alguien que requiere comprensión. La Estrategia del Mero es, en una sola palabra, algo profundo”.
La Estrategia del Mero se estrenó en cines de toda la República Dominicana el 4 de septiembre.
Una historia que no solo se ve, se siente.
Artículos
El cine dominicano conquista Los Ángeles con Milly Quezada y nuevas voces latinas
Por Marc Mejía
La presencia dominicana vuelve a sentirse en el Festival de Cine Latino de Los Ángeles con historias que hablan de música, migración, familia, memoria e identidad caribeña.
El cine dominicano vuelve a decir presente en Los Ángeles. Y esta vez lo hace con una figura que, para varias generaciones, no necesita demasiada presentación: Milly Quezada.
La película “Milly, Queen of Merengue”, inspirada en la vida y el legado de la llamada Reina del Merengue, forma parte de la Selección Oficial del Los Angeles Latino International Film Festival 2026, una de las plataformas más importantes para el cine latino en Estados Unidos. La producción tendrá su estreno en la Costa Oeste el 30 de mayo en el emblemático TCL Chinese Theatres, en Los Ángeles.
La noticia tiene un valor especial para la República Dominicana. No solo porque lleva a la pantalla grande la historia de una artista profundamente ligada a la música popular dominicana, sino porque llega en una edición donde también aparecen otras propuestas conectadas con el país, con sus talentos y con temas que atraviesan de cerca a nuestra cultura: la migración, la diáspora, la familia, la identidad y esa forma caribeña de resistir incluso en los momentos más difíciles.
El festival, conocido internacionalmente como LALIFF, celebrará su edición número 25 del 27 al 31 de mayo de 2026. Fundado en 1997 por Edward James Olmos, junto a Marlene Dermer, Kirk Whisler, el fallecido George Hernández y la Ciudad de Los Ángeles, el evento se ha consolidado como una vitrina clave para cineastas latinos dentro de la industria.
Por sus pantallas han pasado primeras obras de nombres que luego alcanzarían reconocimiento mundial, como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Pablo Larraín. También ha sido un espacio temprano para talentos como Gina Rodríguez y America Ferrera.
En esta edición, además, el festival llega con otro peso: por segundo año es un evento calificador para los Premios Oscar en las categorías de Mejor Cortometraje Latino de Ficción de Estados Unidos y Mejor Cortometraje Latino Animado de Estados Unidos.
Milly Quezada, del merengue a la pantalla grande

Milly
La llegada de “Milly, Queen of Merengue” al festival coloca en primer plano una historia que toca fibras muy dominicanas.
La película sigue a una joven dominicana que llega a Nueva York, específicamente al corazón de Washington Heights, con un sueño que parece demasiado grande para el momento que le tocó vivir. En medio del llamado Latin Boom, sus luchas personales se van convirtiendo en una trayectoria artística que terminaría marcando la historia de la música tropical.
Pero hablar de Milly Quezada no es hablar únicamente de una carrera musical. Es hablar de una mujer que cruzó fronteras con su voz, que cargó el merengue como bandera y que logró convertirse en un símbolo de identidad para dominicanos dentro y fuera del país.
La cinta está dirigida, escrita y producida por Leticia Tonos Paniagua, una de las cineastas más importantes de la República Dominicana. Tonos ha sido una figura clave en el desarrollo del cine dominicano contemporáneo y una pionera en coproducciones internacionales entre el país y Europa.
Su trabajo ha sido reconocido en espacios como el Marché du Film de Cannes, donde recibió el Fantastic Latido Award. Sus películas también han llegado a festivales como Toronto y Rotterdam, y cuatro de ellas han sido seleccionadas como representantes oficiales de la República Dominicana para los Premios Oscar. En 2020, hizo historia al convertirse en la primera mujer dominicana en recibir el Premio Nacional de la Cinematografía.
El elenco de la película incluye a Sandy Hernández, Juan Carlos Pichardo , Nicole Padrón, Cindy Galán y Jalsen Santana entre otros.
Gabriela Ortega también lleva una historia dominicana al festival

Marga en el DF
La presencia dominicana en Los Ángeles también se fortalece con “Marga en el DF”, cortometraje dirigido y escrito por la cineasta dominicana Gabriela Ortega.
La obra, de 20 minutos y hablada en español, es una coproducción de México, Estados Unidos y República Dominicana. También tendrá su estreno en la Costa Oeste dentro del festival.
Ambientada en la Ciudad de México en 1995, durante los días posteriores a la muerte de Selena Quintanilla, la historia sigue a Marga Salinas, una mujer dominicana con 21 semanas de embarazo que descubre que su esposo le ha sido infiel.
El punto de partida es íntimo, casi doméstico, pero desde ahí la película abre una conversación más amplia. Habla de una mujer migrante en un momento de quiebre. De estar lejos de casa. De cargar un embarazo, una traición y una tristeza que no siempre tiene espacio para ser dicha en voz alta.
Ese tipo de historia también pertenece al mapa dominicano. No desde el lugar evidente del paisaje, sino desde la experiencia de quienes viven la identidad fuera del país.
Gabriela Ortega ha desarrollado una carrera sólida como actriz, guionista y directora. Es graduada de USC y egresada de los laboratorios de Sundance y de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Su cortometraje “Huella” fue selección oficial del Festival de Sundance 2022 y actualmente se desarrolla como largometraje con apoyo de Sundance Labs y Cine Qua Non Lab.
Ortega también trabaja en “Piratas”, un largometraje en español que será filmado en la República Dominicana. Su película “Beautiful, FL” está disponible en Disney+, mientras que su ópera prima “Papi” se encuentra en HBO. Además, recientemente dirigió la miniserie documental “The Foundation of Belleza” para Peacock y Sephora, y acaba de concluir la producción de su próxima película, “Dos Noches en Bilbao”.
El elenco de “Marga en el DF” incluye a Camila Santana, David Palacio y Andrea. La producción está a cargo de Karla Luna Cantú, Eugenio Valero, Natalia González, Carlos López Estrada, Valerie Bush y Stacy Perskie.
La diáspora dominicana entra en escena con “Have a nICE day”

Have a nICE day
Otra obra que toca de cerca la experiencia dominicana en Estados Unidos es “Have a nICE day”, cortometraje dirigido y escrito por Berman Fenelus.
Esta no es una producción dominicana, y conviene decirlo con claridad. Sin embargo, su historia se cruza directamente con temas que forman parte de la vida de muchas familias dominicanas y latinas en la diáspora.
El corto sigue a Gina García, una residente médica dominico-estadounidense que llega al apartamento de sus padres en el Bronx para una cena familiar. Lo que empieza como una reunión íntima, de esas que cualquiera reconoce, se rompe de golpe cuando agentes de ICE derriban la puerta y entran a la vivienda.
La película está filmada en una sola toma, un recurso que aumenta la tensión y obliga al espectador a quedarse dentro de la escena. No hay pausa. No hay escape. La calidez de una casa latina se convierte, en cuestión de segundos, en un espacio de miedo.
La situación se vuelve todavía más dura cuando el padre de Gina, un veterano de guerra nacido en Estados Unidos, es esposado por los agentes. Mientras tanto, su hijo Mario graba la redada hasta que aparece un arma en escena.
Con una duración de 8 minutos, el cortometraje se presenta en inglés y español, y tendrá su estreno en Los Ángeles. La obra aborda temas urgentes como la migración, el miedo institucional, la identidad latina en Estados Unidos y la vulnerabilidad de muchas familias frente a sistemas que pueden irrumpir en sus vidas sin aviso.
Dentro del elenco y del equipo de producción destacan Elvis Nolasco y Aida Rodríguez, dos figuras reconocidas por el público latino y caribeño. Su participación añade una conexión especial con las conversaciones sobre representación, identidad y diáspora, sin que eso signifique que todo el elenco o todo el equipo pertenezca a la comunidad dominicana.
También participan Celines Estevez, Armani Gabriel, Mario Polit, Patrick Shannon, Benjamin Ross Hyman y Tyerise J. Foreman. La producción está a cargo de Berman Fenelus, Elvis Nolasco, Sophia Leang, Erin Judd, Jeff Brown y Ulysses Terrero.
“Aguadilla” y la migración dominicana en el Caribe

Aguadilla
La programación también incluye “Aguadilla”, largometraje dirigido por Alexander Zeke Musca y Tom Musca.
Aunque se trata de una producción de Estados Unidos y Puerto Rico, su historia está atravesada por la migración dominicana. La película sigue a una pareja dominicana que, tras naufragar, llega a una propiedad puertorriqueña perteneciente a Benicio, un exsurfista de olas grandes.
Antes de entregarlos a la Patrulla Fronteriza, Benicio se siente atraído por Talisa, una mujer cuya presencia empieza a mover tensiones, deseos y ambiciones. A partir de ahí, la historia se transforma en una batalla psicológica donde las líneas entre víctima y victimario se vuelven cada vez más borrosas.
La película, de 107 minutos, tendrá su estreno en Los Ángeles y está hablada en inglés y español. Su elenco incluye a Lou Diamond Phillips, Rene Moran, Alina Robert y Elpidia Carrillo.
En el caso de “Aguadilla”, lo dominicano aparece desde una herida conocida en el Caribe: la migración por mar, el riesgo, la frontera y la fragilidad de quienes se ven empujados a buscar otra vida.
Una presencia dominicana que no empieza ahora
La presencia dominicana en el Los Angeles Latino International Film Festival no surge de la nada ni empieza en esta edición. En años anteriores, el talento dominicano y las historias vinculadas a la República Dominicana ya habían encontrado espacio en esta plataforma, ya fuera a través de películas, cineastas, actores, productores o relatos marcados por la diáspora.
Lo que ocurre en 2026 es una nueva confirmación de ese camino.
Esta vez, la presencia dominicana llega desde varios lugares a la vez. Llega con una película dominicana sobre una de las grandes figuras del merengue. Llega con una cineasta dominicana contando la intimidad de una mujer lejos de su país. Llega con actores y talentos latinos que ponen el cuerpo a historias de migración. Y llega también con relatos donde la experiencia dominicana aparece en rutas caribeñas marcadas por el desplazamiento, la supervivencia y la búsqueda de un futuro posible.
Eso hace que esta participación sea interesante. No se trata únicamente de celebrar que una película llegó a un festival importante. Se trata de mirar cómo lo dominicano sigue apareciendo en el cine desde distintos ángulos: la música, la familia, el duelo, la frontera, la maternidad, la diáspora y la memoria.
En “Milly, Queen of Merengue”, la identidad dominicana suena a merengue, a escenario, a barrio, a una mujer que convirtió su historia en legado. En “Marga en el DF”, aparece desde el silencio de una mujer embarazada que enfrenta una ruptura lejos de casa. En “Have a nICE day”, se siente en el miedo de una familia latina cuando el hogar deja de ser refugio. Y en “Aguadilla”, aparece en el mar, en la frontera y en ese viaje incierto que tantas veces ha marcado la historia caribeña.
El cine dominicano hace tiempo dejó de contarse desde un solo lugar. Hoy también se cuenta desde Nueva York, desde Washington Heights, desde el Bronx, desde México, desde Puerto Rico y, en esta edición, desde las pantallas de Los Ángeles.
Por eso, esta presencia en el festival tiene un valor que va más allá de la alfombra roja o de la selección oficial. Habla de continuidad. De una industria que sigue creciendo. De artistas que se mueven entre países. De una cultura que viaja con su gente y que encuentra nuevas formas de narrarse.
Y en el centro de esta edición, la figura de Milly Quezada funciona como un puente poderoso. Su historia conecta generaciones, música, migración y orgullo dominicano. A su alrededor, otras voces amplían el mapa y recuerdan que la República Dominicana también se cuenta desde sus ausencias, sus caminos, sus heridas y sus triunfos.
En Los Ángeles, esta vez, el cine latino vuelve a abrir espacio para esas historias. Y la presencia dominicana vuelve a sentirse.
Artículos
El público ha cambiado, el cine también: una conversación pendiente en República Dominicana
Por Marc Mejía
Hablar del cine dominicano hoy es, inevitablemente, hablar de cambio. No porque falten historias, talento o espacios, sino porque la forma en que el público se relaciona con el cine ya no es la misma.
Después de la pandemia, los hábitos de consumo evolucionaron. Ir al cine sigue siendo una experiencia valorada, pero ya no siempre ocurre en el momento del estreno, ni necesariamente en una sala tradicional. Aun así, reducir esta realidad a una supuesta “falta de público” sería simplificar demasiado una conversación que es mucho más amplia.
Porque el público sí existe.
La constante expansión de complejos, tanto en la capital como en el interior del país —incluyendo nuevas salas impulsadas por Caribbean Cinemas— confirma que hay una demanda sostenida. Este crecimiento no ocurre por casualidad, sino como respuesta a un mercado que sigue activo, aunque con nuevas dinámicas.
A esto se suman espacios como el Cine Teatro ISSFFA, ubicado en el centro de Santo Domingo, una sala moderna, cómoda y con precios accesibles de forma permanente. También destacan propuestas regionales como Cinema Oasis en Bonao y Cinemas POP en Puerto Plata, que amplían la oferta más allá de la capital.
Pero el ecosistema no termina ahí.
El cine dominicano también vive en espacios culturales y comunitarios. La Cinemateca Dominicana, el Centro Cultural Banreservas, el Centro Cultural de España, la Alianza Francesa y Casa de Teatro mantienen una programación constante que incluye cine local e independiente, muchas veces de manera gratuita.
Iniciativas como Rueda Cine llevan películas a parques y anfiteatros en todo el país, mientras eventos como la Noche Larga de los Museos y los distintos festivales de cine amplían aún más el acceso.
Es decir, el cine está. Los espacios existen. Las historias también.
Entonces, la pregunta no es si hay cine, sino cómo lo estamos consumiendo.
Hoy existe una dualidad clara. A nivel global, el 72% de los espectadores considera que ir al cine ofrece una buena relación calidad-precio, según el estudio The 2024 Global Cinema Report, elaborado por la Motion Picture Association (MPA), Gower Street Analytics y EntTelligence.
Sin embargo, este es un comportamiento a nivel mundial, no exclusivo de República Dominicana, que impacta directamente los hábitos de consumo. Muchas personas prefieren esperar a que las películas lleguen a plataformas digitales, priorizando la comodidad, el tiempo y el costo.
Y ahí entra otra realidad que no siempre se toma en cuenta:
Hoy, el cine dominicano no solo se exhibe en salas locales, sino también en plataformas de streaming como Netflix, Disney+, entre otras internacionales, así como en espacios locales como Pelidom y LaMuviRD+.
Esto amplía su alcance de forma significativa, permitiendo que nuestras producciones lleguen a audiencias en América Latina, Estados Unidos y Europa. Además, nuestro cine no solo vive en lo digital: también conquista festivales internacionales y logra en salas de cine comerciales en distintos territorios, consolidando su presencia más allá de nuestras fronteras.
Muchas veces, ese impacto no se refleja directamente en la taquilla local, pero sí forma parte del crecimiento real y sostenido de la industria.
Por eso, medir el éxito del cine únicamente por la taquilla es una visión limitada.
El éxito cinematográfico es multidimensional. También se mide por el retorno de inversión (ROI), el reconocimiento crítico, la longevidad de las obras y su impacto cultural. Hay películas que no dominan la taquilla en su estreno, pero viajan, conectan, ganan premios y se mantienen vivas en el tiempo.
En el contexto dominicano, esto es aún más importante. El tamaño del mercado local hace prácticamente imposible que todas las producciones sean grandes éxitos de taquilla. Y eso no significa que no sean exitosas.
De hecho, no todas las películas nacen con la intención de ser blockbusters. Muchas responden a una visión más autoral: historias pensadas para trascender, para representar, para conectar desde otro lugar.
Claro, también existen ejemplos de cine comercial que logran conectar masivamente con el público. Producciones como Sanky Panky 4, Los Rechazados y Carlota La Más Barrial fueron grandes taquilleras en 2025, mientras que Medias Hermanas, estrenada a finales de ese mismo año, ya se posiciona en 2026 con más de 19 semanas en cartelera, consolidando su conexión con la audiencia.
Pero comparar todas las películas bajo el mismo criterio es un error.
Como se hizo viral en su momento con la frase “cambiaste un Rolex por un Casio”, incluso la propia marca Casio respondió dejando claro que existen públicos para todo. No se trata de cuál es mejor, sino de entender que cada propuesta tiene su valor, su intención y su audiencia. En el cine ocurre exactamente lo mismo.
A esto se suman factores que van más allá de la industria.
En 2018, el 37.2% de los asistentes al cine en República Dominicana vio producciones locales, con más de 1.4 millones de espectadores. Sin duda, alcanzar y superar cifras como esas sería positivo.
Pero el contexto ha cambiado.
Hoy se consume más contenido desde un celular, desde casa, en movimiento. El costo de vida también ha variado, influyendo en cómo las personas deciden gastar su dinero y su tiempo.
Este fenómeno no es exclusivo del cine.
En la gastronomía, por ejemplo, algunos restaurantes venden más a través del delivery, otros siguen llenando sus mesas, y algunos han cerrado por no adaptarse o porque su propuesta llegó a su fin. No hay una única fórmula correcta, solo distintas formas de evolucionar.
El mundo cambia. Y con él, cambian los hábitos.
Eso no significa que no haya retos.
Hace falta más mercadeo, más cultura cinematográfica y una mayor unión entre los productores dominicanos para seguir construyendo una industria sólida y alineada.
Pero, por encima de todo, hace falta comprensión.
Entender que el público no ha desaparecido, sino que ha cambiado.
Entender que el éxito no tiene una sola métrica.
Entender que el cine dominicano no se limita a una sala, ni a una semana de estreno.
Porque al final, el mundo sigue en constante movimiento —en rotación y traslación— y el cine no es la excepción.
El público ha cambiado.
Y el cine, inevitablemente, también.
Artículos
Entre Cooperstown y los Óscar: La Revolución del Talento Dominicano en Pantalla
Por: Marc Mejía
En 1983, cuando Juan Marichal escuchó su nombre en Cooperstown, no solo entraba un lanzador al Salón de la Fama. Entraba un país entero… uno que todavía no tenía muy claro cómo había llegado hasta ahí.
No había academias como las de hoy. No había estructura. No había un sistema que empujara detrás. Había talento, sí. Disciplina también. Pero sobre todo, había una mezcla de intuición, sacrificio y algo que en Dominicana conocemos bien: fe.
Pasaron 32 años para volver a ver algo parecido. En 2015, Pedro Martínez tomó ese relevo. Y después vinieron Vladimir Guerrero (2018), David Ortiz (2022) y Adrián Beltré (2024).
Y ahí fue cuando algo empezó a sentirse distinto.
No como una sorpresa… sino como una continuidad.
No porque el talento apareciera de repente —ese siempre estuvo ahí—, sino porque finalmente empezamos a entender cómo acompañarlo.
En el cine, la historia fue parecida. Tal vez más silenciosa, pero igual de reveladora.
En los años 40, María Montez brillaba en el Hollywood en tecnicolor. Era una figura imponente, casi mítica. Pero también lejana. Su éxito no venía acompañado de una industria dominicana detrás. No había un camino trazado. Era una estrella… sola.
Luego vino Agliberto Meléndez.
Con una cámara, una historia y —literalmente— un pasaje de ida.
Recorrió festivales. Ganó reconocimiento. Llevó el nombre del país a escenarios donde casi nadie nos esperaba. Pero había un problema: cuando uno miraba hacia atrás, no había nada construido. No había industria. No había continuidad.
Sus logros importaban, sí. Pero también dejaban una sensación incómoda: estábamos avanzando… sin base.
Décadas después, Zoe Saldaña comenzó su camino.
Y lo hizo como muchos dominicanos han hecho las cosas: con talento primero, estructura después —y muchas veces, sin ella.
Sus primeros pasos, incluso en proyectos locales como La maldición del Padre Cardona, hablan de una artista que creció en un momento donde aquí todavía no existía una industria capaz de sostener ese tipo de sueño.
Y aun así, llegó.
Y en 2025, cuando Zoe Saldaña ganó un Óscar, el momento tuvo algo más que celebración. Tuvo peso. Tuvo contexto.
Fue inevitable pensar en Marichal.
Porque así como en 1983 él abrió una puerta que parecía imposible, ese Óscar se sintió como la confirmación de que el dominicano no solo puede llegar… también puede ganar.
Pero el camino entre esos puntos no fue limpio.
Hubo momentos donde parecía que todo iba a arrancar… y no.
En los años 70, bajo el impulso de Charles “Charlie” Bluhdorn, el país empezó a aparecer en el radar con producciones como El Padrino II (1974), Sorcerer (1977) y Pantaleón y las visitadoras (1975).
Por un momento, daba la sensación de que ya estábamos dentro.
Pero no lo estábamos.
El golpe llegó con Havana (1990).
Y ahí se hizo evidente lo que faltaba: orden, reglas, estructura.
Lo que pudo haber consolidado una relación con la industria internacional terminó haciendo lo contrario. Se perdió confianza. Y cuando se pierde confianza en ese nivel, las puertas simplemente se cierran y Hollywood con eso no come cuentos y es bien estricta, su lista negra, a la que permanecimos por mucho tiempo, es tradición en esa industria, es su manera de castigar lo que ellos sienten o consideran que está mal o fuera de las reglas.
En el béisbol, mientras tanto, se vivía otra versión del mismo problema.
La era de los esteroides.
Números impresionantes. Carreras históricas. Pero también dudas. Muchas.
Casos como los de Sammy Sosa y Manny Ramírez quedaron atrapados en ese espacio incómodo donde el talento ya no es suficiente para garantizar el legado.
La lección fue dura… pero necesaria.
El talento, por sí solo, no aguanta el peso del tiempo.
Y entonces —poco a poco, sin hacer mucho ruido— empezó a cambiar todo.
En los años 80, comenzaron a instalarse las academias de MLB en República Dominicana. Equipos como los Dodgers y los Blue Jays empezaron a firmar jóvenes desde los 16 años, a formarlos, a educarlos, a prepararlos no solo para jugar, sino para sostener una carrera.
Por primera vez, el talento tenía acompañamiento.
Tenía proceso.
Tenía futuro.
En el cine, ese cambio llegó con la Ley de Cine 108-10.
Y aunque suene técnico, lo que hizo fue algo bastante simple —y poderoso—: crear condiciones.
Más rodajes.
Más formación.
Más oportunidades.
Hoy, cuando una producción de Netflix o Disney+ llega a Samaná, Juan Dolio o Santo Domingo, no viene a improvisar. Viene a trabajar con gente preparada.
Con dominicanos que saben.
Pero también —y quizás más importante— en los que no vemos.
En los técnicos.
En los que montan luces, corrigen sonido, editan historias.
En los que sostienen cada producción desde atrás.
Se nota en los festivales.
En Cannes, Berlín, Venecia, Sundance.
En cineastas dominicanos que ya no van “a ver qué pasa”, sino a presentar lo que saben hacer.
Casos como el de Nelson Carlo de los Santos Arias, con Pepe, lo dejan claro: ya no estamos tocando la puerta… estamos entrando en la conversación.
Y esa presencia se extiende en dominicanos que están cada día forjando su futuro en otras tierras.
En nuestros representantes frente a la gran pantalla, en figuras y nombre que conocemos y seguimos como Dascha Polanco, Jharrel Jerome, Hemky Madera, Dania Ramírez, Algenis Pérez, Elvis Nolasco, Aimee Carrero, Juani Feliz, Jorge Lendeborg Jr., Manny Pérez.
Y lo mejor de todo es que también los tenemos en la parte técnica donde por solo mencionar algunos recordamos figuras como:
- Oz Rodríguez, ganador del Primetime Emmy (2019), con múltiples nominaciones
- Jessy Terrero, pionero en Hollywood con Soul Plane (2004)
- Ray Hungría, ganador del Emmy (2025) en Nueva York
- Junot Díaz, Premio Pulitzer (2008)
Todo eso empieza a conectar.
Y cambia la sensación.
Porque ahora no se trata de esperar a que aparezca alguien extraordinario.
Se trata de entender que hay muchos en camino.
Así como en 1983 Juan Marichal nos enseñó que se podía llegar a Cooperstown, y en 2025 Zoe Saldaña confirmó que también se puede ganar un Óscar, hoy hay una generación completa creciendo con esa referencia. Ya no como algo lejano, sino como algo posible. Porque por primera vez, no estamos apostando al milagro… estamos construyendo continuidad.
Ahora solo nos queda esperar que Zoe mantenga ese vínculo con la cinematografía dominicana y que, como hizo Juan Marichal con el béisbol, siga abriendo puertas para los que vienen detrás.
-
Noticias Locales14 años ago
Peliculas Dominicanas
-
Noticias Locales9 años ago
Y a Dios que me perdone, película completa aquí
-
Noticias Internacionales12 años ago
404
-
Noticias Internacionales12 años ago
Ley de Cine
-
4 años agoLa Vida de los Reyes
-
Noticias Locales8 años ago“HERMANOS” LA NUEVA PELICULA DE ARCHIE LÓPEZ LLEGA A LOS CINES ESTE 15 DE MARZO
-
Noticias Locales10 años ago
Nueva película dominicana, “Verdad o reto”, se estrena en noviembre
-
Noticias Locales14 años ago
La cárcel de la Victoria

