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A propósito de Los rechazados 2: este es el proceso de la comedia dominicana
La comedia es músculo de la taquilla del cine y ese que garantiza impacto, presencia de público, ventas en boletería y risas, de las que quedan marcadas en la experiencia del cinéfilo. La comedia dominicana inició balbuceando caminos básicos.
SANTO DOMINGO. El de la comedia dominicana es un trayecto largo y diferenciado. Es una ruta trabajada y tortuosa que ha dado tumbos, logrado éxitos y giros notables, desde el cine de humor básico y local hasta sus nuevas perspectivas. Y, en el caso de la dominicana, la comedia ha cursado un trayecto que merece disección y cuidado.
Es un proceso de años que, además de los perfiles singulares que aportaron Ángel Muñiz y José Enrique Pintor (Pinky), básicamente parte del chiste local y aprende a emplear los recursos y el lenguaje universal del cine con sus figuras precursoras. Aun cuando falta trayecto para ser una marca del cine de humor iberoamericano, el proceso tiene pasos firmes, aun cuando también tiene fallos y sitios viciados conocidos.
El estreno que da pie a la cuenta
El próximo jueves 13 de agosto se estrena en cines la comedia de Yasser Michelén (Bougroup) Los rechazados 2: Operación espacial. Es una obra que, tal cual indica el crítico Rubén Peralta Rigaut en el Listín Diario, condensa el proceso de la trayectoria del quehacer de humor.

El crítico sostiene que la comedia que vuelve a dirigir Michelén es más amplia en su escala, reafirma la confianza en el director —todo un descubrimiento como tal— y ya tiene garantizada su entrada en 2027 en las plataformas internacionales de streaming.
El proyecto cuenta con un elenco actoral profesional y popular: Pepe Sierra, David Maler, Frank Perozo, Vicente Santos (profesionales) y la participación de El Napo, Haraka Kiko, Chimbala, Crismel White, Luinis Olaverría, con la participación especial de Omega El Fuerte, Martha Garcés Lorenzo (Martha Candela), Alexandra Hatcu, Bullin 47, Ariel Santana, Pedro Casals y Ramón Tolentino.
La sinopsis cuenta que en un futuro cercano, la humanidad enfrenta una crisis climática que amenaza con destruir la civilización. Cuando una poderosa inteligencia artificial concluye que la mejor forma de salvar el planeta es eliminar a los seres humanos, un grupo de improvisados héroes deberá viajar al espacio para impedirlo. Sin experiencia, sin entrenamiento y con más entusiasmo que preparación, Los Rechazados tendrán que demostrar que, a veces, los menos indicados son la última esperanza del mundo.
Ficha del estreno
- Dirección: Yasser Michelén
- Producción: Bou Group
- Estreno: jueves 13 de agosto, en cines
- Elenco: Pepe Sierra, David Maler, Frank Perozo y Vicente Santos, con El Napo, Haraka Kiko, Chimbala, Crismel White y Luinis Olaverría
- Participaciones especiales: Omega El Fuerte, Martha Candela, Alexandra Hatcu, Bullin 47, Ariel Santana, Pedro Casals y Ramón Tolentino
- Plataformas: entrada prevista en el streaming internacional en 2027
En 2025, Bougroup y José Ramón Alamá introdujeron Los rechazados: Operación Submarino (Yasser Michelén) y con guion de José Ramón Alamá y las actuaciones de Salvador Pérez Martínez, Fausto Mata, Manolo Ozuna, Frank Perozo, Hony Estrella, Vitaly Sánchez, El Nephew, Vicente Santos, Pepe Sierra, Ariel Santana, Pedro Casals, Santiago Matías, El Napo, Haraka Kiko, Gabi Desangles, Shailyn Sosa, Luinis Olaverría y Manolay. Era una comedia que trazaba nuevos parámetros.
El resultado fue la película dominicana con mayor impacto en taquilla, una buena recepción crítica y su inclusión en las parrillas de streaming de Star+.
Los rechazados representa una paradoja interesante. La película utiliza personajes, expresiones y comportamientos reconocibles para el público dominicano, pero los coloca dentro de una estructura de parodia de cine de acción, espionaje y geopolítica, con un nivel considerable del quehacer del cine. Es decir, el código cinematográfico es internacional y el ADN humorístico es dominicano.
Esa combinación resulta mucho más exportable. La crítica la describió como una comedia paródica de temática geopolítica internacional y destacó su ritmo y sus recursos técnicos. Y esa es precisamente la dirección, a juicio de críticos entendidos, que necesita tomar la comedia nacional.
El código cinematográfico es internacional y el ADN humorístico es dominicano.
Para noviembre se anuncia otra comedia, el blockbuster de Caribbean Cinemas Films dirigido por Frank Perozo, La Esquina ’tá en Candela, la gran apuesta de final de año y tiempo navideño de Caribbean Films.
El tráiler deja sentir que se transitan los modos fílmicos populares que han entregado éxitos ya de taquilla sobre los enredos en un barrio, donde un chisme nunca se cuenta igual y desata un gran caos hasta saber la verdad. Elenco principal: Raymond Pozo, Miguel Céspedes, Fausto Mata y Aquiles Correa, con el aditivo del debut en cine de Martha Candela.
El de la comedia nacional es un trayecto largo con tres períodos, cada cual con características específicas:
El género en cifras
- 3períodos en treinta años
- 56,5 %de los estrenos fue comedia entre 1995 y 2012
- 36 %lo fue entre 2012 y 2025
- 46películas estrenadas en el primer período
1995 a 2012 – Primer período
El arranque: Muñiz y Pintor

1995. Nueva Yol: Por fin llegó Balbuena (Ángel Muñiz), que inicia el cine comercial masivo con atención a una estructura profesional afinada, su secuela Nueva Yol 3: Bajo la marea, Perico ripiao, y Sanky Panky (José Enrique Pintor), que se ocupa de dar un segundo impulso artístico y comercial de personalidad propia.
La calidad técnica: pasó de ser un cine artesanal y dependiente de préstamos privados (Nueva Yol) a convertirse en una maquinaria industrial pulida (Lotoman), con altos estándares en dirección de fotografía, diseño de sonido y edición digital profesional.
En la primera etapa (excluyendo a Ángel Muñiz y a José Enrique Pintor, que son más densos en sus esquemas de dirección), la comedia funcionó fundamentalmente como una extensión del humor televisivo. El chiste, el personaje reconocible, el doble sentido, la caricatura social y las figuras populares constituían el principal combustible narrativo. La película era, con frecuencia, el vehículo para llevar a la pantalla grande una fórmula de humor que el público ya conocía.

Perico ripiao (Ángel Muñiz, 2003): Humor localista, con una onda creativa que estableció precedentes, fundamentado en el argot rural y el ingenio popular dominicano. Aclamada por la crítica local como una de las mejores comedias dominicanas, marcó una elevación en la calidad técnica, en la banda sonora y en la cohesión de guion. Ese modelo fue importante para crear público y sostener económicamente una industria naciente, pero también produjo una limitación: muchas comedias dominicanas parecían pensadas primero como espectáculos humorísticos y después como películas.
Pinky Pintor: el trabajo actoral entra en cuadro

Pinky Pintor representa una de las vertientes más inquietas de aquella generación. Su trayectoria no se limita a la comedia comercial. Su aproximación permite observar una preocupación mayor por el contenido social y por la incorporación de actores de formación teatral.
Un ejemplo significativo es No hay más remedio, presentada como una comedia social, cuyo reparto incluía figuras de amplia trayectoria escénica como María Cristina Camilo, Salvador Pérez Martínez, Ángel Haché e Iván García, junto a actores de otras procedencias. Con Pintor aparece una de las claves del proceso: la comedia empieza a reivindicar el trabajo actoral como elemento cinematográfico y no solamente como vehículo para producir carcajadas.
Negocios son negocios, estrenada el 18 de noviembre del 2004 (Joppe de Bernardi), con la producción de Esteban Martín, Federico Braga y Javier Aybar, marcaba el rumbo de la comedia comercial latinoamericana, experiencia que venía de la mano de su director y de Esteban Martín. Contaba con un elenco notable integrado por Irving Alberti, Nuryn Sanlley, Karina Larrauri, Luis José Germán, Cuquín Victoria, Ivonne Beras, Franklin Domínguez y Georgina Duluc, en un festival actoral que todavía hoy puede servir de modelo, sobre todo Cuquín Victoria. Sin que nadie lo proclamara, esa comedia estaba inaugurando carreras del cine dominicano. El público que la vio la disfrutó. Su objetivo era simple: proporcionar alegría al público y vender la boleta. Y lo logra.
Humberto «El Che» Castellanos, con Los locos también piensan, protagonizada por Luisito Martí y estrenada el 26 de enero de 2005, entregó una comedia convencional a iniciativa del propio Martí, procurando extender su presencia fílmica luego de las comedias con Ángel Muñiz, agregando algunos efectos de duplicación de personajes en una misma escena. Tuvo éxito mediano de taquilla, un humor localista y fue una de las pocas películas nacionales que apeló a la caricatura para hacer su cartel oficial, realizado por Cristian Hernández.
Archie López: la comedia se hace industria

Archie López, quien atesoraba una exquisita experiencia fílmica haciendo comerciales para Panamericana, representa, quizás, con mayor claridad la profesionalización de la comedia comercial. La saga Lotoman demuestra su habilidad para organizar grandes repartos, utilizar personajes populares y convertir situaciones dominicanas en estructuras narrativas reconocibles.
Pero lo importante de Lotoman 2.0 no es solamente que sea una película de humor. Su ficha técnica registra dirección de fotografía, edición, sonido, producción y otros departamentos trabajando dentro de una estructura cinematográfica definida. Archie López entendió tempranamente que la comedia podía ser una industria, y no solamente una aventura artesanal.
Roberto Ángel Salcedo: el mercado antes que la crítica
Roberto Ángel Salcedo, con trayectoria profundamente vinculada a la televisión y al entretenimiento popular. Su cine aprovechó ese conocimiento de los mecanismos de comunicación masiva. Entre sus películas como director figuran Profe por accidente, Vamos de robo, Todo incluido, Mi suegra y yo, ¿Pa’ qué me casé?, El plan perfecto, Pobres millonarios y Jugando a bailar.
Muy rechazado por la crítica y adorado por el público popular, Salcedo ha sido víctima del irreconocimiento de su aporte: su aguda visión para comprender al espectador dominicano, sus códigos de humor y sus preferencias. Pero precisamente allí estuvo también su limitación artística: una parte importante de esa producción permaneció vinculada a fórmulas de televisión, personajes reconocibles, conflictos sentimentales, equívocos y situaciones sociales inmediatas.
Salcedo contribuyó enormemente a la consolidación del mercado, aunque no siempre a la ruptura estética con el modelo televisivo; creó un circuito industrial de trabajo en el cine que producía hasta tres proyectos por año, pagaba bien y a tiempo a sus talentos artísticos y técnicos y produjo un modelo redituable de emprendimiento en el cine.
Logró varios récords de taquilla, a pesar de la ojeriza de la crítica especializada, que le imputaba un humor básico, normado por su formación televisiva. Llegó a producir películas enteras en una tienda o un resort de playa a cambio de publicidad y patrocinio. Pero su aporte al desarrollo del cine en su tiempo es indudable.
El Indio Disla: la primera formación de escuela
Francisco «El Indio» Disla aporta otro elemento interesante: la formación cinematográfica. Graduado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en Artes Cinematográficas, Disla comenzó trabajando en videoclips y producción audiovisual antes de pasar al largometraje. Dirigió El hoyo del diablo (2012), Un lío en dólares (2014), Dos policías en apuros (2016) y El fantasma de mi novia (2018). Su evolución permite observar el tránsito de una generación que aprendió haciendo televisión, publicidad y videoclips hacia otra que comenzó a pensar el cine desde la planificación visual, la fotografía, la producción y la narración cinematográfica.
La transformación más importante ocurre cuando la comedia comienza a desprenderse de la idea de que su condición dominicana depende exclusivamente del vocabulario, los barrios, el colmado, el doble sentido, el personaje del «tíguere», el político corrupto, el policía torpe o la caricatura del pobre y del rico. Durante una etapa, esos elementos eran prácticamente obligatorios.
Lotoman 2.0 (Archie López, 2012) representa todavía una comedia de fuerte vocación popular, pero ya incorpora una producción más organizada, fotografía cinematográfica, edición profesional, dirección de arte, sonido y un reparto que combina actores de experiencia con figuras procedentes de la televisión y el humor.
La película fue incluso nominada en diversas categorías técnicas y artísticas de los Premios La Silla. Lo significativo es que el cine dominicano comenzaba a comprender que una comedia no tenía que renunciar a la factura cinematográfica para ser popular.
Una crítica publicada en el momento por Alfonso Quiñones en El Caribe describía precisamente ese modelo: recurrencia a clichés, conflictos entre ricos y pobres, amores imposibles, costumbres de programas televisivos y utilización de chistes locales. Pero la identidad dominicana de una película no tiene que descansar exclusivamente en el chiste local. Y aquí aparece la verdadera maduración. El humor comienza a ser una manera de contar una historia, no el objetivo exclusivo de la historia.
2012 a 2017 – Segundo período
Inicia la vigencia de la Ley Nacional de Cine y se produce una irrupción masiva del género, mayormente influida por el aliento televisivo y el cine en su expresión básica para atraer boletería mediante la risa.

2013: El fenómeno crucial que marca la comedia es ¿Quién manda?, escrita por Daniel Aurelio y dirigida por Ronni Castillo, que introduce nuevos códigos (ya empleados en otras producciones internacionales de humor, como la lucha de los sexos, el rompimiento de la cuarta pared —recurso inicialmente teatral—) y que se favoreció por la extraordinaria química de sus dos protagonistas, Frank Perozo y Nashla Bogaert (Alex y Nathalie), que aún se toma como referencia principal de actuación. Tuvo un éxito de taquilla importante y la crítica se rindió a sus pies.
Alfonso Rodríguez: la constancia del fundador

Alfonso Rodríguez, director dominicano con una amplísima filmografía y que en comedia produjo Yuniol (2007), Playball (2008), Al fin y al cabo (2009), Feo de día, lindo de noche (2012), Mi angelito favorito (2013) y Locas y atrapadas (2014), merece consideración aparte porque su aporte resulta fundamental en la construcción del camino del género, sobre todo por su constancia y sentido de innovación fílmica. Rodríguez es de los recursos humanos fundadores de nuestro cine en general y de la comedia en particular. Es un trabajador a toda prueba. Bocón cuando cree que tiene la razón. Y en buena parte de los casos, la tiene. Pero bajar un poco el ego, no le sobraría.
2018 a 2025 – Tercer período
La aspiración es que la película funcione incluso cuando se le quita el chiste inmediato.
Entre 2018 y 2025, la comedia dominicana experimentó una transformación que merece ser examinada más allá de la taquilla, con un cambio que no consiste únicamente en que las películas se vean mejor, sino que se produce una evolución perceptible en la escritura de los guiones, la construcción de personajes, la fotografía, el montaje, el sonido, la dirección de actores, la producción y, sobre todo, en la ambición temática.
A partir de finales de la década de 2010 y especialmente después de 2020, emerge una generación diferente. Entre ellos sobresalen Frank Perozo, Yasser Michelén y Yoel Morales, además de otros realizadores que proceden de diferentes experiencias audiovisuales. No hacen el mismo tipo de comedia, pero comparten una característica: la aspiración a que la película funcione incluso cuando se elimina el chiste inmediato.
Frank Perozo: dirigir actores, no chistes

Frank Perozo, como director de cine, ha sido una de las grandes sorpresas de la industria, es particularmente interesante porque llega a la dirección después de una sólida experiencia como actor, lo cual modifica su relación con los intérpretes. Caribbean Cinemas apostó al talento de Perozo como director y los resultados indican que la presunción que se tuvo era justificada.
Su filmografía incluye De tal palo, tal astilla (2026); El Heredero (2024); Perdiendo el Juicio (2024); Colao 2 (2023), secuela de su ópera prima; Teacher Mechy (2023); La Trampa (2022), comedia de acción; Flow Calle (2022); Los Leones (2019), secuela de Qué León; Qué León (2018) y Colao (2017), su debut como director, entre otras.
Perozo parece comprender que el actor necesita una situación dramática que defender, no simplemente una oportunidad para pronunciar un chiste. Ese cambio puede parecer pequeño, pero es fundamental. Perozo concibe que el actor no es únicamente un instrumento del guion humorístico para ser personaje.
Su evolución también resulta interesante por su participación en películas que mezclan comedia con otros géneros, algo que contribuye a romper la idea de que la comedia dominicana debe ser un género cerrado.
Yasser Michelén: la parodia a escala
Yasser Michelén es sencillamente sorprendente. Nadie se imaginaba hace ocho años que este actor de reparto en comedias comerciales, se erigiría como un director de referencia latinoamericana. Él es un fenómeno de la dirección. Proveniente de una práctica como actor de cine y teatro, resulta una revelación.
Primero entrega La familia (2024), que combina comedia, suspenso y crimen. La propia ficha de Disney+ la clasifica dentro de esos tres géneros y la presenta como una película dirigida por Michelén, protagonizada por Manny Pérez, Frank Perozo, Tony Almont, Omega El Fuerte y Vicente Santos, entre otros proyectos que, de citarlos todos, se haría muy largo el cuento.
En Los rechazados: Operación Submarino (2025): Michelén da otro paso: utiliza la parodia y el humor para entrar en asuntos de dimensión internacional y geopolítica. La crítica destacó precisamente el ritmo, la escenografía y la utilización de recursos técnicos para elevar los valores de producción.
La película no depende únicamente del chiste dominicano. Hay una estructura de intriga: un hombre invierte sus ahorros en una empresa multinivel, su jefe desaparece y comienza una cadena de sospechas y conflictos.
Es bueno establecer que el ingreso de una película en Disney+ por sí mismo no proclama automáticamente una certificación de excelencia artística, aun cuando hay requerimientos cinematográficos con patrones que garantizan una facturación de cierta impecabilidad audiovisual.
Las plataformas adquieren contenidos por múltiples razones: mercado, derechos territoriales, potencial de audiencia, género, estrellas, duración, clasificación, posibilidades comerciales y estrategia de programación, pero sí demuestra que la película puede superar determinadas barreras de distribución internacional. La familia, dirigida por Yasser Michelén, aparece actualmente en el catálogo de Disney+ como comedia, suspenso y crimen.
Yoel Morales: el desvío
Yoel Morales es un soplo de aire fresco. Es responsable de un replanteamiento del lenguaje del cine dominicano, con una experimentación que ha impactado tanto a nivel nacional como internacional.
Su obra La bachata del biónico es un experimento que se ha tomado como referencia de creatividad al vincular un humor inteligente de origen muy popular —enraizado en la subcultura del consumo de sustancias—, una selecta definición de personajes y una muy intuitiva selección del talento interpretativo. Es un cineasta, guionista, editor y realizador audiovisual dominicano, egresado de la Escuela de Cine de la UASD y perteneciente a una generación que ha contribuido a ampliar los lenguajes y las posibilidades temáticas del cine dominicano contemporáneo. Forma parte del colectivo audiovisual Mentes Fritas, desde donde ha desarrollado trabajos en cine, videoclips y otros formatos audiovisuales.
Su trayectoria resulta particularmente interesante porque se aparta de la fórmula de la comedia dominicana tradicional y apuesta por una cinematografía de mayor experimentación narrativa, humor absurdo, realismo social y exploración de personajes marginales o poco representados.
Morales pertenece a una generación de realizadores surgida en el contexto de expansión de la producción cinematográfica dominicana posterior a la promulgación de la Ley de Cine (108-10).
Su actividad inicial estuvo vinculada a la producción audiovisual y a la realización de videoclips antes de avanzar hacia el largometraje. En La bachata del biónico, por ejemplo, aparece acreditado no solo como director y coguionista, sino también como editor. El guion fue escrito conjuntamente con Cristian Mojica.
Su primer trabajo fue Azul magia, una experiencia de cine fantástico en el bosque, de bajo presupuesto en su realización, pero con ese encanto del cine inspirador realizado con gran destreza a pesar de las limitaciones de recursos. Caribbean Cinemas Productions se hizo consciente de su potencial y le ha dado ya dos oportunidades para ocupar la silla de director: Medias hermanas (2025) y Carlota, la más barrial (2024)
La evolución de la comedia puede entenderse mejor si se observa una línea imaginaria que incluye, entre otros hitos:
Nueva Yol – Perico Ripiao, Sanky Panky → Lotoman y secuelas → ¿Quién manda? → Qué León y secuela → Colao, Cuarencena → La familia → Los rechazados → Carlota, la más barrial, por solo citar algunas.
No se trata de decir que cada película sea necesariamente mejor que la anterior, sino de observar cómo cambia la concepción del humor cinematográfico.
En ¿Quién manda?, por ejemplo, la crítica ya identificaba en 2013 una comedia romántica que, aunque utilizaba una fórmula conocida, representaba una experimentación más definida con el género dentro del cine dominicano.
Una conclusión
La comedia dominicana entre 2012 y 2025 no puede evaluarse únicamente desde la perspectiva de si «hace reír» o si «llenó las salas». Su verdadero proceso de maduración está en otro lugar: la comedia dejó progresivamente de ser un producto construido alrededor del humorista para convertirse en una película construida alrededor de una historia.
Los pioneros de la generación de Pinky Pintor, Archie López, Roberto Ángel Salcedo y El Indio Disla contribuyeron decisivamente a formar el público, desarrollar el mercado, profesionalizar las producciones y demostrar que el dominicano estaba dispuesto a pagar por ver historias nacionales.
La generación posterior, representada entre otros por Frank Perozo, Yasser Michelén y Yoel Morales, recibe una industria diferente: mejores técnicos, mayor inversión, actores más preparados, un público más exigente y una audiencia acostumbrada a Netflix, Disney+, Max y otras plataformas.
Por eso su desafío también es diferente: ya no compiten solamente contra otra película dominicana.
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16 años de la Ley de Cine: cómo República Dominicana pasó de producir películas a construir una industria
Por Marc Mejía
Desde los sacrificios personales de los primeros realizadores hasta una actividad que hoy genera empleos, inversión, formación profesional y presencia internacional, la Ley 108-10 cambió la escala del cine dominicano. El reto ahora es sostener ese crecimiento y recuperar con más fuerza al público local.
En 1988, cuando Agliberto Meléndez llevó a las salas Un pasaje de ida, en República Dominicana no existían incentivos fiscales para el cine, fondos públicos especializados ni una estructura capaz de acompañar una producción desde su financiamiento hasta su distribución.
Hacer una película era una apuesta personal. Y, en muchos casos, también económica.
Meléndez asumió grandes sacrificios para materializar una obra inspirada en la tragedia del Regina Express, ocurrida en 1981, cuando un grupo de polizones dominicanos murió asfixiado mientras intentaba salir del país. La película mostró que aquí se podía hacer cine con rigor técnico, contenido social y ambición artística, aun sin una industria que respaldara a sus creadores.
Siete años después, Ángel Muñiz probó otra cosa: que una producción dominicana también podía conectar masivamente con el público.
Nueba Yol: ¡Por fin llegó Balbuena!, estrenada en 1995 y protagonizada por Luisito Martí, convirtió la migración, la nostalgia y las contradicciones de la diáspora en un fenómeno de taquilla. Si Meléndez había defendido la dignidad artística del cine local, Muñiz ayudó a demostrar su potencial comercial.
Ambos trabajaron en una época en la que producir una película dependía siempre de la insistencia de sus realizadores. Había talento, historias y público. Faltaba un sistema.
Ese sistema comenzó a tomar forma el 29 de julio de 2010, con la promulgación de la Ley No. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica.
Dieciséis años después, el país no solo produce películas. Cuenta con una actividad audiovisual que mueve técnicos, empresas, universidades, hoteles, transporte, construcción, tecnología, servicios y capital privado.
La transformación es evidente. También lo son sus contradicciones.
Antes de la ley, República Dominicana era escenario, pero no industria
Mucho antes de contar con un marco legal para el cine, el territorio dominicano ya había atraído producciones extranjeras.
Varias escenas ambientadas en Cuba para El padrino II fueron rodadas en Santo Domingo, colocando al país dentro de una de las obras más influyentes del cine estadounidense. En 1977, la selva dominicana sirvió de escenario para buena parte del difícil rodaje de Sorcerer, dirigida por William Friedkin, responsable también de El Exorcista y The French Connection.
La producción de Sorcerer pasó a la historia por sus accidentes, retrasos, dificultades climáticas y enormes exigencias técnicas. Más que consolidar una industria local, aquel rodaje reveló el potencial visual del país y, al mismo tiempo, las limitaciones de trabajar sin una infraestructura audiovisual desarrollada.
Cabe mencionar como dato personal, que gracias que mi padre Pericles Mejía era pieza importante en la producción de esa película en el país, el día de mi cumpleaños, recibí mi primera bicicleta, un regalo del director y la producción, quienes se sentían agustos rodando en el país.
Algo similar pero no tan positivo ocurrió con Havana, dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Robert Redford. La película, estrenada en 1990, recreó en Santo Domingo los últimos días del régimen de Fulgencio Batista, debido a que las restricciones estadounidenses impedían realizar la producción en Cuba.
El rodaje dejó una importante actividad económica, pero también enfrentó complejidades logísticas y choques propios de una producción de gran escala en un país que todavía no contaba con una cadena cinematográfica organizada y el caos ocurrido en ese particular momento, costó que entráramos en una lista negra por varios años entre los productores de Hollywood.
República Dominicana podía ofrecer calles, arquitectura colonial, playas, montañas y selvas. Lo que aún no podía garantizar era una plataforma estable para producir.
Técnicos empíricos y jóvenes que estudiaban contra la corriente
La falta de estructura también se reflejaba detrás de las cámaras.
Antes de la Ley de Cine, la mayoría de los técnicos dominicanos se había formado de manera empírica. Aprendían trabajando en televisión, comerciales, publicidad, videos musicales y producciones extranjeras. Algunos tuvieron la oportunidad de viajar y estudiar fuera del país, pero para la mayoría el rodaje era la escuela.
No había una ruta académica clara ni garantías de empleo. Elegir el cine como profesión implicaba asumir un riesgo que muchas familias no entendían.
Durante años, quienes querían estudiar cinematografía tenían que enfrentarse a una pregunta recurrente: “¿De qué vas a vivir?”.
Ese panorama cambió con la expansión del sector. Hoy existen programas vinculados con el cine y la comunicación audiovisual en instituciones como la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC), la Universidad APEC (UNAPEC), la Universidad Iberoamericana (UNIBE), la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y CHAVÓN La Escuela de Diseño.
La formación dejó de depender únicamente de la práctica y comenzó a incluir guion, producción, dirección, sonido, fotografía, montaje, postproducción, gestión y comercialización.
Según una estadística de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), elaborada con datos del Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT) correspondientes a 2022, en la carrera de Cinematografía había 1,079 estudiantes matriculados: 549 mujeres y 530 hombres.
Ese mismo año se registraron 117 egresados, de los cuales 74 eran mujeres y 43 hombres.
El dato muestra no solo el crecimiento de la formación académica, sino también la presencia cada vez mayor de mujeres en el sector. Todo indica que la cantidad de estudiantes y egresados ha aumentado considerablemente en la actualidad, aunque el total más reciente deberá confirmarse cuando se publique una nueva actualización oficial.
El punto de quiebre
La Ley No. 108-10 fue promulgada el 29 de julio de 2010. Su Reglamento de Aplicación se aprobó el 21 de junio de 2011, mediante el Decreto No. 370-11.
Con ese marco se organizaron instituciones, registros e incentivos que permitieron atraer inversión y formalizar una actividad que hasta entonces había dependido de esfuerzos dispersos.
La ley fortaleció el papel de la Dirección General de Cine (DGCINE), estableció el Sistema de Información y Registro Cinematográfico Dominicano (SIRECINE) e impulsó mecanismos como el Fondo de Promoción Cinematográfica (FONPROCINE).
También incorporó dos incentivos fundamentales.
El Artículo 34 favorece la inversión privada en largometrajes dominicanos certificados. El Artículo 39, por su parte, permite otorgar un crédito fiscal transferible a producciones nacionales o extranjeras que realizan gastos calificados en el país.
La ley no produjo por sí sola directores, actores o historias. Ese talento ya existía. Lo que hizo fue crear condiciones para que filmar dejara de ser un hecho aislado y comenzara a convertirse en una actividad económica organizada.
De acuerdo con el listado de producciones rodadas suministrado por la DGCINE, entre 2011 y 2025 se registraron 1,039 producciones audiovisuales en República Dominicana. De ese total, 493 figuran vinculadas al Artículo 34, 93 al Artículo 39 y 453 aparecen como no aplicables a esos incentivos.
El registro incluye mucho más que largometrajes. Aparecen documentales, series, realities, comerciales, programas de televisión, videos y otros formatos audiovisuales.
En 2011 se contabilizaron apenas 6 producciones. En 2017 ya eran 99. Para 2021, el número llegó a 101, y en 2022 alcanzó su punto más alto, con 124 proyectos rodados. En 2023 se mantuvo en un nivel elevado, con 119.
El salto no se explica únicamente por la llegada de más películas.
Cada rodaje necesita transporte, alimentación, alojamiento, seguridad, carpintería, pintura, construcción, vestuario, maquillaje, equipos, electricidad, edición y personal administrativo. Una producción puede contratar servicios de decenas de empresas que, a primera vista, no parecen vinculadas con el cine.
Ahí está una parte importante del impacto de la ley: la actividad audiovisual comenzó a extenderse fuera del set.
El principal resultado de la Ley de Cine no puede resumirse en una película ni en una cifra.
Su impacto está en la aparición de una cadena que antes no existía de manera estable.
La producción se hizo más frecuente. Los inversionistas encontraron un marco fiscal. Los profesionales comenzaron a registrarse. Los técnicos ganaron experiencia en proyectos de mayor escala. Las universidades abrieron programas y el país se volvió más competitivo como destino de rodajes.
También cambió la percepción social de la profesión.
Estudiar cine ya no parece necesariamente una aventura sin futuro. Hoy puede conducir a trabajos en producción, publicidad, televisión, plataformas digitales, animación, sonido, fotografía, edición y contenidos para redes.
Sin embargo, la profesionalización sigue siendo desigual. Muchos empleos dependen de la duración de cada proyecto, no todas las producciones tienen la misma capacidad financiera y el crecimiento de la oferta académica no garantiza una inserción laboral inmediata.
La industria existe, pero todavía está madurando.
La próxima discusión
Después de dieciséis años, ya no está en debate si la ley aumentó la producción. Los registros y números que hemos visto en los medios a través de los años muestran que lo hizo.
La discusión ahora debe ser más exigente.
¿Se están produciendo mejores películas? ¿Llegan a suficientes salas? ¿Pueden competir fuera del país? ¿Los técnicos encuentran continuidad laboral? ¿La inversión pública y los incentivos producen un retorno cultural y económico proporcional? ¿El público dominicano siente que esas historias lo representan?
El futuro del sector dependerá menos de aumentar el número de rodajes y más de mejorar su impacto.
Eso supone fortalecer la distribución, ampliar las coproducciones, apoyar la escritura de guiones, formar nuevos públicos, conservar el patrimonio audiovisual y publicar estadísticas que permitan evaluar los resultados con mayor precisión.
También requiere reconocer que el éxito comercial y el valor cultural no siempre avanzan juntos. Una cinematografía saludable necesita películas capaces de llenar salas, pero también documentales, óperas primas, animación, cine de autor y obras que preserven la memoria del país.
Una industria con presente y futuro
La Ley 108-10 cambió la escala del cine dominicano. Permitió producir con mayor frecuencia, dio estructura al sector y abrió nuevas oportunidades para realizadores, técnicos, actores, estudiantes, empresas e inversionistas.
Su importancia no se limita a la cantidad de películas realizadas. También se refleja en la formación de profesionales, la llegada de rodajes internacionales, la creación de empleos, el crecimiento de empresas audiovisuales y la posibilidad de que más historias dominicanas encuentren un espacio en la pantalla.
Los pioneros demostraron que en República Dominicana se podía hacer cine aun cuando no existían las condiciones. La ley ayudó a crear esas condiciones y permitió que aquel esfuerzo individual se transformara en una actividad organizada, capaz de crecer y competir.
Dieciséis años después, todavía quedan desafíos en distribución, calidad, formación de públicos y circulación internacional. Pero el punto de partida es completamente distinto. Hoy existe una generación preparada, una estructura institucional, una experiencia técnica acumulada y una comunidad cinematográfica que continúa ampliándose.
El cine dominicano ya no depende únicamente de actos heroicos ni de apuestas aisladas. Cuenta con una base desde la cual puede seguir avanzando, renovándose y llevando sus historias más lejos.
La Ley de Cine no fue el inicio de la creatividad dominicana, pero sí ayudó a convertirla en una industria con presente y futuro. Y quizás ese sea su logro más importante: haber demostrado que nuestro cine no solo podía hacerse, sino también crecer, fortalecerse y ocupar un lugar propio dentro y fuera de la República Dominicana.
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Isaac Morantus se convirtió en el primer dominicano seleccionado para BAMMERS, programa del Bogotá Audiovisual Market
Por Marc Mejía
El director, guionista y productor Isaac Morantus acaba de alcanzar un importante logro para el cine dominicano al convertirse en el primer dominicano seleccionado para BAMMERS, el programa de formación del Bogotá Audiovisual Market (BAM), considerado uno de los mercados audiovisuales más importantes de América Latina.
La selección adquiere un significado especial porque BAMMERS 2026 abrió por primera vez su convocatoria a participantes internacionales con el apoyo de Netflix. De las 105 postulaciones recibidas desde 13 países, solo 40 profesionales fueron escogidos para integrar el programa: 20 colombianos y 20 internacionales. Entre ellos estuvo Morantus, quien representó a la República Dominicana con su segundo largometraje de ficción en desarrollo, “No Fue en Balde”.
La participación dominicana en el Bogotá Audiovisual Market no es nueva. En años anteriores, cineastas nacionales asistieron al mercado gracias a iniciativas de la Dirección General de Cine (DGCINE) y otros programas de apoyo a la internacionalización. Sin embargo, el caso de Isaac Morantus marca un precedente distinto: es el primer dominicano seleccionado oficialmente para BAMMERS, el programa de formación del mercado, tras la apertura de su convocatoria internacional en 2026.
Más que asistir al mercado como un acreditado, el cineasta dominicano formó parte de un proceso de formación diseñado para preparar proyectos con potencial internacional. Durante varias semanas recibió mentorías sobre producción, coproducción, financiamiento y estrategias para presentar su película ante productores, distribuidores e inversionistas.
Uno de los aspectos que Morantus considera más valiosos de la experiencia fue el trabajo realizado sobre el pitch de “No Fue en Balde”.
Aunque el término es muy conocido dentro de la industria cinematográfica, fuera de ese entorno pocas personas saben realmente qué significa. Un pitch es la presentación con la que un realizador “vende” su proyecto ante posibles productores, fondos de financiamiento, distribuidores o plataformas interesadas en convertir una historia en una película. En mercados como el BAM, una buena presentación puede marcar la diferencia entre conseguir una oportunidad de financiamiento o regresar a casa con un proyecto que aún debe seguir esperando.
“Lo más valioso fue entender cómo presentar un proyecto de manera más estratégica. Las mentorías me ayudaron a mejorar mi pitch, a comprender mejor el funcionamiento de la industria internacional y a llegar al mercado con objetivos mucho más claros”, explicó Morantus.

BAMMERS 2026
Una historia sobre sueños, música y diferencias sociales
El proyecto con el que participó en BAMMERS lleva por título “No Fue en Balde”, una comedia dramática romántica con temática musical que actualmente se encuentra en la etapa final de escritura del guion.
La película narra la historia de Brenda, una joven de clase alta que sueña con convertirse en rapera, y Miguel, un muchacho de origen humilde decidido a triunfar como actor. Cuando sus caminos se cruzan descubren que cada uno posee aquello que el otro necesita para acercarse a sus sueños. Sin embargo, el éxito comienza a poner a prueba su relación y los obliga a enfrentar decisiones que cambiarán sus vidas.
Aunque no está inspirada en hechos reales, la historia toma elementos de la realidad que viven muchos jóvenes dominicanos, abordando temas como las diferencias sociales, la búsqueda de oportunidades y el costo de perseguir los sueños.
Con el guion en su etapa de afinamiento, el siguiente paso será buscar financiamiento y posibles coproductores internacionales para hacer realidad la película.
El mercado abrió nuevas oportunidades
Además de las mentorías, la participación de Isaac Morantus en el Bogotá Audiovisual Market le permitió sostener reuniones con productores colombianos y distribuidores de España, Brasil, Francia, Colombia y Ecuador, con el objetivo de presentar “No Fue en Balde” y explorar futuras alianzas para el proyecto.
Aunque todavía no existen acuerdos cerrados, el realizador confirmó que varias de esas conversaciones continúan avanzando y podrían convertirse en futuras coproducciones o acuerdos de distribución.
Su paso por el mercado también dejó nuevas oportunidades profesionales. Recibió una invitación para postular sus cortometrajes a Bogoshorts, uno de los festivales de cortometrajes más importantes de Colombia, además de otra para participar en MIP Cancún, uno de los principales mercados de contenido y coproducción de Latinoamérica.
“Cada mercado confirma que las historias dominicanas tienen espacio en la conversación internacional. Ahora el reto es seguir construyendo alianzas que permitan que esos proyectos lleguen a realizarse y encuentren audiencias”, afirmó.
Una carrera en crecimiento
Fundador de El Güeso Films, Isaac Morantus ha desarrollado su carrera como director, productor, guionista y editor. Su trabajo ha sido reconocido en festivales nacionales e internacionales, obteniendo premios como Mejor Cortometraje y Mejor Edición en los Premios La Silla.
Actualmente también trabaja en la postproducción de “Camina Ven”, su primer largometraje de ficción. La película nació en 2024 como un cortometraje de comedia romántica y fue el único proyecto de la región del Cibao en ganar el concurso Keep Walking Films, impulsado por Johnnie Walker. Su historia sigue a Ender, un joven que emprende un viaje improvisado junto a su mejor amigo Víctor para declararle su amor a una chica antes de que ella emigre del país.
Con “Camina Ven” en postproducción y “No Fue en Balde” dando sus primeros pasos en el circuito internacional de mercados audiovisuales, Isaac Morantus continúa consolidando una carrera que apuesta por llevar nuevas historias dominicanas a escenarios cada vez más competitivos.
Artículos
Una industria que mueve cultura y economía: radiografía del cine dominicano en 2025
Por Marc Mejía
El cine dominicano ya no necesita demostrar que existe. Las estadísticas de 2025 hablan de una actividad constante, con 57 proyectos rodados, 37 películas nacionales estrenadas y más de tres millones de visitas a las salas.
La nueva infografía publicada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), con información de la Dirección General de Cine (DGCINE), la Oficina Nacional de Derecho de Autor (ONDA) y otras instituciones, permite mirar más allá de los estrenos. Detrás de cada película hay empleos, empresas, servicios contratados y profesionales que han convertido el cine en su oficio.
Una producción impulsada desde el país
Durante 2025 se rodaron en República Dominicana 57 proyectos cinematográficos que aplicaron a la Ley de Cine. De ellos, 50 fueron nacionales y 7 extranjeros.
Es decir, cerca del 88 % correspondió a proyectos dominicanos.
El dato es importante porque muchas veces pensamos en la industria a partir de las grandes producciones internacionales que llegan al país. Sin embargo, buena parte de la actividad cotidiana descansa sobre el cine nacional.
Quienes han estado cerca de un rodaje saben que su impacto no se limita al director, los actores o el productor. Una película contrata técnicos, transportistas, servicios de alimentación, alquileres, hospedaje, seguridad, construcción, vestuario y proveedores de distintas áreas. Durante semanas o meses, el presupuesto circula dentro de una red mucho más amplia que el equipo visible en pantalla.
Todavía sería necesario conocer cuánto se invirtió y cuántos empleos se generaron. Contar proyectos es útil, pero medir su impacto económico permitiría entender mejor lo que el cine aporta al país.
Una cartelera dominicana cada vez más diversa
En 2025 se estrenaron 37 películas dominicanas. Hace algunas décadas, la llegada de una producción nacional a las salas era un acontecimiento aislado. Hoy forma parte habitual de la cartelera.
También ha cambiado la oferta. Aunque la comedia mantiene una presencia importante, ahora convive con dramas, documentales, suspenso, cine de autor y producciones de realizadores emergentes.
He visto transformarse la conversación. Antes celebrábamos que una película lograra terminarse y estrenarse. Ahora también hablamos de su campaña, su permanencia en cartelera y las posibilidades de circular en festivales, mercados y plataformas.
Eso no significa que el camino esté resuelto. Con una producción más constante, cada película necesita identificar a su audiencia y explicar por qué merece ser vista. La conexión con el público no se consigue únicamente pidiendo apoyo: se construye con promoción, disponibilidad y una estrategia que acompañe la obra más allá de su estreno.
Más de tres millones de visitas a las salas
La República Dominicana contó en 2025 con 25 complejos cinematográficos y 163 pantallas. En ellas se exhibieron 333 películas nacionales y extranjeras, se registraron 3,037,119 visitas y se recaudaron aproximadamente RD$1,046 millones.
En tiempos de plataformas y consumo desde el hogar, que más de tres millones de personas hayan visitado las salas confirma que el cine continúa siendo una experiencia importante para el público dominicano.
El cortometraje encuentra un nuevo impulso
Uno de los datos más llamativos corresponde a los cortometrajes registrados ante la ONDA. La cifra pasó de 132 en 2024 a 261 en 2025, un crecimiento cercano al 98 %.
Algo está ocurriendo entre los nuevos realizadores. Universidades, festivales y muestras reciben cada vez más trabajos de jóvenes que utilizan el cortometraje para adquirir experiencia, probar nuevas narrativas y comenzar a presentar sus historias.
El aumento corresponde a obras registradas y no necesariamente a todos los cortos producidos, pero revela una mayor actividad y conciencia sobre la protección de la autoría.
Los guiones cinematográficos registrados, en cambio, pasaron de 22 en 2024 a 8 en 2025. No podemos concluir que se estén escribiendo menos historias, pero la cifra recuerda que una industria comienza mucho antes del rodaje: comienza con una idea bien desarrollada y protegida.
Una nueva generación se prepara
La transformación del sector también puede observarse en las aulas. En 2022, las carreras de Cinematografía reunían a 1,079 estudiantes: 549 mujeres y 530 hombres.
Ese mismo año egresaron 117 profesionales, entre ellos 74 mujeres y 43 hombres. Las mujeres representaron alrededor del 63 % de los egresados.
Que más de mil jóvenes eligieran estudiar cine habría sido difícil de imaginar años atrás. Ahora el desafío es conseguir que esa formación encuentre oportunidades reales dentro del mercado y que la presencia femenina también se refleje en los equipos y puestos de decisión.
Más que películas
Producir también se volvió más costoso. El Índice de Precios al Productor de las actividades audiovisuales alcanzó 154.01 puntos en 2025, con una variación de 5.62 % en doce meses. El aumento ejerce presión sobre equipos, transporte, alimentación, materiales y posproducción, especialmente en proyectos independientes.
Aun con estos desafíos, las cifras muestran una industria activa, formada mayoritariamente por proyectos nacionales y acompañada por una nueva generación de profesionales.
La Ley 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica ayudó a construir una estructura donde antes predominaban los esfuerzos individuales. Más de una década después, el resultado no se mide únicamente en películas: también se encuentra en los empleos, las empresas creadas y la experiencia acumulada por los equipos dominicanos.
Y hay otro aporte que ninguna tabla puede explicar por completo. El cine conserva nuestra manera de hablar, nuestros espacios y la memoria de una sociedad que cambia. Nos permite contar el país desde aquí y presentar una imagen más amplia de la República Dominicana ante el mundo.
La conversación ya no es si podemos hacer cine. Eso está demostrado. Ahora debemos lograr que nuestras historias circulen mejor, encuentren a su público y continúen generando oportunidades para quienes decidieron hacer de esta industria su profesión.

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