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El Tiburón: Un dramedia dominico-caribeña que explora los sueños y desafíos de la migración

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El Tiburón

El Tiburón es la nueva apuesta del director dominicano Félix Germán y MAFE FILMS, que llega al cine para contar una historia conmovedora y llena de contrastes. Esta película de 93 minutos, que mezcla comedia y drama, sumerge al público en las complejidades de la migración, los sueños y la lucha por un futuro mejor a través de las vivencias de tres parejas de Cuba, República Dominicana y Haití.

Sinopsis de El Tiburón

La historia comienza cuando tres parejas de diferentes nacionalidades –una cubana, una haitiana y una dominicana– deciden lanzarse al mar en embarcaciones improvisadas, persiguiendo el sueño americano y la promesa de una vida en Miami. Una feroz tormenta los unirá en un encuentro imprevisto, donde tendrán que enfrentarse no solo a las dificultades del océano sino también a un tiburón que emerge como un peligro constante en su trayecto.

Este tiburón no es solo una amenaza tangible en el agua; es un símbolo de los obstáculos que estas personas encuentran en su camino hacia una vida mejor. Entre la supervivencia, el compañerismo y las tensiones entre los protagonistas, la película aborda tanto el deseo de superación como el precio que muchos están dispuestos a pagar para alcanzar sus metas.

El Trasfondo de la Película: Una Reflexión Sobre la Migración

Para Félix Germán, la migración es un tema recurrente que ha abordado en otros proyectos, como La Isla Rota, en la que también participó Manuela Germán como productora. Esta vez, con El Tiburón, Félix se inspira en una noticia real sobre migrantes cubanos que modificaron un autobús para intentar llegar a Miami. Su creatividad transforma esa historia en un relato coral donde los personajes simbolizan la diversidad y las dificultades de quienes se embarcan en un viaje incierto en busca de nuevas oportunidades.

La película es también una reflexión sobre las profundas desigualdades y el deseo de cambio en los países del Caribe, abordando cómo las decisiones de migrar o quedarse afectan no solo a quienes parten, sino también a sus familias y sus comunidades. Germán combina el humor y el drama de manera equilibrada, haciendo que la historia sea accesible, emotiva y universal.

Un Reparto con Talento Internacional

El elenco de El Tiburón está compuesto por un grupo diverso de actores que enriquecen cada escena con su experiencia y carisma. La pareja cubana es interpretada por Tahimi Alvariño y Bárbaro Marín, quienes ya han trabajado juntos en películas como El cuerno de la abundancia. Con una amplia trayectoria en el cine cubano, su conexión en pantalla le da a sus personajes una autenticidad especial.

La pareja haitiana, interpretada por Dominique Telemaque y Cyndie Lundy, también trae gran fuerza a la pantalla. Ambos actores han sido parte de reconocidos dramas y películas de temática social, como Perejil y La isla rota, lo que agrega profundidad y realismo a sus interpretaciones.

Por último, Mozart La Para y Dalisa Alegría dan vida a la pareja dominicana. Para Mozart, esta película marca un salto importante en su carrera como actor, ya que interpreta un rol complejo de un músico dominicano que sueña con el estrellato en Estados Unidos. Alegría, por su parte, aporta su experiencia en producciones de drama y comedia, complementando el talento de Mozart y dándole credibilidad a su personaje como esposa y representante del músico.

Desafíos de Rodaje y Producción en el Mar

La producción de El Tiburón fue una experiencia desafiante y novedosa para el equipo de MAFE FILMS. La película fue filmada casi en su totalidad en escenarios acuáticos, lo que implicó una logística compleja y un alto nivel de preparación. Manuela Germán, productora de la película, comenta que esta fue una de las producciones más ambiciosas que han realizado hasta el momento, superando incluso a proyectos de época como La isla rota.

Para recrear el ambiente marino de manera realista, el equipo utilizó un tanque de agua especializado y también filmó en locaciones reales, lo que permitió capturar el dinamismo y la imprevisibilidad del océano. Uno de los grandes logros fue la creación de un autobús transformado en embarcación, que no solo sirve de transporte para los personajes, sino que se convierte en un símbolo de su ingenio y determinación.

El trabajo en agua no solo fue desafiante desde el punto de vista técnico, sino también en términos de ritmo de rodaje, ya que el equipo tuvo que adaptarse a los tiempos más lentos que exige trabajar en estas condiciones. No obstante, el esfuerzo rindió frutos y cada escena logra sumergir al espectador en la odisea de los personajes.

La Metáfora del Tiburón y la Tragedia Cotidiana de la Migración

En palabras de Germán, el tiburón en la película representa mucho más que un depredador marino. Es una metáforade los sistemas represivos y los obstáculos que enfrentan los migrantes, un símbolo de la represión, la desigualdad y las barreras que muchos deben superar. El tiburón es también una referencia al clásico de Rubén Blades “Tiburón”, que personifica estos problemas sociales y económicos que acechan en las aguas del Caribe y más allá.

A lo largo de la historia, las parejas enfrentan no solo el peligro físico, sino también el choque emocional que conlleva dejar atrás su hogar y su identidad. Esta “tragedia cotidiana”, como la describe Germán, muestra cómo la migraciónse convierte en una experiencia común y, a la vez, devastadora para millones de personas.

Un Estreno Esperado y el Apoyo al Cine Dominicano

El estreno de El Tiburón está programado para el 21 de noviembre de 2024, y sus creadores esperan que el público dominicano acuda al cine para disfrutar de esta historia tan cercana a la realidad del Caribe. Manuela Germándestacó la importancia de este apoyo, especialmente en un momento en que la industria cinematográfica dominicanaenfrenta desafíos con la legislación de incentivos al cine. Para MAFE FILMS, el éxito de esta película puede ayudar a demostrar el valor de estas historias locales y reforzar el crecimiento del cine dominicano en el ámbito internacional.

Además, El Tiburón ya ha generado interés de distribuidores internacionales, lo cual podría llevarla a otras salas y festivales en el extranjero, permitiendo que la narrativa dominicana traspase fronteras y se escuche en otros países. La película se perfila no solo como un entretenimiento, sino también como un vehículo de conciencia social y cultural, un reflejo de las esperanzas y desafíos de la región.

Por Marc Mejía

Marc Mejia, crítico de cine y gestor desde Cinemaforum, de creación de nuevos públicos educados en cine. Con más de 20 años de experiencia en la difusión de la industria cinematográfica a nivel local e internacional, Marc ha consolidado su reputación no solo como crítico de cine, sino también como un profundo conocedor y cineasta activo en la escena local. Su pasión por el cine fue influenciada desde su infancia por su padre, Pericles Mejía . Editor de www.cinemadominicano.com, portal creado por su padre en 2004.

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El cine dominicano conquista Los Ángeles con Milly Quezada y nuevas voces latinas

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Cine Dominicano en LA

Por Marc Mejía

La presencia dominicana vuelve a sentirse en el Festival de Cine Latino de Los Ángeles con historias que hablan de música, migración, familia, memoria e identidad caribeña.

El cine dominicano vuelve a decir presente en Los Ángeles. Y esta vez lo hace con una figura que, para varias generaciones, no necesita demasiada presentación: Milly Quezada.

La película “Milly, Queen of Merengue”, inspirada en la vida y el legado de la llamada Reina del Merengue, forma parte de la Selección Oficial del Los Angeles Latino International Film Festival 2026, una de las plataformas más importantes para el cine latino en Estados Unidos. La producción tendrá su estreno en la Costa Oeste el 30 de mayo en el emblemático TCL Chinese Theatres, en Los Ángeles.

La noticia tiene un valor especial para la República Dominicana. No solo porque lleva a la pantalla grande la historia de una artista profundamente ligada a la música popular dominicana, sino porque llega en una edición donde también aparecen otras propuestas conectadas con el país, con sus talentos y con temas que atraviesan de cerca a nuestra cultura: la migración, la diáspora, la familia, la identidad y esa forma caribeña de resistir incluso en los momentos más difíciles.

El festival, conocido internacionalmente como LALIFF, celebrará su edición número 25 del 27 al 31 de mayo de 2026. Fundado en 1997 por Edward James Olmos, junto a Marlene Dermer, Kirk Whisler, el fallecido George Hernández y la Ciudad de Los Ángeles, el evento se ha consolidado como una vitrina clave para cineastas latinos dentro de la industria.

Por sus pantallas han pasado primeras obras de nombres que luego alcanzarían reconocimiento mundial, como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Pablo Larraín. También ha sido un espacio temprano para talentos como Gina Rodríguez y America Ferrera.

En esta edición, además, el festival llega con otro peso: por segundo año es un evento calificador para los Premios Oscar en las categorías de Mejor Cortometraje Latino de Ficción de Estados Unidos y Mejor Cortometraje Latino Animado de Estados Unidos.

Milly Quezada, del merengue a la pantalla grande

Milly

Milly

La llegada de Milly, Queen of Merengue al festival coloca en primer plano una historia que toca fibras muy dominicanas.

La película sigue a una joven dominicana que llega a Nueva York, específicamente al corazón de Washington Heights, con un sueño que parece demasiado grande para el momento que le tocó vivir. En medio del llamado Latin Boom, sus luchas personales se van convirtiendo en una trayectoria artística que terminaría marcando la historia de la música tropical.

Pero hablar de Milly Quezada no es hablar únicamente de una carrera musical. Es hablar de una mujer que cruzó fronteras con su voz, que cargó el merengue como bandera y que logró convertirse en un símbolo de identidad para dominicanos dentro y fuera del país.

La cinta está dirigida, escrita y producida por Leticia Tonos Paniagua, una de las cineastas más importantes de la República Dominicana. Tonos ha sido una figura clave en el desarrollo del cine dominicano contemporáneo y una pionera en coproducciones internacionales entre el país y Europa.

Su trabajo ha sido reconocido en espacios como el Marché du Film de Cannes, donde recibió el Fantastic Latido Award. Sus películas también han llegado a festivales como Toronto y Rotterdam, y cuatro de ellas han sido seleccionadas como representantes oficiales de la República Dominicana para los Premios Oscar. En 2020, hizo historia al convertirse en la primera mujer dominicana en recibir el Premio Nacional de la Cinematografía.

El elenco de la película incluye a Sandy Hernández, Juan Carlos Pichardo , Nicole Padrón, Cindy Galán y Jalsen Santana entre otros.

Gabriela Ortega también lleva una historia dominicana al festival

Marga en el DF

Marga en el DF

La presencia dominicana en Los Ángeles también se fortalece con Marga en el DF, cortometraje dirigido y escrito por la cineasta dominicana Gabriela Ortega.

La obra, de 20 minutos y hablada en español, es una coproducción de México, Estados Unidos y República Dominicana. También tendrá su estreno en la Costa Oeste dentro del festival.

Ambientada en la Ciudad de México en 1995, durante los días posteriores a la muerte de Selena Quintanilla, la historia sigue a Marga Salinas, una mujer dominicana con 21 semanas de embarazo que descubre que su esposo le ha sido infiel.

El punto de partida es íntimo, casi doméstico, pero desde ahí la película abre una conversación más amplia. Habla de una mujer migrante en un momento de quiebre. De estar lejos de casa. De cargar un embarazo, una traición y una tristeza que no siempre tiene espacio para ser dicha en voz alta.

Ese tipo de historia también pertenece al mapa dominicano. No desde el lugar evidente del paisaje, sino desde la experiencia de quienes viven la identidad fuera del país.

Gabriela Ortega ha desarrollado una carrera sólida como actriz, guionista y directora. Es graduada de USC y egresada de los laboratorios de Sundance y de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Su cortometraje “Huella” fue selección oficial del Festival de Sundance 2022 y actualmente se desarrolla como largometraje con apoyo de Sundance Labs y Cine Qua Non Lab.

Ortega también trabaja en “Piratas”, un largometraje en español que será filmado en la República Dominicana. Su película “Beautiful, FL” está disponible en Disney+, mientras que su ópera prima “Papi” se encuentra en HBO. Además, recientemente dirigió la miniserie documental “The Foundation of Belleza” para Peacock y Sephora, y acaba de concluir la producción de su próxima película, “Dos Noches en Bilbao”.

El elenco de “Marga en el DF” incluye a Camila Santana, David Palacio y Andrea. La producción está a cargo de Karla Luna Cantú, Eugenio Valero, Natalia González, Carlos López Estrada, Valerie Bush y Stacy Perskie.

La diáspora dominicana entra en escena con “Have a nICE day”

Have a nICE day

Have a nICE day

Otra obra que toca de cerca la experiencia dominicana en Estados Unidos es Have a nICE day, cortometraje dirigido y escrito por Berman Fenelus.

Esta no es una producción dominicana, y conviene decirlo con claridad. Sin embargo, su historia se cruza directamente con temas que forman parte de la vida de muchas familias dominicanas y latinas en la diáspora.

El corto sigue a Gina García, una residente médica dominico-estadounidense que llega al apartamento de sus padres en el Bronx para una cena familiar. Lo que empieza como una reunión íntima, de esas que cualquiera reconoce, se rompe de golpe cuando agentes de ICE derriban la puerta y entran a la vivienda.

La película está filmada en una sola toma, un recurso que aumenta la tensión y obliga al espectador a quedarse dentro de la escena. No hay pausa. No hay escape. La calidez de una casa latina se convierte, en cuestión de segundos, en un espacio de miedo.

La situación se vuelve todavía más dura cuando el padre de Gina, un veterano de guerra nacido en Estados Unidos, es esposado por los agentes. Mientras tanto, su hijo Mario graba la redada hasta que aparece un arma en escena.

Con una duración de 8 minutos, el cortometraje se presenta en inglés y español, y tendrá su estreno en Los Ángeles. La obra aborda temas urgentes como la migración, el miedo institucional, la identidad latina en Estados Unidos y la vulnerabilidad de muchas familias frente a sistemas que pueden irrumpir en sus vidas sin aviso.

Dentro del elenco y del equipo de producción destacan Elvis Nolasco y Aida Rodríguez, dos figuras reconocidas por el público latino y caribeño. Su participación añade una conexión especial con las conversaciones sobre representación, identidad y diáspora, sin que eso signifique que todo el elenco o todo el equipo pertenezca a la comunidad dominicana.

También participan Celines Estevez, Armani Gabriel, Mario Polit, Patrick Shannon, Benjamin Ross Hyman y Tyerise J. Foreman. La producción está a cargo de Berman Fenelus, Elvis Nolasco, Sophia Leang, Erin Judd, Jeff Brown y Ulysses Terrero.

“Aguadilla” y la migración dominicana en el Caribe

Aguadilla

Aguadilla

La programación también incluye Aguadilla, largometraje dirigido por Alexander Zeke Musca y Tom Musca.

Aunque se trata de una producción de Estados Unidos y Puerto Rico, su historia está atravesada por la migración dominicana. La película sigue a una pareja dominicana que, tras naufragar, llega a una propiedad puertorriqueña perteneciente a Benicio, un exsurfista de olas grandes.

Antes de entregarlos a la Patrulla Fronteriza, Benicio se siente atraído por Talisa, una mujer cuya presencia empieza a mover tensiones, deseos y ambiciones. A partir de ahí, la historia se transforma en una batalla psicológica donde las líneas entre víctima y victimario se vuelven cada vez más borrosas.

La película, de 107 minutos, tendrá su estreno en Los Ángeles y está hablada en inglés y español. Su elenco incluye a Lou Diamond Phillips, Rene Moran, Alina Robert y Elpidia Carrillo.

En el caso de “Aguadilla”, lo dominicano aparece desde una herida conocida en el Caribe: la migración por mar, el riesgo, la frontera y la fragilidad de quienes se ven empujados a buscar otra vida.

Una presencia dominicana que no empieza ahora

La presencia dominicana en el Los Angeles Latino International Film Festival no surge de la nada ni empieza en esta edición. En años anteriores, el talento dominicano y las historias vinculadas a la República Dominicana ya habían encontrado espacio en esta plataforma, ya fuera a través de películas, cineastas, actores, productores o relatos marcados por la diáspora.

Lo que ocurre en 2026 es una nueva confirmación de ese camino.

Esta vez, la presencia dominicana llega desde varios lugares a la vez. Llega con una película dominicana sobre una de las grandes figuras del merengue. Llega con una cineasta dominicana contando la intimidad de una mujer lejos de su país. Llega con actores y talentos latinos que ponen el cuerpo a historias de migración. Y llega también con relatos donde la experiencia dominicana aparece en rutas caribeñas marcadas por el desplazamiento, la supervivencia y la búsqueda de un futuro posible.

Eso hace que esta participación sea interesante. No se trata únicamente de celebrar que una película llegó a un festival importante. Se trata de mirar cómo lo dominicano sigue apareciendo en el cine desde distintos ángulos: la música, la familia, el duelo, la frontera, la maternidad, la diáspora y la memoria.

En “Milly, Queen of Merengue”, la identidad dominicana suena a merengue, a escenario, a barrio, a una mujer que convirtió su historia en legado. En “Marga en el DF”, aparece desde el silencio de una mujer embarazada que enfrenta una ruptura lejos de casa. En “Have a nICE day”, se siente en el miedo de una familia latina cuando el hogar deja de ser refugio. Y en “Aguadilla”, aparece en el mar, en la frontera y en ese viaje incierto que tantas veces ha marcado la historia caribeña.

El cine dominicano hace tiempo dejó de contarse desde un solo lugar. Hoy también se cuenta desde Nueva York, desde Washington Heights, desde el Bronx, desde México, desde Puerto Rico y, en esta edición, desde las pantallas de Los Ángeles.

Por eso, esta presencia en el festival tiene un valor que va más allá de la alfombra roja o de la selección oficial. Habla de continuidad. De una industria que sigue creciendo. De artistas que se mueven entre países. De una cultura que viaja con su gente y que encuentra nuevas formas de narrarse.

Y en el centro de esta edición, la figura de Milly Quezada funciona como un puente poderoso. Su historia conecta generaciones, música, migración y orgullo dominicano. A su alrededor, otras voces amplían el mapa y recuerdan que la República Dominicana también se cuenta desde sus ausencias, sus caminos, sus heridas y sus triunfos.

En Los Ángeles, esta vez, el cine latino vuelve a abrir espacio para esas historias. Y la presencia dominicana vuelve a sentirse.

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El público ha cambiado, el cine también: una conversación pendiente en República Dominicana

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público ha cambiado,

Por Marc Mejía

Hablar del cine dominicano hoy es, inevitablemente, hablar de cambio. No porque falten historias, talento o espacios, sino porque la forma en que el público se relaciona con el cine ya no es la misma.

Después de la pandemia, los hábitos de consumo evolucionaron. Ir al cine sigue siendo una experiencia valorada, pero ya no siempre ocurre en el momento del estreno, ni necesariamente en una sala tradicional. Aun así, reducir esta realidad a una supuesta “falta de público” sería simplificar demasiado una conversación que es mucho más amplia.

Porque el público sí existe.

La constante expansión de complejos, tanto en la capital como en el interior del país —incluyendo nuevas salas impulsadas por Caribbean Cinemas— confirma que hay una demanda sostenida. Este crecimiento no ocurre por casualidad, sino como respuesta a un mercado que sigue activo, aunque con nuevas dinámicas.

A esto se suman espacios como el Cine Teatro ISSFFA, ubicado en el centro de Santo Domingo, una sala moderna, cómoda y con precios accesibles de forma permanente. También destacan propuestas regionales como Cinema Oasis en Bonao y Cinemas POP en Puerto Plata, que amplían la oferta más allá de la capital.

Pero el ecosistema no termina ahí.

El cine dominicano también vive en espacios culturales y comunitarios. La Cinemateca Dominicana, el Centro Cultural Banreservas, el Centro Cultural de España, la Alianza Francesa y Casa de Teatro mantienen una programación constante que incluye cine local e independiente, muchas veces de manera gratuita.

Iniciativas como Rueda Cine llevan películas a parques y anfiteatros en todo el país, mientras eventos como la Noche Larga de los Museos y los distintos festivales de cine amplían aún más el acceso.

Es decir, el cine está. Los espacios existen. Las historias también.

Entonces, la pregunta no es si hay cine, sino cómo lo estamos consumiendo.

Hoy existe una dualidad clara. A nivel global, el 72% de los espectadores considera que ir al cine ofrece una buena relación calidad-precio, según el estudio The 2024 Global Cinema Report, elaborado por la Motion Picture Association (MPA), Gower Street Analytics y EntTelligence.

Sin embargo, este es un comportamiento a nivel mundial, no exclusivo de República Dominicana, que impacta directamente los hábitos de consumo. Muchas personas prefieren esperar a que las películas lleguen a plataformas digitales, priorizando la comodidad, el tiempo y el costo.

Y ahí entra otra realidad que no siempre se toma en cuenta:

Hoy, el cine dominicano no solo se exhibe en salas locales, sino también en plataformas de streaming como Netflix, Disney+, entre otras internacionales, así como en espacios locales como Pelidom y LaMuviRD+.

Esto amplía su alcance de forma significativa, permitiendo que nuestras producciones lleguen a audiencias en América Latina, Estados Unidos y Europa. Además, nuestro cine no solo vive en lo digital: también conquista festivales internacionales y logra en salas de cine comerciales en distintos territorios, consolidando su presencia más allá de nuestras fronteras.

Muchas veces, ese impacto no se refleja directamente en la taquilla local, pero sí forma parte del crecimiento real y sostenido de la industria.

Por eso, medir el éxito del cine únicamente por la taquilla es una visión limitada.

El éxito cinematográfico es multidimensional. También se mide por el retorno de inversión (ROI), el reconocimiento crítico, la longevidad de las obras y su impacto cultural. Hay películas que no dominan la taquilla en su estreno, pero viajan, conectan, ganan premios y se mantienen vivas en el tiempo.

En el contexto dominicano, esto es aún más importante. El tamaño del mercado local hace prácticamente imposible que todas las producciones sean grandes éxitos de taquilla. Y eso no significa que no sean exitosas.

De hecho, no todas las películas nacen con la intención de ser blockbusters. Muchas responden a una visión más autoral: historias pensadas para trascender, para representar, para conectar desde otro lugar.

Claro, también existen ejemplos de cine comercial que logran conectar masivamente con el público. Producciones como Sanky Panky 4, Los Rechazados y Carlota La Más Barrial fueron grandes taquilleras en 2025, mientras que Medias Hermanas, estrenada a finales de ese mismo año, ya se posiciona en 2026 con más de 19 semanas en cartelera, consolidando su conexión con la audiencia.

Pero comparar todas las películas bajo el mismo criterio es un error.

Como se hizo viral en su momento con la frase “cambiaste un Rolex por un Casio”, incluso la propia marca Casio respondió dejando claro que existen públicos para todo. No se trata de cuál es mejor, sino de entender que cada propuesta tiene su valor, su intención y su audiencia. En el cine ocurre exactamente lo mismo.

A esto se suman factores que van más allá de la industria.

En 2018, el 37.2% de los asistentes al cine en República Dominicana vio producciones locales, con más de 1.4 millones de espectadores. Sin duda, alcanzar y superar cifras como esas sería positivo.

Pero el contexto ha cambiado.

Hoy se consume más contenido desde un celular, desde casa, en movimiento. El costo de vida también ha variado, influyendo en cómo las personas deciden gastar su dinero y su tiempo.

Este fenómeno no es exclusivo del cine.

En la gastronomía, por ejemplo, algunos restaurantes venden más a través del delivery, otros siguen llenando sus mesas, y algunos han cerrado por no adaptarse o porque su propuesta llegó a su fin. No hay una única fórmula correcta, solo distintas formas de evolucionar.

El mundo cambia. Y con él, cambian los hábitos.

Eso no significa que no haya retos.
Hace falta más mercadeo, más cultura cinematográfica y una mayor unión entre los productores dominicanos para seguir construyendo una industria sólida y alineada.

Pero, por encima de todo, hace falta comprensión.

Entender que el público no ha desaparecido, sino que ha cambiado.
Entender que el éxito no tiene una sola métrica.
Entender que el cine dominicano no se limita a una sala, ni a una semana de estreno.

Porque al final, el mundo sigue en constante movimiento —en rotación y traslación— y el cine no es la excepción.

El público ha cambiado.
Y el cine, inevitablemente, también.

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Entre Cooperstown y los Óscar: La Revolución del Talento Dominicano en Pantalla

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Entre Cooperstown y los Óscar

Por: Marc Mejía

En 1983, cuando Juan Marichal escuchó su nombre en Cooperstown, no solo entraba un lanzador al Salón de la Fama. Entraba un país entero… uno que todavía no tenía muy claro cómo había llegado hasta ahí.

No había academias como las de hoy. No había estructura. No había un sistema que empujara detrás. Había talento, sí. Disciplina también. Pero sobre todo, había una mezcla de intuición, sacrificio y algo que en Dominicana conocemos bien: fe.

Pasaron 32 años para volver a ver algo parecido. En 2015, Pedro Martínez tomó ese relevo. Y después vinieron Vladimir Guerrero (2018), David Ortiz (2022) y Adrián Beltré (2024).

Y ahí fue cuando algo empezó a sentirse distinto.
No como una sorpresa… sino como una continuidad.

No porque el talento apareciera de repente —ese siempre estuvo ahí—, sino porque finalmente empezamos a entender cómo acompañarlo.

En el cine, la historia fue parecida. Tal vez más silenciosa, pero igual de reveladora.

En los años 40, María Montez brillaba en el Hollywood en tecnicolor. Era una figura imponente, casi mítica. Pero también lejana. Su éxito no venía acompañado de una industria dominicana detrás. No había un camino trazado. Era una estrella… sola.

Luego vino Agliberto Meléndez.
Con una cámara, una historia y —literalmente— un pasaje de ida.

Recorrió festivales. Ganó reconocimiento. Llevó el nombre del país a escenarios donde casi nadie nos esperaba. Pero había un problema: cuando uno miraba hacia atrás, no había nada construido. No había industria. No había continuidad.

Sus logros importaban, sí. Pero también dejaban una sensación incómoda: estábamos avanzando… sin base.

Décadas después, Zoe Saldaña comenzó su camino.
Y lo hizo como muchos dominicanos han hecho las cosas: con talento primero, estructura después —y muchas veces, sin ella.

Sus primeros pasos, incluso en proyectos locales como La maldición del Padre Cardona, hablan de una artista que creció en un momento donde aquí todavía no existía una industria capaz de sostener ese tipo de sueño.

Y aun así, llegó.

Y en 2025, cuando Zoe Saldaña ganó un Óscar, el momento tuvo algo más que celebración. Tuvo peso. Tuvo contexto.

Fue inevitable pensar en Marichal.

Porque así como en 1983 él abrió una puerta que parecía imposible, ese Óscar se sintió como la confirmación de que el dominicano no solo puede llegar… también puede ganar.

Pero el camino entre esos puntos no fue limpio.

Hubo momentos donde parecía que todo iba a arrancar… y no.

En los años 70, bajo el impulso de Charles “Charlie” Bluhdorn, el país empezó a aparecer en el radar con producciones como El Padrino II (1974), Sorcerer (1977) y Pantaleón y las visitadoras (1975).

Por un momento, daba la sensación de que ya estábamos dentro.

Pero no lo estábamos.

El golpe llegó con Havana (1990).
Y ahí se hizo evidente lo que faltaba: orden, reglas, estructura.

Lo que pudo haber consolidado una relación con la industria internacional terminó haciendo lo contrario. Se perdió confianza. Y cuando se pierde confianza en ese nivel, las puertas simplemente se cierran y Hollywood con eso no come cuentos y es bien estricta, su lista negra, a la que permanecimos por mucho tiempo, es tradición en esa industria, es su manera de castigar lo que ellos sienten o consideran que está mal o fuera de las reglas.

En el béisbol, mientras tanto, se vivía otra versión del mismo problema.
La era de los esteroides.

Números impresionantes. Carreras históricas. Pero también dudas. Muchas.

Casos como los de Sammy Sosa y Manny Ramírez quedaron atrapados en ese espacio incómodo donde el talento ya no es suficiente para garantizar el legado.

La lección fue dura… pero necesaria.

El talento, por sí solo, no aguanta el peso del tiempo.

Y entonces —poco a poco, sin hacer mucho ruido— empezó a cambiar todo.

En los años 80, comenzaron a instalarse las academias de MLB en República Dominicana. Equipos como los Dodgers y los Blue Jays empezaron a firmar jóvenes desde los 16 años, a formarlos, a educarlos, a prepararlos no solo para jugar, sino para sostener una carrera.

Por primera vez, el talento tenía acompañamiento.

Tenía proceso.

Tenía futuro.

En el cine, ese cambio llegó con la Ley de Cine 108-10.
Y aunque suene técnico, lo que hizo fue algo bastante simple —y poderoso—: crear condiciones.

Más rodajes.
Más formación.
Más oportunidades.

Hoy, cuando una producción de Netflix o Disney+ llega a Samaná, Juan Dolio o Santo Domingo, no viene a improvisar. Viene a trabajar con gente preparada.

Con dominicanos que saben.

Pero también —y quizás más importante— en los que no vemos.

En los técnicos.
En los que montan luces, corrigen sonido, editan historias.
En los que sostienen cada producción desde atrás.

Se nota en los festivales.
En Cannes, Berlín, Venecia, Sundance.

En cineastas dominicanos que ya no van “a ver qué pasa”, sino a presentar lo que saben hacer.

Casos como el de Nelson Carlo de los Santos Arias, con Pepe, lo dejan claro: ya no estamos tocando la puerta… estamos entrando en la conversación.

Y esa presencia se extiende en dominicanos que están cada día forjando su futuro en otras tierras.

En nuestros representantes frente a la gran pantalla, en figuras y nombre que conocemos y seguimos como Dascha Polanco, Jharrel Jerome, Hemky Madera, Dania Ramírez, Algenis Pérez, Elvis Nolasco, Aimee Carrero, Juani Feliz, Jorge Lendeborg Jr., Manny Pérez.

Y lo mejor de todo es que también los tenemos en la parte técnica donde por solo mencionar algunos recordamos figuras como:

  • Oz Rodríguez, ganador del Primetime Emmy (2019), con múltiples nominaciones
  • Jessy Terrero, pionero en Hollywood con Soul Plane (2004)
  • Ray Hungría, ganador del Emmy (2025) en Nueva York
  • Junot Díaz, Premio Pulitzer (2008)

Todo eso empieza a conectar.

Y cambia la sensación.

Porque ahora no se trata de esperar a que aparezca alguien extraordinario.

Se trata de entender que hay muchos en camino.

Así como en 1983 Juan Marichal nos enseñó que se podía llegar a Cooperstown, y en 2025 Zoe Saldaña confirmó que también se puede ganar un Óscar, hoy hay una generación completa creciendo con esa referencia. Ya no como algo lejano, sino como algo posible. Porque por primera vez, no estamos apostando al milagro… estamos construyendo continuidad.
Ahora solo nos queda esperar que Zoe mantenga ese vínculo con la cinematografía dominicana y que, como hizo Juan Marichal con el béisbol, siga abriendo puertas para los que vienen detrás.

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