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Películas dominicanas sobre madres: maternidad, trauma y fuerza femenina en pantalla
Por Marc Mejía
Hablar de madres en el cine dominicano termina siendo también una forma de hablar del país.
De barrios donde muchas mujeres crían solas a sus hijos. De familias separadas por la migración. De abuelas que terminan criando nietos. De niñas demasiado jóvenes enfrentando embarazos para los que nadie las preparó. De mujeres que trabajan tanto cuidando a otros que apenas tienen tiempo para cuidar de sí mismas y claro, sobre madres emprendedoras y luchadoras.
Y quizá por eso tantas películas dominicanas han encontrado en la maternidad uno de sus temas más honestos.
Durante mucho tiempo, gran parte del cine internacional —desde Hollywood hasta Europa y América Latina— presentó a las madres como figuras casi intocables: pacientes, sacrificadas y emocionalmente inquebrantables.
Películas como Todo sobre mi madre (1999), de Pedro Almodóvar, ayudaron a cambiar esa mirada. La cinta mostró la maternidad desde el dolor, el perdón y la solidaridad entre mujeres. Luego llegaron historias como Erin Brockovich (2000), donde una madre soltera enfrentaba a una enorme corporación mientras intentaba sostener a sus hijos, o Mother (Ma-deo) (2009), del coreano Bong Joon-ho, que llevó el instinto maternal hacia lugares mucho más oscuros y obsesivos. Claro, todo esto evitando abordar el cine clásico y títulos como Stella Dallas del 1937 donde vemos a una madre de clase trabajadora, imperfecta y extravagante, que decide renunciar por completo a su hija y desaparecer de su vida para asegurar que la joven tenga el futuro digno y de alta sociedad que ella nunca le pudo dar.
El cine dominicano, aunque todavía joven como industria, también comenzó a alejarse de la madre perfecta.
Ahora vemos mujeres cansadas, contradictorias, impulsivas, heridas o emocionalmente agotadas. Madres que aman profundamente a sus hijos, pero que también cargan culpa, rabia, miedo o frustración.
Y eso probablemente hace que muchas de estas historias conecten tanto aquí.
Porque varias de estas películas no se sienten lejanas. Se parecen demasiado a cosas que todavía pasan todos los días.
A continuación, recordaré varias películas que han abordado la maternidad desde distintos ángulos: la pobreza, el abandono, la violencia, la culpa, la adolescencia, la migración y hasta la necesidad de encontrar afecto en medio del caos.
- Madres enfrentadas a la pobreza y la supervivencia

La lucha de Ana (2012)
La lucha de Ana (2012) Director: Bladimir Abud
Pocas películas dominicanas retratan el dolor de una madre con tanta intensidad como La lucha de Ana. La historia sigue a Ana, una humilde vendedora de flores de Santo Domingo que cría sola a su hijo adolescente. Su vida cambia para siempre cuando el joven muere accidentalmente a manos del hijo de un poderoso político.
Lo interesante de la película es que Ana nunca parece una heroína tradicional. Se siente como una mujer común empujada al límite.
No tiene dinero, influencia ni poder político. Solo tiene dolor. Y la necesidad desesperada de no dejar que la muerte de su hijo termine olvidada.
La película golpea porque muestra una realidad dolorosamente cercana: madres dominicanas obligadas a enfrentarse a estructuras corruptas mientras sobreviven económicamente día tras día.
Más que una historia sobre justicia, la película termina siendo el retrato de una madre que simplemente se niega a rendirse.

Nana (2015)
Nana (2015) Directora: Tatiana Fernández Geara
Uno de los documentales más sensibles y dolorosos del cine dominicano reciente.
Nana sigue las vidas de varias mujeres que abandonan el campo y a sus propios hijos para trabajar en Santo Domingo cuidando niños de familias adineradas. La contradicción emocional es devastadora: madres pobres que deben entregar cariño, tiempo y protección a hijos ajenos mientras los suyos crecen a la distancia.
Tatiana Fernández Geara evita exagerar el drama. Y precisamente por eso la película duele más.
Porque muchas de esas historias todavía forman parte de la realidad dominicana.
No hay grandes discursos ni dramatizaciones exageradas. Solo cansancio, nostalgia y una tristeza cotidiana que atraviesa toda la película.
Lo más duro es que la película no necesita exagerar nada. Muchas de esas historias siguen pasando todos los días.

Sugar Island (2025)
Sugar Island (2025) Directora: Johanné Gómez Terrero
Ambientada en un batey azucarero, Sugar Island cuenta la historia de Makenya, una adolescente afrodescendiente que enfrenta un embarazo no deseado mientras lidia con la precariedad, la explotación laboral y las herencias espirituales de su comunidad.
La película mezcla realismo social con elementos místicos y culturales afrocaribeños, creando una experiencia profundamente sensorial.
Aquí la maternidad no aparece como un sueño romántico, sino como una consecuencia de la desigualdad estructural.
La protagonista todavía es una niña intentando sobrevivir en un entorno donde el futuro parece escrito por la pobreza y el abandono histórico.

Ramona (2023)
Ramona (2023) Directora: Victoria Linares Villegas
Hay escenas en Ramona que resultan imposibles de olvidar.
La película sigue a una actriz que investiga la vida de adolescentes embarazadas para interpretar a una joven madre de quince años. A través de testimonios reales, el filme retrata niñas que todavía juegan, ríen y sueñan como adolescentes, mientras cargan con responsabilidades adultas demasiado pronto.
Victoria Linares Villegas retrata algo incómodo pero real: adolescentes que todavía están tratando de entenderse a sí mismas mientras ya tienen que criar a otro ser humano.
Y ahí está probablemente lo más incómodo de Ramona: muchas de las historias que aparecen en la película todavía forman parte de la realidad dominicana.
- Madres ausentes, heridas y relaciones rotas

Rafaela (2021)
Rafaela (2021) Director: Tito Rodríguez
Cruda, violenta y emocionalmente desgarradora.
Rafaela narra la vida de una joven líder de pandilla en un barrio marginado de Santo Domingo. Detrás de la violencia callejera y la agresividad de la protagonista existe una herida mucho más profunda: la ausencia de una madre protectora.
Rafaela da la impresión de haber crecido sola. Y esa sensación explica muchas de las decisiones violentas que toma durante la película.
Rafaela no solo busca sobrevivir; también busca amor, reconocimiento y pertenencia en un mundo donde nadie parece haberla protegido jamás.
Uno termina entendiendo que muchas de las decisiones de Rafaela vienen de haber crecido sintiéndose sola.

La hija natural (2011)
La hija natural (2011) Directora: Leticia Tonos
La directora Leticia Tonos construye una historia íntima y silenciosa sobre el duelo.
Tras la muerte de su madre en un accidente, María queda completamente sola y decide emprender un viaje para encontrar al padre que nunca conoció.
Aunque la figura materna desaparece físicamente desde el inicio de la película, su ausencia domina emocionalmente toda la historia.
La protagonista intenta reconstruirse mientras descubre que perder a una madre también significa perder parte de la propia identidad.
Más que buscar a su padre, da la impresión de que María está intentando entender quién es después de perder a su madre.

Dossier de ausencias (2024)
Dossier de ausencias (2024) Director: Rolando Díaz
Basada en hechos reales, Dossier de ausencias probablemente sea una de las películas más incómodas de toda esta lista.
La historia sigue el caso de Moraima Laseter Guzmán, una niña dominicana entregada en adopción a una familia extranjera y luego abandonada nuevamente en República Dominicana cuando apenas tenía 11 años.
Lo más duro de la película no es solo el abandono. Es la sensación de que Moraima nunca terminó de pertenecer a ningún lugar.
No hablaba español, sus padres biológicos vivían en pobreza extrema y terminó sobreviviendo prácticamente sola en una zona rural de Jarabacoa.
La película también muestra algo poco discutido en el país: las consecuencias humanas de los vacíos legales y las adopciones irregulares.
Y quizá eso es lo que hace que el documental golpee tanto.
No parece una historia lejana ni excepcional. Parece uno de esos casos que pudieron pasar desapercibidos durante años.
El impacto del caso real fue tan grande que terminó influyendo en reformas legales relacionadas con la protección de niños, niñas y adolescentes en República Dominicana.

Reinbou (2017)
Reinbou (2017) Director: David Maler
Con una estética poética y melancólica, Reinbou aborda el abandono y la fragilidad emocional de la infancia.
La historia sigue a un niño que vive rodeado de pérdidas, silencios y carencias afectivas.
La película muestra cómo la ausencia materna deja marcas invisibles que acompañan toda la vida.
Más que hablar directamente de madres, habla de los vacíos emocionales que dejan.
- Maternidad, conflicto generacional y heridas familiares

Madre: A dos centímetros de ti (2025)
Madre: A dos centímetros de ti (2025) Directora: Desirée Díaz Silva
Una de las representaciones más intensas sobre maternidad intergeneracional en el cine dominicano reciente.
Helena regresa a Barahona después de diez años para intentar recuperar a su hija, quien ha sido criada por la abuela durante todo ese tiempo.
El reencuentro desata resentimientos acumulados, heridas abiertas y silencios familiares que nunca sanaron.
Desirée Díaz Silva construye un conflicto que probablemente muchas familias dominicanas entiendan demasiado bien: madres e hijas que se quieren, pero que llevan años acumulando silencios y resentimientos.
La película entiende algo profundamente humano: a veces las familias se aman, pero aun así se destruyen.

La nieta de mi abuela (2026)
La nieta de mi abuela (2026) Directora: Tatiana Fernández Geara
Este documental íntimo analiza el legado emocional entre generaciones de mujeres.
A través de recuerdos familiares y conversaciones honestas, Tatiana Fernández Geara explora cómo los silencios, las heridas y las formas de amar pasan de madres a hijas y luego a nietas.
La película se siente muy personal, casi como una conversación familiar que alguien decidió grabar.
No necesita grandes conflictos externos porque toda la tensión vive dentro de la memoria familiar.
Habla de la soledad femenina, de la herencia emocional y del peso invisible que muchas mujeres cargan durante toda la vida.

Miriam miente (2018)
Miriam miente (2018) Directores: Natalia Cabral y Oriol Estrada
Miriam miente retrata una forma distinta de maternidad: la maternidad controladora, obsesionada con las apariencias y atrapada en los prejuicios sociales.
Mientras organiza obsesivamente la fiesta de quince años de su hija, la madre de Miriam intenta mantener intacta una imagen de perfección burguesa.
Cuando descubre que el supuesto novio de su hija es negro, emergen el racismo silencioso y las tensiones de clase.
Lo interesante es que la madre de Miriam cree que está protegiendo a su hija, aunque muchas veces termine haciéndole daño.

Melodrama (2026)
Melodrama (2026) Director: Andrés Farías
Esta película rompe uno de los grandes tabúes culturales latinoamericanos: la idea de que una madre deja de tener deseos, emociones o vida propia después de criar hijos.
Sonia atraviesa un duelo emocional mientras intenta reconstruir su vida sentimental. Sin embargo, su hija adulta y amigos reaccionan con rechazo y juicio constante.
La película toca un tema del que casi no se habla: muchas veces los hijos adultos también terminan juzgando la vida emocional de sus madres.
Es una historia sobre libertad emocional, envejecimiento y dignidad femenina.
- Madres en contextos extremos

Carpinteros (2017)
Carpinteros (2017) Director: José María Cabral
Aunque es conocida principalmente como una historia de amor carcelaria, Carpinteros también retrata una realidad poco mostrada en el cine: mujeres embarazadas y madres dentro del sistema penitenciario.
Las internas deben criar temporalmente a sus bebés en condiciones violentas y emocionalmente devastadoras.
La película muestra cómo incluso dentro de la cárcel las mujeres continúan cargando el peso emocional de la maternidad.
El amor maternal sobrevive incluso en los espacios más hostiles.

Bantú Mama (2021)
Bantú Mama (2021) Director: Iván Herrera
Una mujer extranjera perseguida por la policía encuentra refugio en Capotillo junto a varios niños huérfanos.
Poco a poco, sin planearlo, se convierte en su figura protectora.
Lo más interesante de Bantú Mama es que la película nunca intenta definir qué significa exactamente ser madre.
Simplemente muestra cómo el cuidado, el afecto y la protección también pueden construir una familia.
Al final, la película termina preguntándose qué significa realmente cuidar a alguien.

La cigüeña (2024)
La cigüeña (2024) Director: Alejandro Andújar
Esta película aborda uno de los debates más complejos y polémicos de los últimos años: la gestación subrogada.
A través de mujeres vulnerables económicamente que alquilan sus vientres para familias adineradas, el filme explora las tensiones entre necesidad económica, apego emocional y maternidad biológica.
La película plantea preguntas incómodas:
¿Puede una madre separarse emocionalmente de un hijo después de llevarlo nueve meses en su cuerpo?
¿Dónde termina el contrato y dónde comienza el vínculo humano?

Niñas Escarlata (2026)
Niñas Escarlata (2026) Directora: Paula Cury
Probablemente una de las propuestas más duras y políticas sobre maternidad en el cine dominicano.
El documental analiza las consecuencias físicas y emocionales de la maternidad forzada en un país donde el aborto sigue completamente penalizado.
A través de testimonios reales, mujeres relatan embarazos inviables, riesgos médicos extremos y traumas psicológicos.
Más allá del debate político, la película deja claro el impacto físico y emocional que estas decisiones tienen sobre muchas mujeres.
- Madres, neurodivergencia y sacrificio emocional

Lo que siento por ti (2018)
Lo que siento por ti (2018) Director: Raúl Camilo
Basada en hechos reales, esta película contiene una de las representaciones más sensibles sobre maternidad y neurodivergencia en el cine dominicano.
Ana es una madre soltera que cría sola a sus hijos con autismo después de ser abandonada por su esposo.
La película funciona porque no convierte a Ana en una figura perfecta.
La vemos cansada, frustrada y sobrepasada muchas veces. Y eso hace que todo se sienta mucho más real.
Pero también retrata algo profundamente hermoso: la resistencia emocional de una madre que se niega a rendirse.
Muchas madres probablemente van a sentirse identificadas con el cansancio y la frustración que muestra la película.

Milly (2026)
Milly (2026) Directora: Leticia Tonos
La película biográfica sobre Milly Quezada explora no solo el ascenso de una estrella del merengue, sino también el peso emocional de ser madre mientras se vive constantemente de gira.
Entre escenarios, viajes y sacrificios, la película retrata la culpa materna y las complejas dinámicas familiares detrás del éxito artístico.
Muchas mujeres dominicanas se verán reflejadas en esa necesidad dolorosa de elegir entre el sustento económico y la presencia emocional.
Conclusión
El cine dominicano, una industria relativamente joven pero cada vez más madura y arriesgada, está transformando profundamente la manera en que entendemos la maternidad.
Ya no se limita a mostrar madres perfectas o eternamente sacrificadas. Ahora aparecen mujeres más reales: agotadas, confundidas, fuertes en algunos momentos y completamente rotas en otros.
Estas películas hablan de pobreza, violencia, racismo, abandono, migración, trauma y supervivencia. Pero también hablan de amor.
Un amor imperfecto, cansado y profundamente humano.
Y quizá ahí está lo más interesante de todas estas películas: hablan de maternidad, sí, pero también de cómo vivimos, sobrevivimos y nos relacionamos en República Dominicana.
Porque en cada madre retratada en pantalla existe también una parte de la historia social del país.
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¿Cuáles películas ver en el VI Festival Hecho en RD 2026?
Lo más prometedor: ¿Qué más puedes hacerme?, La corta vida de las flores, los documentales Milvio y Aquella primavera, Bajo el mismo sol y Melodrama. El evento inicia el próximo 28 de mayo en el Downtown Center.
SANTO DOMINGO. – Se acerca el momento de apertura del VI Festival Fine Arts Hecho en RD y, como para el público será imposible ver las 38 producciones de la cartelera (16 largometrajes y 22 cortos), es una tarea fundamental del crítico orientar en torno a las propuestas que presentan las mayores credenciales de calidad cinematográfica.
Esta selección evidencia que el festival ha dejado de ser únicamente una plataforma de exhibición para consolidarse como el termómetro definitivo de las corrientes estéticas del país, donde el riesgo formal, el valor del documento histórico y la madurez interpretativa son los verdaderos protagonistas de la pantalla.
Entre los 16 largometrajes programados, destacan varios títulos por su altísima proyección de calidad y su evidente búsqueda de un lenguaje autoral riguroso, distanciado de las fórmulas estrictamente comerciales. Con producciones que desafían la mirada convencional, esta edición se erige como el testimonio de que nuestro cine ha dejado de ser una promesa para convertirse en una contundente realidad.
La inauguración oficial será el jueves 28 de mayo con el filme ¿Qué más puedes hacerme?, y la clausura, el miércoles 3 de junio, estará a cargo de La corta vida de las flores, un drama de Pablo Lozano.
El festival es montado por Caribbean Cinemas, con el auspicio principal de la empresa de telecomunicaciones Altice, que lo ha apoyado desde su nacimiento en 2021, bajo la dirección general de Zumaya Cordero por Caribbean Cinemas y el patrocinio principal de Altice.
La sexta edición del festival evidencia la consolidación del drama social e intimista, una mayor presencia del documental de memoria histórica, el crecimiento de las directoras y las narrativas femeninas, una reducción de la comedia comercial tradicional y un incremento notable del cine de búsqueda estética.
Lo imperdible
Para orientar en la clasificación de “imperdible”, nos guiamos por la calidad autoral de los directores, el balance crítico de su filmografía, la consistencia de sus talentos interpretativos y la cualificación de sus guionistas; elementos que arrojan indicios claros de lo que es digno de nuestro tiempo en la sala oscura.
¿Qué más puedes hacerme?
Ficción. El director Félix Germán echa mano de Yasser Michelén, Marta González y Dalisa Alegría para narrar la vida de Eugenio, un poeta marcado por profundas pérdidas personales y el abandono. Tras sufrir un accidente que altera drásticamente su realidad y lo lleva a habitar los márgenes sociales como un vagabundo, encuentra una vía de redención a través del amor y la compasión.
Félix Germán pertenece a la generación de realizadores y hombres de teatro que han elevado el nivel interpretativo del cine dominicano. Germán revalida aquí su inclinación por dramas de fuerte calado psicológico y densidad lírica, donde el uso de la figura del poeta funciona como vehículo para explorar la vulnerabilidad humana. Su dirección apunta a un cuidado estético riguroso y a un manejo de actores de corte intimista, un sello persistente en la filmografía del realizador.
La corta vida de las flores
Ficción. Pablo Lozano —quien nos entregó el documental De Sicilia a Santo Domingo—, proveniente del área de producción de notables películas de autor como Candela y Pepe, ofrece su primer proyecto cinematográfico de ficción. Para ello, apela a un elenco estelar: Héctor Aníbal, Judith Rodríguez, Lidia Ariza, Yasser Michelén e Isabel Spencer, construyendo un drama de corte romántico y existencial que entrelaza la fragilidad de las relaciones afectivas con metáforas sobre la fugacidad del tiempo.
Lozano propone una puesta en escena de atmósfera sugerente. La conjunción de Judith Rodríguez y Héctor Aníbalasegura una intensidad dramática donde el subtexto y los silencios pesan tanto como el diálogo, consolidando un cine que confía plenamente en la madurez interpretativa y en la poética visual.
Milvio
Este documental, dirigido por Milbert Pérez, se enfoca en la vida y obra de Milvio Pérez, uno de los principales fotógrafos de la Revolución Constitucionalista de 1965, constituyéndose en una pieza fílmica de alto valor artístico e histórico. El trabajo permite al espectador adentrarse en la labor de un testigo excepcional, gracias a quien se registró la memoria gráfica de la gesta patriótica.
El personaje y el tema escogidos por el director están fuera de cuestionamiento por su peso histórico indudable, logrando transmitir con fuerza estética una verdadera clase de historia de la República Dominicana, documentalmente sostenida.
Aquella primavera
Documental (Mayra Poueriet). Es una búsqueda por reconstruir lo que se desvanece: los recuerdos personales de una combatiente y la memoria colectiva de un país que, por décadas, minimizó la participación de la mujer en su historia armada y política. Por medio de testimonios íntimos, el filme rescata una verdad relegada y abre un diálogo intergeneracional sumamente necesario sobre el olvido, la resistencia de género y la urgencia de recordar. Esta es la única de las producciones que hemos visto.
Bajo el mismo sol
Este largometraje de ficción, dirigido por Ulises Porra, es un drama de carácter histórico y social que explora las tensiones fronterizas y la identidad cultural en la isla, estructurado bajo una mirada analítica que desafía los discursos convencionales.
La trama nos sitúa en 1819, donde un joven heredero español, una tejedora china y un desertor haitiano luchan por encontrar su lugar y su humanidad en el tenso cruce de culturas del Caribe colonial, mientras se embarcan en la ambiciosa empresa de establecer una fábrica de seda en pleno corazón de La Española.
El cine de Ulises Porra destaca por su precisión técnica y su compromiso ético ante realidades complejas. Al ser una coproducción entre República Dominicana y España, se percibe una ambición estilística internacional que prioriza la hondura del conflicto humano por encima de los maniqueísmos.
Melodrama
Dirigida por Andrés Farías, nos presenta a Sonia, una viuda dominicana que se ve obligada a vender la casa de toda su vida para mudarse a un pequeño apartamento frente al mar Caribe. La transición la abruma, pero todo cambia cuando conoce a Aimé, un obrero haitiano que trabaja en el edificio vecino en construcción.
Sonia y Aimé entablan una fuerte conexión y comienzan una relación amorosa a la cual su entorno se opondrá. Se trata de una propuesta que subvierte los códigos tradicionales del género dramático caribeño para sumergirse en una estética estilizada, nocturna y marcadamente urbana, donde los personajes deambulan entre el desencanto y el deseo.
Andrés Farías, director de Candela (2020), uno de los títulos fundamentales de la filmografía dominicana, reconocido por su estilo visual audaz, utiliza el concepto del melodrama de forma irónica y deconstructiva, apoyado en una cuidada dirección de arte y un uso expresivo de la iluminación cromática que sitúa al filme en los terrenos del cine de autor más vanguardista de la región.
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El set del Caribe: por qué las grandes producciones eligen República Dominicana
Por Marc Mejía
En la industria del cine, las oportunidades no desaparecen.
Simplemente cambian de país.
Mientras algunos territorios dudan, ajustan o limitan sus incentivos, otros avanzan. Y en ese juego, República Dominicana ha aprendido a moverse mejor que muchos.
El caso más reciente lo deja claro.
La esperada producción liderada por Residente y protagonizada por Bad Bunny, inspirada en una historia profundamente puertorriqueña, no se filmará en Puerto Rico.
Se filmará en República Dominicana.
No por casualidad.
Por condiciones.
Porque en esta industria, el talento puede ser de un país… pero la inversión va donde le conviene.
Y ahí es donde entra la diferencia.
Mientras Puerto Rico enfrenta límites en sus incentivos y estructuras que frenan megaproyectos, República Dominicana, con la Ley de Cine 108-10 y especialmente el Artículo 39, ha construido un sistema diseñado exactamente para lo contrario: atraer, facilitar y competir.
No es un caso aislado.
Es un patrón.
Y lo interesante es que esta historia no empezó ahora.
Mucho antes de que existiera una ley, el país ya estaba haciendo algo que hoy define su estrategia: aprovechar lo que otros no podían.
En los años 70, cuando Cuba quedó fuera del mapa para Hollywood, Santo Domingo se convirtió en su doble inesperado. El Padrino Parte II utilizó la Zona Colonial para recrear una Habana inaccesible en ese momento.
No era el plan original.
Pero funcionó.
Y dejó una lección clara:
cuando un país pierde una oportunidad, otro la toma.
Décadas después, la diferencia es que República Dominicana dejó de improvisar… y empezó a competir en serio.
Con la implementación de la Ley de Cine 108-10, el país transformó esa intuición en estrategia. Y con el Artículo 39, creó uno de los incentivos más atractivos de la región para producciones internacionales.
Los números no solo lo respaldan. Lo confirman.
Desde la implementación de la ley hasta abril de 2026, el país ha acogido más de 420 producciones internacionales. Solo en marzo, según el portal de la DGCINE, los proyectos en rodaje y preproducción superaron los RD$7,346 millones.
Un solo mes.
No es un pico. Es una dinámica constante.
En 2022, hubo 65 producciones extranjeras.
En 2023, 44 proyectos generándo millones de divisas entrante al país.
En 2024, otras 33 producciones continuaron ese ritmo.
Esto ya no va solo de cine.
Va de empleo, turismo, divisas y economía real.
Va de hoteles llenos, equipos técnicos trabajando, transporte en movimiento y comunidades enteras beneficiándose de cada rodaje.
Por eso hoy, gigantes como Netflix, Disney, Paramount, MGM y NBC Universal no llegan por curiosidad. Llegan porque el país funciona.
Películas como The Lost City, Shotgun Wedding o Arthur the King han utilizado en los últimos años locaciones dominicanas para contar historias globales. Series como Narco-Saints o Machos Alfa han hecho lo mismo en plataformas de streaming.
Y luego están los realities, que son una máquina constante:
Survivor, en múltiples versiones internacionales,
Exatlón, con presencia casi permanente,
La Isla de las Tentaciones, Too Hot to Handle, El Conquistador…
No llegan una vez.
Regresan.
Invierten.
Se quedan.
Pero esto no ocurre en un vacío.
El mundo entero está compitiendo por lo mismo.
Chile y Costa Rica ya avanzan en acuerdos de coproducción para compartir incentivos.
Brasil anunció un presupuesto récord de 280 millones de dólares para su industria audiovisual.
Perú acaba de lanzar su nueva Ley de Cine con incentivos fiscales y promoción internacional activa.
Colombia ha visto crecer su inversión en cine en un 1700% en solo dos años.
Uruguay fortalece herramientas para atraer rodajes extranjeros.
España se mantiene como uno de los destinos más competitivos de Europa con incentivos regionales agresivos.
Esto es una competencia global.
Y cada decisión cuenta.
Por eso, el proyecto de Residente y Bad Bunny importa tanto.
No solo por quiénes están involucrados, sino por lo que representa:
visibilidad global,
impacto mediático,
marca país.
Porque cuando una producción de ese nivel elige dónde filmar, no solo mueve dinero.
Mueve atención.
Mueve narrativa.
Mueve percepción internacional.
Y esta vez, esa historia se está contando desde República Dominicana.
Mientras tanto, otros países miran cómo esa oportunidad —una más— se fue.
Porque en esta industria, si no estás listo… alguien más lo está.
Al final, no se trata solo de cine.
Se trata de entender el momento, crear las condiciones correctas y competir sin miedo.
República Dominicana lo entendió.
Y lo está capitalizando.
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La nieta de mi abuela (Crítica de cine)
Se encuentra en cartelera al menos por una o dos semanas más. Todo amante del buen cine dominicano, debe ver esta obra
SANTO DOMINGO.- En oportunidades, la cartelera comercial ofrece joyas de cine que podrían pasar inadvertidas porque no cuentan con una campaña de publicidad y a las cuales asisten quienes tienen alguna información o motivación que conlleva la búsqueda de experiencias cinematográficas que trascienden, que salen del esquema del cine de parámetros industriales profusamente promovidos.
El documental La nieta de mi abuela (Tatiana Fernández Geara, 2025), que se encuentra en la Sala 5 del complejo cinematográfico Downtown y en Cine CC de San Francisco de Macorís, es uno de esos casos. Es una de las pocas producciones dominicanas que tienen una adecuada página web.
Realizado por su directora bajo dos criterios: coherencia con su trayectoria y una honestidad desgarradora que muestra sus interiores vitales, narra una experiencia vital propia, arraigada en recuerdos y exponiendo las características de personalidad de una mujer provinciana que rompió moldes sociales.
Se trata de una recuperación de archivos personales que gira en torno a los principios de autenticidad femenina, perfumada con el frescor de una poesía epistolar, hermosa, simple y llana, que penetra profundamente.
El trabajo se centra en la figura de la directora, lo cual no invalida la historia, además de que recupera para el corpus memorial del país el inolvidable Cine Carmelita (del cual la abuela fue propietaria) y que representó para generaciones de francomacorisanos cantidad de emociones y recuerdos. Tatiana Fernández G. logra sacar lo mejor del registro documental de sus vidas. Describe vida y valores de Teresa Pichardo, abuela de la directora y propietaria del histórico Cine Carmelita, de San Francisco de Macorís.
La obra sigue la línea iniciada en 2015, cuando nos presentó Nana, documental sobre las cuidadoras de niños de clase media alta, sus vidas y aspiraciones. Es un nicho temático que ha generado incluso obras similares de parte de otros documentalistas, sin el ánimo de crear una escuela documental, y que reafirmó su propósito en 2021 con Vals de Santo Domingo, cuando siguió la trayectoria de cuatro jóvenes de sectores muy pobres, estudiantes de ballet clásico.
La narración de esta cineasta es tan singular, de trato tan accesible y de relación tan llana para vincularse con su entorno, es vigorosa y sustentada en documentación familiar: fotos, cartas, poemas, objetos, postales, pensamientos.
Antes de morir a los 88 años, Teresa Pichardo, la abuela de la directora, le dejó una advertencia que sonaba también a confesión y lamento: «No te quedes sola como yo». Al llegar a los 40 años, soltera y sin haberse casado nunca, Fernández Geara utiliza esta frase como catalizador para investigar qué significa realmente «quedarse sola». El trabajo desgaja el represivo concepto social que condiciona el valor de una mujer adulta a su aceptación del ritual preconcebido para ella: casarse, tener hijos, ser madre, cuidadora y protectora.
No teme Tatiana presentar la rebeldía intrínseca de su abuela, una mujer imponente que desafió las normas sociales, que tuvo esposos, novios y una vida afectiva intensa (evidenciada en cientos de cartas de amor que conservó), pero que fue al final un ser en soledad. Echa de manos de un archivo íntimo que no mira con lástima a su abuela, sino que la expone como referente en la medida en que abre los archivos personales y las gavetas de antaño.
Como cine de autor(a) autobiográfico, en La nieta de mi abuela la autora se expone a sí misma, a sus circunstancias y a los intentos de relación truncados por las diferencias que normaron a su abuela en el pasado.
Técnicamente, hay que aplaudir que la directora ha sabido construir un equipo de trabajo que expresa su mejor desempeño: desde la coescritura del guion hasta las direcciones de fotografía, sonido, edición y el diseño de la música, además de una certera selección de imágenes de películas que tienen enorme coincidencia con la nostalgia del cine provincial.
La nieta de mi abuela no es un ejercicio autorreferencial para situarse como centro de la atención. Con este trabajo, la directora evidencia que no hay historias personales carentes de interés para la gran pantalla. Todo depende del criterio, del concepto, de la coherencia autoral y la autenticidad de propósitos.
Es el tipo de película que, si no se ve ahora en el cine, luego nos estaremos lamentando porque no nos llamó la atención en el momento en el cual era posible verla. No es cine de espectacularidad. El cine de verdad bondadoso y aleccionadora.
No se pierdan este título.
Ficha técnica:
- Título: La nieta de mi abuela
- Dirección: Tatiana Fernández Geara
- Producción: Tatiana Fernández Geara y Wendy Espinal
- Guion: Tatiana Fernández Geara, Gina Giudicelli y Natalia Peralta Rincón
- Asesoría de guion: Dami Sainz Edwards
- Fotografía: Jaime Guerra y Tatiana Fernández
- Fotografía adicional: Jaime Guerra
- Dirección de arte: Oliver Rivas
- Edición: Gina Giudicelli
- Música: Laura Pimentel
- Sonido: Susan Romero y Victoria Mercedes
- Diseño de sonido: Susan Romero y Victoria Mercedes
- Supervisor de sonido: Homer Mora
- Postproducción de sonido: Pulpo Post
- Consultor de color: José Eduardo Durán (Chuba-K!)
- Colorista: Ana Duarte
- Diseño gráfico: Máximo del Castillo
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