Artículos
El cine dominicano conquista Los Ángeles con Milly Quezada y nuevas voces latinas
Por Marc Mejía
La presencia dominicana vuelve a sentirse en el Festival de Cine Latino de Los Ángeles con historias que hablan de música, migración, familia, memoria e identidad caribeña.
El cine dominicano vuelve a decir presente en Los Ángeles. Y esta vez lo hace con una figura que, para varias generaciones, no necesita demasiada presentación: Milly Quezada.
La película “Milly, Queen of Merengue”, inspirada en la vida y el legado de la llamada Reina del Merengue, forma parte de la Selección Oficial del Los Angeles Latino International Film Festival 2026, una de las plataformas más importantes para el cine latino en Estados Unidos. La producción tendrá su estreno en la Costa Oeste el 30 de mayo en el emblemático TCL Chinese Theatres, en Los Ángeles.
La noticia tiene un valor especial para la República Dominicana. No solo porque lleva a la pantalla grande la historia de una artista profundamente ligada a la música popular dominicana, sino porque llega en una edición donde también aparecen otras propuestas conectadas con el país, con sus talentos y con temas que atraviesan de cerca a nuestra cultura: la migración, la diáspora, la familia, la identidad y esa forma caribeña de resistir incluso en los momentos más difíciles.
El festival, conocido internacionalmente como LALIFF, celebrará su edición número 25 del 27 al 31 de mayo de 2026. Fundado en 1997 por Edward James Olmos, junto a Marlene Dermer, Kirk Whisler, el fallecido George Hernández y la Ciudad de Los Ángeles, el evento se ha consolidado como una vitrina clave para cineastas latinos dentro de la industria.
Por sus pantallas han pasado primeras obras de nombres que luego alcanzarían reconocimiento mundial, como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Pablo Larraín. También ha sido un espacio temprano para talentos como Gina Rodríguez y America Ferrera.
En esta edición, además, el festival llega con otro peso: por segundo año es un evento calificador para los Premios Oscar en las categorías de Mejor Cortometraje Latino de Ficción de Estados Unidos y Mejor Cortometraje Latino Animado de Estados Unidos.
Milly Quezada, del merengue a la pantalla grande

Milly
La llegada de “Milly, Queen of Merengue” al festival coloca en primer plano una historia que toca fibras muy dominicanas.
La película sigue a una joven dominicana que llega a Nueva York, específicamente al corazón de Washington Heights, con un sueño que parece demasiado grande para el momento que le tocó vivir. En medio del llamado Latin Boom, sus luchas personales se van convirtiendo en una trayectoria artística que terminaría marcando la historia de la música tropical.
Pero hablar de Milly Quezada no es hablar únicamente de una carrera musical. Es hablar de una mujer que cruzó fronteras con su voz, que cargó el merengue como bandera y que logró convertirse en un símbolo de identidad para dominicanos dentro y fuera del país.
La cinta está dirigida, escrita y producida por Leticia Tonos Paniagua, una de las cineastas más importantes de la República Dominicana. Tonos ha sido una figura clave en el desarrollo del cine dominicano contemporáneo y una pionera en coproducciones internacionales entre el país y Europa.
Su trabajo ha sido reconocido en espacios como el Marché du Film de Cannes, donde recibió el Fantastic Latido Award. Sus películas también han llegado a festivales como Toronto y Rotterdam, y cuatro de ellas han sido seleccionadas como representantes oficiales de la República Dominicana para los Premios Oscar. En 2020, hizo historia al convertirse en la primera mujer dominicana en recibir el Premio Nacional de la Cinematografía.
El elenco de la película incluye a Sandy Hernández, Juan Carlos Pichardo , Nicole Padrón, Cindy Galán y Jalsen Santana entre otros.
Gabriela Ortega también lleva una historia dominicana al festival

Marga en el DF
La presencia dominicana en Los Ángeles también se fortalece con “Marga en el DF”, cortometraje dirigido y escrito por la cineasta dominicana Gabriela Ortega.
La obra, de 20 minutos y hablada en español, es una coproducción de México, Estados Unidos y República Dominicana. También tendrá su estreno en la Costa Oeste dentro del festival.
Ambientada en la Ciudad de México en 1995, durante los días posteriores a la muerte de Selena Quintanilla, la historia sigue a Marga Salinas, una mujer dominicana con 21 semanas de embarazo que descubre que su esposo le ha sido infiel.
El punto de partida es íntimo, casi doméstico, pero desde ahí la película abre una conversación más amplia. Habla de una mujer migrante en un momento de quiebre. De estar lejos de casa. De cargar un embarazo, una traición y una tristeza que no siempre tiene espacio para ser dicha en voz alta.
Ese tipo de historia también pertenece al mapa dominicano. No desde el lugar evidente del paisaje, sino desde la experiencia de quienes viven la identidad fuera del país.
Gabriela Ortega ha desarrollado una carrera sólida como actriz, guionista y directora. Es graduada de USC y egresada de los laboratorios de Sundance y de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Su cortometraje “Huella” fue selección oficial del Festival de Sundance 2022 y actualmente se desarrolla como largometraje con apoyo de Sundance Labs y Cine Qua Non Lab.
Ortega también trabaja en “Piratas”, un largometraje en español que será filmado en la República Dominicana. Su película “Beautiful, FL” está disponible en Disney+, mientras que su ópera prima “Papi” se encuentra en HBO. Además, recientemente dirigió la miniserie documental “The Foundation of Belleza” para Peacock y Sephora, y acaba de concluir la producción de su próxima película, “Dos Noches en Bilbao”.
El elenco de “Marga en el DF” incluye a Camila Santana, David Palacio y Andrea. La producción está a cargo de Karla Luna Cantú, Eugenio Valero, Natalia González, Carlos López Estrada, Valerie Bush y Stacy Perskie.
La diáspora dominicana entra en escena con “Have a nICE day”

Have a nICE day
Otra obra que toca de cerca la experiencia dominicana en Estados Unidos es “Have a nICE day”, cortometraje dirigido y escrito por Berman Fenelus.
Esta no es una producción dominicana, y conviene decirlo con claridad. Sin embargo, su historia se cruza directamente con temas que forman parte de la vida de muchas familias dominicanas y latinas en la diáspora.
El corto sigue a Gina García, una residente médica dominico-estadounidense que llega al apartamento de sus padres en el Bronx para una cena familiar. Lo que empieza como una reunión íntima, de esas que cualquiera reconoce, se rompe de golpe cuando agentes de ICE derriban la puerta y entran a la vivienda.
La película está filmada en una sola toma, un recurso que aumenta la tensión y obliga al espectador a quedarse dentro de la escena. No hay pausa. No hay escape. La calidez de una casa latina se convierte, en cuestión de segundos, en un espacio de miedo.
La situación se vuelve todavía más dura cuando el padre de Gina, un veterano de guerra nacido en Estados Unidos, es esposado por los agentes. Mientras tanto, su hijo Mario graba la redada hasta que aparece un arma en escena.
Con una duración de 8 minutos, el cortometraje se presenta en inglés y español, y tendrá su estreno en Los Ángeles. La obra aborda temas urgentes como la migración, el miedo institucional, la identidad latina en Estados Unidos y la vulnerabilidad de muchas familias frente a sistemas que pueden irrumpir en sus vidas sin aviso.
Dentro del elenco y del equipo de producción destacan Elvis Nolasco y Aida Rodríguez, dos figuras reconocidas por el público latino y caribeño. Su participación añade una conexión especial con las conversaciones sobre representación, identidad y diáspora, sin que eso signifique que todo el elenco o todo el equipo pertenezca a la comunidad dominicana.
También participan Celines Estevez, Armani Gabriel, Mario Polit, Patrick Shannon, Benjamin Ross Hyman y Tyerise J. Foreman. La producción está a cargo de Berman Fenelus, Elvis Nolasco, Sophia Leang, Erin Judd, Jeff Brown y Ulysses Terrero.
“Aguadilla” y la migración dominicana en el Caribe

Aguadilla
La programación también incluye “Aguadilla”, largometraje dirigido por Alexander Zeke Musca y Tom Musca.
Aunque se trata de una producción de Estados Unidos y Puerto Rico, su historia está atravesada por la migración dominicana. La película sigue a una pareja dominicana que, tras naufragar, llega a una propiedad puertorriqueña perteneciente a Benicio, un exsurfista de olas grandes.
Antes de entregarlos a la Patrulla Fronteriza, Benicio se siente atraído por Talisa, una mujer cuya presencia empieza a mover tensiones, deseos y ambiciones. A partir de ahí, la historia se transforma en una batalla psicológica donde las líneas entre víctima y victimario se vuelven cada vez más borrosas.
La película, de 107 minutos, tendrá su estreno en Los Ángeles y está hablada en inglés y español. Su elenco incluye a Lou Diamond Phillips, Rene Moran, Alina Robert y Elpidia Carrillo.
En el caso de “Aguadilla”, lo dominicano aparece desde una herida conocida en el Caribe: la migración por mar, el riesgo, la frontera y la fragilidad de quienes se ven empujados a buscar otra vida.
Una presencia dominicana que no empieza ahora
La presencia dominicana en el Los Angeles Latino International Film Festival no surge de la nada ni empieza en esta edición. En años anteriores, el talento dominicano y las historias vinculadas a la República Dominicana ya habían encontrado espacio en esta plataforma, ya fuera a través de películas, cineastas, actores, productores o relatos marcados por la diáspora.
Lo que ocurre en 2026 es una nueva confirmación de ese camino.
Esta vez, la presencia dominicana llega desde varios lugares a la vez. Llega con una película dominicana sobre una de las grandes figuras del merengue. Llega con una cineasta dominicana contando la intimidad de una mujer lejos de su país. Llega con actores y talentos latinos que ponen el cuerpo a historias de migración. Y llega también con relatos donde la experiencia dominicana aparece en rutas caribeñas marcadas por el desplazamiento, la supervivencia y la búsqueda de un futuro posible.
Eso hace que esta participación sea interesante. No se trata únicamente de celebrar que una película llegó a un festival importante. Se trata de mirar cómo lo dominicano sigue apareciendo en el cine desde distintos ángulos: la música, la familia, el duelo, la frontera, la maternidad, la diáspora y la memoria.
En “Milly, Queen of Merengue”, la identidad dominicana suena a merengue, a escenario, a barrio, a una mujer que convirtió su historia en legado. En “Marga en el DF”, aparece desde el silencio de una mujer embarazada que enfrenta una ruptura lejos de casa. En “Have a nICE day”, se siente en el miedo de una familia latina cuando el hogar deja de ser refugio. Y en “Aguadilla”, aparece en el mar, en la frontera y en ese viaje incierto que tantas veces ha marcado la historia caribeña.
El cine dominicano hace tiempo dejó de contarse desde un solo lugar. Hoy también se cuenta desde Nueva York, desde Washington Heights, desde el Bronx, desde México, desde Puerto Rico y, en esta edición, desde las pantallas de Los Ángeles.
Por eso, esta presencia en el festival tiene un valor que va más allá de la alfombra roja o de la selección oficial. Habla de continuidad. De una industria que sigue creciendo. De artistas que se mueven entre países. De una cultura que viaja con su gente y que encuentra nuevas formas de narrarse.
Y en el centro de esta edición, la figura de Milly Quezada funciona como un puente poderoso. Su historia conecta generaciones, música, migración y orgullo dominicano. A su alrededor, otras voces amplían el mapa y recuerdan que la República Dominicana también se cuenta desde sus ausencias, sus caminos, sus heridas y sus triunfos.
En Los Ángeles, esta vez, el cine latino vuelve a abrir espacio para esas historias. Y la presencia dominicana vuelve a sentirse.
Artículos
16 años de la Ley de Cine: cómo República Dominicana pasó de producir películas a construir una industria
Por Marc Mejía
Desde los sacrificios personales de los primeros realizadores hasta una actividad que hoy genera empleos, inversión, formación profesional y presencia internacional, la Ley 108-10 cambió la escala del cine dominicano. El reto ahora es sostener ese crecimiento y recuperar con más fuerza al público local.
En 1988, cuando Agliberto Meléndez llevó a las salas Un pasaje de ida, en República Dominicana no existían incentivos fiscales para el cine, fondos públicos especializados ni una estructura capaz de acompañar una producción desde su financiamiento hasta su distribución.
Hacer una película era una apuesta personal. Y, en muchos casos, también económica.
Meléndez asumió grandes sacrificios para materializar una obra inspirada en la tragedia del Regina Express, ocurrida en 1981, cuando un grupo de polizones dominicanos murió asfixiado mientras intentaba salir del país. La película mostró que aquí se podía hacer cine con rigor técnico, contenido social y ambición artística, aun sin una industria que respaldara a sus creadores.
Siete años después, Ángel Muñiz probó otra cosa: que una producción dominicana también podía conectar masivamente con el público.
Nueba Yol: ¡Por fin llegó Balbuena!, estrenada en 1995 y protagonizada por Luisito Martí, convirtió la migración, la nostalgia y las contradicciones de la diáspora en un fenómeno de taquilla. Si Meléndez había defendido la dignidad artística del cine local, Muñiz ayudó a demostrar su potencial comercial.
Ambos trabajaron en una época en la que producir una película dependía siempre de la insistencia de sus realizadores. Había talento, historias y público. Faltaba un sistema.
Ese sistema comenzó a tomar forma el 29 de julio de 2010, con la promulgación de la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica.
Dieciséis años después, el país no solo produce películas. Cuenta con una actividad audiovisual que mueve técnicos, empresas, universidades, hoteles, transporte, construcción, tecnología, servicios y capital privado.
La transformación es evidente. También lo son sus contradicciones.
Antes de la ley, República Dominicana era escenario, pero no industria
Mucho antes de contar con un marco legal para el cine, el territorio dominicano ya había atraído producciones extranjeras.
Varias escenas ambientadas en Cuba para El padrino II fueron rodadas en Santo Domingo, colocando al país dentro de una de las obras más influyentes del cine estadounidense. En 1977, la selva dominicana sirvió de escenario para buena parte del difícil rodaje de Sorcerer, dirigida por William Friedkin, responsable también de El Exorcista y The French Connection.
La producción de Sorcerer pasó a la historia por sus accidentes, retrasos, dificultades climáticas y enormes exigencias técnicas. Más que consolidar una industria local, aquel rodaje reveló el potencial visual del país y, al mismo tiempo, las limitaciones de trabajar sin una infraestructura audiovisual desarrollada.
Cabe mencionar como dato personal, que gracias que mi padre Pericles Mejía era pieza importante en la producción de esa película en el país, el día de mi cumpleaños, recibí mi primera bicicleta, un regalo del director y la producción, quienes se sentían agustos rodando en el país.
Algo similar pero no tan positivo ocurrió con Havana, dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Robert Redford. La película, estrenada en 1990, recreó en Santo Domingo los últimos días del régimen de Fulgencio Batista, debido a que las restricciones estadounidenses impedían realizar la producción en Cuba.
El rodaje dejó una importante actividad económica, pero también enfrentó complejidades logísticas y choques propios de una producción de gran escala en un país que todavía no contaba con una cadena cinematográfica organizada y el caos ocurrido en ese particular momento, costó que entráramos en una lista negra por varios años entre los productores de Hollywood.
República Dominicana podía ofrecer calles, arquitectura colonial, playas, montañas y selvas. Lo que aún no podía garantizar era una plataforma estable para producir.
Técnicos empíricos y jóvenes que estudiaban contra la corriente
La falta de estructura también se reflejaba detrás de las cámaras.
Antes de la Ley de Cine, la mayoría de los técnicos dominicanos se había formado de manera empírica. Aprendían trabajando en televisión, comerciales, publicidad, videos musicales y producciones extranjeras. Algunos tuvieron la oportunidad de viajar y estudiar fuera del país, pero para la mayoría el rodaje era la escuela.
No había una ruta académica clara ni garantías de empleo. Elegir el cine como profesión implicaba asumir un riesgo que muchas familias no entendían.
Durante años, quienes querían estudiar cinematografía tenían que enfrentarse a una pregunta recurrente: “¿De qué vas a vivir?”.
Ese panorama cambió con la expansión del sector. Hoy existen programas vinculados con el cine y la comunicación audiovisual en instituciones como la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), la Universidad APEC (UNAPEC), la Universidad Iberoamericana (UNIBE), la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y CHAVÓN La Escuela de Diseño.
La formación dejó de depender únicamente de la práctica y comenzó a incluir guion, producción, dirección, sonido, fotografía, montaje, postproducción, gestión y comercialización.
Según una estadística de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), elaborada con datos del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) correspondientes a 2022, en la carrera de Cinematografía había 1,079 estudiantes matriculados: 549 mujeres y 530 hombres.
Ese mismo año se registraron 117 egresados, de los cuales 74 eran mujeres y 43 hombres.
El dato muestra no solo el crecimiento de la formación académica, sino también la presencia cada vez mayor de mujeres en el sector. Todo indica que la cantidad de estudiantes y egresados ha aumentado considerablemente en la actualidad, aunque el total más reciente deberá confirmarse cuando se publique una nueva actualización oficial.
El punto de quiebre
La Ley No. 108-10 fue promulgada el 29 de julio de 2010. Su Reglamento de Aplicación se aprobó el 21 de junio de 2011, mediante el Decreto No. 370-11.
Con ese marco se organizaron instituciones, registros e incentivos que permitieron atraer inversión y formalizar una actividad que hasta entonces había dependido de esfuerzos dispersos.
La ley fortaleció el papel de la Dirección General de Cine (DGCINE), estableció el Sistema de Información y Registro Cinematográfico Dominicano (SIRECINE) e impulsó mecanismos como el Fondo de Promoción Cinematográfica (FONPROCINE).
También incorporó dos incentivos fundamentales.
El Artículo 34 favorece la inversión privada en largometrajes dominicanos certificados. El Artículo 39, por su parte, permite otorgar un crédito fiscal transferible a producciones nacionales o extranjeras que realizan gastos calificados en el país.
La ley no produjo por sí sola directores, actores o historias. Ese talento ya existía. Lo que hizo fue crear condiciones para que filmar dejara de ser un hecho aislado y comenzara a convertirse en una actividad económica organizada.
De acuerdo con el listado de producciones rodadas suministrado por la DGCINE, entre 2011 y 2025 se registraron 1,039 producciones audiovisuales en República Dominicana. De ese total, 493 figuran vinculadas al Artículo 34, 93 al Artículo 39 y 453 aparecen como no aplicables a esos incentivos.
El registro incluye mucho más que largometrajes. Aparecen documentales, series, realities, comerciales, programas de televisión, videos y otros formatos audiovisuales.
En 2011 se contabilizaron apenas 6 producciones. En 2017 ya eran 99. Para 2021, el número llegó a 101, y en 2022 alcanzó su punto más alto, con 124 proyectos rodados. En 2023 se mantuvo en un nivel elevado, con 119.
El salto no se explica únicamente por la llegada de más películas.
Cada rodaje necesita transporte, alimentación, alojamiento, seguridad, carpintería, pintura, construcción, vestuario, maquillaje, equipos, electricidad, edición y personal administrativo. Una producción puede contratar servicios de decenas de empresas que, a primera vista, no parecen vinculadas con el cine.
Ahí está una parte importante del impacto de la ley: la actividad audiovisual comenzó a extenderse fuera del set.
El principal resultado de la Ley de Cine no puede resumirse en una película ni en una cifra.
Su impacto está en la aparición de una cadena que antes no existía de manera estable.
La producción se hizo más frecuente. Los inversionistas encontraron un marco fiscal. Los profesionales comenzaron a registrarse. Los técnicos ganaron experiencia en proyectos de mayor escala. Las universidades abrieron programas y el país se volvió más competitivo como destino de rodajes.
También cambió la percepción social de la profesión.
Estudiar cine ya no parece necesariamente una aventura sin futuro. Hoy puede conducir a trabajos en producción, publicidad, televisión, plataformas digitales, animación, sonido, fotografía, edición y contenidos para redes.
Sin embargo, la profesionalización sigue siendo desigual. Muchos empleos dependen de la duración de cada proyecto, no todas las producciones tienen la misma capacidad financiera y el crecimiento de la oferta académica no garantiza una inserción laboral inmediata.
La industria existe, pero todavía está madurando.
La próxima discusión
Después de dieciséis años, ya no está en debate si la ley aumentó la producción. Los registros y números que hemos visto en los medios a través de los años muestran que lo hizo.
La discusión ahora debe ser más exigente.
¿Se están produciendo mejores películas? ¿Llegan a suficientes salas? ¿Pueden competir fuera del país? ¿Los técnicos encuentran continuidad laboral? ¿La inversión pública y los incentivos producen un retorno cultural y económico proporcional? ¿El público dominicano siente que esas historias lo representan?
El futuro del sector dependerá menos de aumentar el número de rodajes y más de mejorar su impacto.
Eso supone fortalecer la distribución, ampliar las coproducciones, apoyar la escritura de guiones, formar nuevos públicos, conservar el patrimonio audiovisual y publicar estadísticas que permitan evaluar los resultados con mayor precisión.
También requiere reconocer que el éxito comercial y el valor cultural no siempre avanzan juntos. Una cinematografía saludable necesita películas capaces de llenar salas, pero también documentales, óperas primas, animación, cine de autor y obras que preserven la memoria del país.
Una industria con presente y futuro
La Ley 108-10 cambió la escala del cine dominicano. Permitió producir con mayor frecuencia, dio estructura al sector y abrió nuevas oportunidades para realizadores, técnicos, actores, estudiantes, empresas e inversionistas.
Su importancia no se limita a la cantidad de películas realizadas. También se refleja en la formación de profesionales, la llegada de rodajes internacionales, la creación de empleos, el crecimiento de empresas audiovisuales y la posibilidad de que más historias dominicanas encuentren un espacio en la pantalla.
Los pioneros demostraron que en República Dominicana se podía hacer cine aun cuando no existían las condiciones. La ley ayudó a crear esas condiciones y permitió que aquel esfuerzo individual se transformara en una actividad organizada, capaz de crecer y competir.
Dieciséis años después, todavía quedan desafíos en distribución, calidad, formación de públicos y circulación internacional. Pero el punto de partida es completamente distinto. Hoy existe una generación preparada, una estructura institucional, una experiencia técnica acumulada y una comunidad cinematográfica que continúa ampliándose.
El cine dominicano ya no depende únicamente de actos heroicos ni de apuestas aisladas. Cuenta con una base desde la cual puede seguir avanzando, renovándose y llevando sus historias más lejos.
La Ley de Cine no fue el inicio de la creatividad dominicana, pero sí ayudó a convertirla en una industria con presente y futuro. Y quizás ese sea su logro más importante: haber demostrado que nuestro cine no solo podía hacerse, sino también crecer, fortalecerse y ocupar un lugar propio dentro y fuera de la República Dominicana.
Artículos
Isaac Morantus se convirtió en el primer dominicano seleccionado para BAMMERS, programa del Bogotá Audiovisual Market
Por Marc Mejía
El director, guionista y productor Isaac Morantus acaba de alcanzar un importante logro para el cine dominicano al convertirse en el primer dominicano seleccionado para BAMMERS, el programa de formación del Bogotá Audiovisual Market (BAM), considerado uno de los mercados audiovisuales más importantes de América Latina.
La selección adquiere un significado especial porque BAMMERS 2026 abrió por primera vez su convocatoria a participantes internacionales con el apoyo de Netflix. De las 105 postulaciones recibidas desde 13 países, solo 40 profesionales fueron escogidos para integrar el programa: 20 colombianos y 20 internacionales. Entre ellos estuvo Morantus, quien representó a la República Dominicana con su segundo largometraje de ficción en desarrollo, “No Fue en Balde”.
La participación dominicana en el Bogotá Audiovisual Market no es nueva. En años anteriores, cineastas nacionales asistieron al mercado gracias a iniciativas de la Dirección General de Cine (DGCINE) y otros programas de apoyo a la internacionalización. Sin embargo, el caso de Isaac Morantus marca un precedente distinto: es el primer dominicano seleccionado oficialmente para BAMMERS, el programa de formación del mercado, tras la apertura de su convocatoria internacional en 2026.
Más que asistir al mercado como un acreditado, el cineasta dominicano formó parte de un proceso de formación diseñado para preparar proyectos con potencial internacional. Durante varias semanas recibió mentorías sobre producción, coproducción, financiamiento y estrategias para presentar su película ante productores, distribuidores e inversionistas.
Uno de los aspectos que Morantus considera más valiosos de la experiencia fue el trabajo realizado sobre el pitch de “No Fue en Balde”.
Aunque el término es muy conocido dentro de la industria cinematográfica, fuera de ese entorno pocas personas saben realmente qué significa. Un pitch es la presentación con la que un realizador “vende” su proyecto ante posibles productores, fondos de financiamiento, distribuidores o plataformas interesadas en convertir una historia en una película. En mercados como el BAM, una buena presentación puede marcar la diferencia entre conseguir una oportunidad de financiamiento o regresar a casa con un proyecto que aún debe seguir esperando.
“Lo más valioso fue entender cómo presentar un proyecto de manera más estratégica. Las mentorías me ayudaron a mejorar mi pitch, a comprender mejor el funcionamiento de la industria internacional y a llegar al mercado con objetivos mucho más claros”, explicó Morantus.

BAMMERS 2026
Una historia sobre sueños, música y diferencias sociales
El proyecto con el que participó en BAMMERS lleva por título “No Fue en Balde”, una comedia dramática romántica con temática musical que actualmente se encuentra en la etapa final de escritura del guion.
La película narra la historia de Brenda, una joven de clase alta que sueña con convertirse en rapera, y Miguel, un muchacho de origen humilde decidido a triunfar como actor. Cuando sus caminos se cruzan descubren que cada uno posee aquello que el otro necesita para acercarse a sus sueños. Sin embargo, el éxito comienza a poner a prueba su relación y los obliga a enfrentar decisiones que cambiarán sus vidas.
Aunque no está inspirada en hechos reales, la historia toma elementos de la realidad que viven muchos jóvenes dominicanos, abordando temas como las diferencias sociales, la búsqueda de oportunidades y el costo de perseguir los sueños.
Con el guion en su etapa de afinamiento, el siguiente paso será buscar financiamiento y posibles coproductores internacionales para hacer realidad la película.
El mercado abrió nuevas oportunidades
Además de las mentorías, la participación de Isaac Morantus en el Bogotá Audiovisual Market le permitió sostener reuniones con productores colombianos y distribuidores de España, Brasil, Francia, Colombia y Ecuador, con el objetivo de presentar “No Fue en Balde” y explorar futuras alianzas para el proyecto.
Aunque todavía no existen acuerdos cerrados, el realizador confirmó que varias de esas conversaciones continúan avanzando y podrían convertirse en futuras coproducciones o acuerdos de distribución.
Su paso por el mercado también dejó nuevas oportunidades profesionales. Recibió una invitación para postular sus cortometrajes a Bogoshorts, uno de los festivales de cortometrajes más importantes de Colombia, además de otra para participar en MIP Cancún, uno de los principales mercados de contenido y coproducción de Latinoamérica.
“Cada mercado confirma que las historias dominicanas tienen espacio en la conversación internacional. Ahora el reto es seguir construyendo alianzas que permitan que esos proyectos lleguen a realizarse y encuentren audiencias”, afirmó.
Una carrera en crecimiento
Fundador de El Güeso Films, Isaac Morantus ha desarrollado su carrera como director, productor, guionista y editor. Su trabajo ha sido reconocido en festivales nacionales e internacionales, obteniendo premios como Mejor Cortometraje y Mejor Edición en los Premios La Silla.
Actualmente también trabaja en la postproducción de “Camina Ven”, su primer largometraje de ficción. La película nació en 2024 como un cortometraje de comedia romántica y fue el único proyecto de la región del Cibao en ganar el concurso Keep Walking Films, impulsado por Johnnie Walker. Su historia sigue a Ender, un joven que emprende un viaje improvisado junto a su mejor amigo Víctor para declararle su amor a una chica antes de que ella emigre del país.
Con “Camina Ven” en postproducción y “No Fue en Balde” dando sus primeros pasos en el circuito internacional de mercados audiovisuales, Isaac Morantus continúa consolidando una carrera que apuesta por llevar nuevas historias dominicanas a escenarios cada vez más competitivos.
Artículos
Una industria que mueve cultura y economía: radiografía del cine dominicano en 2025
Por Marc Mejía
El cine dominicano ya no necesita demostrar que existe. Las estadísticas de 2025 hablan de una actividad constante, con 57 proyectos rodados, 37 películas nacionales estrenadas y más de tres millones de visitas a las salas.
La nueva infografía publicada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), con información de la Dirección General de Cine (DGCINE), la Oficina Nacional de Derecho de Autor (ONDA) y otras instituciones, permite mirar más allá de los estrenos. Detrás de cada película hay empleos, empresas, servicios contratados y profesionales que han convertido el cine en su oficio.
Una producción impulsada desde el país
Durante 2025 se rodaron en República Dominicana 57 proyectos cinematográficos que aplicaron a la Ley de Cine. De ellos, 50 fueron nacionales y 7 extranjeros.
Es decir, cerca del 88 % correspondió a proyectos dominicanos.
El dato es importante porque muchas veces pensamos en la industria a partir de las grandes producciones internacionales que llegan al país. Sin embargo, buena parte de la actividad cotidiana descansa sobre el cine nacional.
Quienes han estado cerca de un rodaje saben que su impacto no se limita al director, los actores o el productor. Una película contrata técnicos, transportistas, servicios de alimentación, alquileres, hospedaje, seguridad, construcción, vestuario y proveedores de distintas áreas. Durante semanas o meses, el presupuesto circula dentro de una red mucho más amplia que el equipo visible en pantalla.
Todavía sería necesario conocer cuánto se invirtió y cuántos empleos se generaron. Contar proyectos es útil, pero medir su impacto económico permitiría entender mejor lo que el cine aporta al país.
Una cartelera dominicana cada vez más diversa
En 2025 se estrenaron 37 películas dominicanas. Hace algunas décadas, la llegada de una producción nacional a las salas era un acontecimiento aislado. Hoy forma parte habitual de la cartelera.
También ha cambiado la oferta. Aunque la comedia mantiene una presencia importante, ahora convive con dramas, documentales, suspenso, cine de autor y producciones de realizadores emergentes.
He visto transformarse la conversación. Antes celebrábamos que una película lograra terminarse y estrenarse. Ahora también hablamos de su campaña, su permanencia en cartelera y las posibilidades de circular en festivales, mercados y plataformas.
Eso no significa que el camino esté resuelto. Con una producción más constante, cada película necesita identificar a su audiencia y explicar por qué merece ser vista. La conexión con el público no se consigue únicamente pidiendo apoyo: se construye con promoción, disponibilidad y una estrategia que acompañe la obra más allá de su estreno.

Más de tres millones de visitas a las salas
La República Dominicana contó en 2025 con 25 complejos cinematográficos y 163 pantallas. En ellas se exhibieron 333 películas nacionales y extranjeras, se registraron 3,037,119 visitas y se recaudaron aproximadamente RD$1,046 millones.
En tiempos de plataformas y consumo desde el hogar, que más de tres millones de personas hayan visitado las salas confirma que el cine continúa siendo una experiencia importante para el público dominicano.
El cortometraje encuentra un nuevo impulso
Uno de los datos más llamativos corresponde a los cortometrajes registrados ante la ONDA. La cifra pasó de 132 en 2024 a 261 en 2025, un crecimiento cercano al 98 %.
Algo está ocurriendo entre los nuevos realizadores. Universidades, festivales y muestras reciben cada vez más trabajos de jóvenes que utilizan el cortometraje para adquirir experiencia, probar nuevas narrativas y comenzar a presentar sus historias.
El aumento corresponde a obras registradas y no necesariamente a todos los cortos producidos, pero revela una mayor actividad y conciencia sobre la protección de la autoría.
Los guiones cinematográficos registrados, en cambio, pasaron de 22 en 2024 a 8 en 2025. No podemos concluir que se estén escribiendo menos historias, pero la cifra recuerda que una industria comienza mucho antes del rodaje: comienza con una idea bien desarrollada y protegida.
Una nueva generación se prepara
La transformación del sector también puede observarse en las aulas. En 2022, las carreras de Cinematografía reunían a 1,079 estudiantes: 549 mujeres y 530 hombres.
Ese mismo año egresaron 117 profesionales, entre ellos 74 mujeres y 43 hombres. Las mujeres representaron alrededor del 63 % de los egresados.
Que más de mil jóvenes eligieran estudiar cine habría sido difícil de imaginar años atrás. Ahora el desafío es conseguir que esa formación encuentre oportunidades reales dentro del mercado y que la presencia femenina también se refleje en los equipos y puestos de decisión.
Más que películas
Producir también se volvió más costoso. El Índice de Precios al Productor de las actividades audiovisuales alcanzó 154.01 puntos en 2025, con una variación de 5.62 % en doce meses. El aumento ejerce presión sobre equipos, transporte, alimentación, materiales y posproducción, especialmente en proyectos independientes.
Aun con estos desafíos, las cifras muestran una industria activa, formada mayoritariamente por proyectos nacionales y acompañada por una nueva generación de profesionales.
La Ley 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica ayudó a construir una estructura donde antes predominaban los esfuerzos individuales. Más de una década después, el resultado no se mide únicamente en películas: también se encuentra en los empleos, las empresas creadas y la experiencia acumulada por los equipos dominicanos.
Y hay otro aporte que ninguna tabla puede explicar por completo. El cine conserva nuestra manera de hablar, nuestros espacios y la memoria de una sociedad que cambia. Nos permite contar el país desde aquí y presentar una imagen más amplia de la República Dominicana ante el mundo.
La conversación ya no es si podemos hacer cine. Eso está demostrado. Ahora debemos lograr que nuestras historias circulen mejor, encuentren a su público y continúen generando oportunidades para quienes decidieron hacer de esta industria su profesión.

Infografía sobre Estadísticas de Cine
-
Noticias Locales14 años ago
Peliculas Dominicanas
-
Noticias Locales9 años ago
Y a Dios que me perdone, película completa aquí
-
Noticias Internacionales12 años ago
404
-
Noticias Internacionales13 años ago
Ley de Cine
-
5 años agoLa Vida de los Reyes
-
Noticias Locales8 años ago“HERMANOS” LA NUEVA PELICULA DE ARCHIE LÓPEZ LLEGA A LOS CINES ESTE 15 DE MARZO
-
Noticias Locales10 años ago
Nueva película dominicana, “Verdad o reto”, se estrena en noviembre
-
Noticias Locales14 años ago
La cárcel de la Victoria
