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“El cine sigue siendo caro, pero más caro es no tenerlo”
Published
10 años agoon
Destacable y de fundamental importancia es un cine animado para niños y adolescentes, que de alguna manera se produzcan nuestras propias historias para niños.
Máxima justa de Daisy Granados, actriz y pilar de la cinematografía cubana con títulos tales como Memorias del Subdesarrollo, entre otras 40 películas.
Ahora que RD tiene reales posibilidades de crear su propia cinematografía mediante un proceso financiero que da reales expectativas, las oportunidades están por doquier.
Viendo nuestras propias películas uno percibe con mayor claridad nuestra realidad, principalmente porque esas películas están revelando sentimientos y emociones o sacudiendo conciencias dormidas.
La manera en como veo el panorama ahora, del valor de hacer películas dominicanas cónsonas con nuestra cultura, independientemente de su calidad narrativa o técnica, independiente de su éxito taquillero o de reconocimientos internacionales, por encima de todo eso está el saber que podemos realizar películas con buenas historias, con calidad interpretativa y con técnicos de alto nivel.
Es tan necesario nuestro cine, como lo son nuestros periódicos, nuestra televisión, nuestros artistas, nuestras escuelas, nuestros autores literarios, todo lo que es importante para la cultura nacional.
La industria cinematográfica mundial mueve miles de millones de dólares, pero lo más importante es que mueve cientos de millones de conciencias, que se mete en el imaginario popular y crea un mundo que es nuestro espejo.
Las grandes fortunas del mundo, las grandes empresas de los países más desarrollados tienen la visión y el cuidado de asociarse a este arte-industria, principalmente porque dicta modas y reglas a la sociedad. El poderío impetuoso de una película influencia todos los frentes sociales y económicos, según estudios de los más entendidos en negocios y mercados.
Hoy el impacto sociocultural de una cinematografía nacional, se hace más evidente porque la sociedad es más vulnerable -entre otros fenómenos sociales- debido a que los relacionamientos trastornados es una epidemia, lo que deja así a las personas más adeptas al mundo del cine.
Hay una liga cognitiva espectador-filme que se refleja en la conducta. En ese sentido, las películas tienden a reflejar la sociedad de donde se generan, son un poco como los periódicos que reflejan distintos tipos de perfiles, tantos como grupos sociales hay, grupos de edad, actividades deportivas, económicas, sociales, políticas, preferencia sexual, etc.
El cine dominicano, tiende a ser muchos “cines” así como hay muchos tipos de programas de tv, géneros musicales, grupos sindicales y gremiales, iglesias, gustos y maneras de cocinar o de divertirse. Ese es el principal marco referencial para una “diversidad” en el cine dominicano.
Entonces el cine que consume un determinado grupo social tiende a impactar con mayor fuerza en los intereses, sentimientos y emociones de ese determinado grupo.
Cuando una película habla de valores, de conflictos sociales, de acontecimientos históricos, esas cosas ya se han visto mucho en el cine mundial y lo pasan a cada rato en la tv nacional y en el cable, pero adquiere revelación y trascendencia cuando vemos todo eso repetido en tramas e historias dominicanas, con actrices y actores nacionales, con ambientes nuestros de nuestra vida cotidiana y con ese sabor al hablar, con ese acento nuestro inconfundiblemente vivaz y con nuestras expresiones. Todo eso trabaja a fondo el imaginario popular nacional.
¡Que las comedias dominicanas son una extensión de las de la televisión! ¡Claro!, pero al mismo tiempo adquieren fuerza y trascendencia social y cultural llevadas al cine, por muy deficitarias, anodinas y groseras que sean.
Una película dominicana que no tenga éxito taquillero, hay que ver que algún impacto tuvo en un determinado grupo social o cultural, o en un grupo político, o en el despertar ideológico de una grupo con intereses comunes; esas cosas son importantes y merecen ser vistas y consideradas.
Es importante que se hagan películas con nivel cultural elevado, cine arriesgado en su narrativa y en su innovación, cine ecléctico para grupos sociales, profesionales, sindicales, gremiales, estudiantiles, campesinos, obreros, para la mujer exclusivamente, cine para grupos de minorías como lo hace mucho los grupos de LGTB, por ejemplo.
Destacable y de fundamental importancia es un cine animado para niños y adolescentes, que de alguna manera se produzcan nuestras propias historias para niños.
Un cine dominicano, una cinematografía propia, sí guarda valor en todos los sentidos, como la tiene editar libros dominicanos para la escuela, imprimir periódicos con nuestras noticias, producir noticiarios de radio y tv de nuestros hechos, consumir nuestra propia música y disfrutarlas con nuestras formas de bailar.
No tener nuestras propias películas sería una catástrofe cultural, con perjuicio en lo social y económico para el pueblo dominicano.
Por: Marc Mejia.
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