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Paraísos dominicanos en el lente del cine mundial: un recorrido por las locaciones más emblemáticas
El registro de largometrajes extranjeros grabados en Quisqueya data de 1915, cuando el camarógrafo puertorriqueño Rafael Colorado filmó, entre el 18 y el 27 de junio de ese año, la visita de la delegación diplomática de Puerto Rico a la República Dominicana, encabezada por el independentista José de Diego. Este material se exhibió en 1920 en los teatros Colón e Independencia de la ciudad de Santo Domingo bajo el título “Excursión de José Diego en Santo Domingo”, convirtiéndose en la primera producción internacional filmada en el país. Sin embargo, años posteriores, la instalación del régimen del presidente Rafael Leónidas Trujillo en 1930, marcado desde sus inicios como un régimen dictatorial, impuso un freno total a las manifestaciones artísticas y culturales, estimulando solamente aquello que se entendía como beneficioso para sus propósitos. Este control detuvo por completo la oportunidad de recibir más producciones cinematográficas durante su gobierno, tal como lo detalla el historiador José Luis Sáez Ramo en su libro “Historia de un sueño importado. Ensayos sobre el cine en Santo Domingo” (Ediciones Siboney, 1982).
Producciones cinematográficas en República Dominicana
La riqueza y diversidad de paisajes, junto con la calidez de su gente, han convertido a República Dominicana en un destino cinematográfico atractivo para los productores extranjeros. Un personaje clave en esta proyección internacional fue Charles Bluhdorn, nacido como Karl Georg Blühdorn en 1926 en Austria. En 1956, Bluhdorn compró Michigan Plating and Stamping, una pequeña compañía de partes de coches que eventualmente se convertiría en Gulf+Western Industries, un conglomerado que ocupó el puesto 61 en la lista de Fortune 500 en 1981. Subsidiarias de Gulf+Western incluían Paramount Pictures, Madison Square Garden y Simon & Schuster.
Como fundador de Gulf+Western, Bluhdorn jugó un papel fundamental en la filmación de El Padrino II en el país. Su amor por República Dominicana lo llevó a crear Casa de Campo en 1975 y Altos de Chavón, impulsando el turismo de lujo. Además, fue responsable de traer a Frank Sinatra al país para la inauguración de Altos de Chavón, un evento que no solo consolidó a la isla como un destino de lujo, sino que también atrajo la atención de muchos productores internacionales, contribuyendo a la economía naranja. Gracias a la influencia de Bluhdorn, el mundo comenzó a fijar su mirada en Quisqueya como un escenario perfecto para grandes producciones, consolidando su legado como un pionero que unió su pasión por el cine y su hogar en el Caribe.

El Padrino rodaje República Dominicana
Este glamour y belleza natural han atraído producciones como El Padrino II, Pantaleón y las Visitadoras, y Habana, entre otras.
- El Padrino II (1974): Dirigida por Francis Ford Coppola, algunas escenas de esta icónica película se filmaron en la capital dominicana, utilizando las avenidas Duarte y Mella para recrear la Habana prerrevolucionaria.
- Pantaleón y las Visitadoras (1975): Filmada en La Romana y basada en el libro del mismo nombre del afamado escritor Mario Vargas Llosa, esta película utilizó las encantadoras locaciones de la región para narrar su historia.
- Azúcar Amarga (1996): En 1996, el realizador cubano León Ichazo filmó en Santo Domingo Azúcar amarga, utilizando la capital dominicana como marco para representar La Habana durante el “Periodo especial” de Cuba.
- Habana (1990): Dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Robert Redford, esta película recrea una ciudad ficticia de Cuba en Santo Domingo de San Isidro, capturando la esencia de la dictadura de Batista en 1958.
A lo largo de las décadas, República Dominicana ha sido escenario de numerosas producciones internacionales, muchas de las cuales han sido posibles gracias a la singularidad de sus paisajes y la cercanía con Cuba. Según la investigación del crítico e historiador Félix Manuel Lora, entre las primeras producciones extranjeras destaca la labor del director italiano Osvaldo Civirani, quien realizó en el país dos producciones de acción y aventura: El dios negro (1975) y Samoa (1976). Otro destacado es el director norteamericano William Friedkin, quien encontró en la zona de Villa Altagracia la locación perfecta para Sorcerer (1977). La belleza natural de Las Terrenas también fue el escenario ideal para recrear el desembarco de Cristóbal Colón en la miniserie Cristóbal Colón (1985), dirigida por Alberto Lattuada. Por su parte, Wes Craven eligió el país para el rodaje de La serpiente y el arcoiris (1988), una historia ambientada en la tiranía de “Baby Doc” Duvalier en Haití.

Sorcerer Rodaje República Dominicana
En los últimos años, el país ha seguido atrayendo a una gran variedad de producciones internacionales. Félix Manuel Lora destaca que, además de filmes, series de televisión y documentales, República Dominicana también ha sido escenario de producciones de cine para adultos, como Caribbean Beat (1991) y When Porn Stars Play 2…Slut in the Sun (2004). También han llegado al país producciones de alto calibre como The Lost City (2004), dirigida por Andy García y ambientada en la Cuba de la Revolución, y The Good Shepherd (2006), en la que Robert De Niro utilizó la Ciudad Colonial y otras locaciones para recrear el Congo Belga y distintas áreas de Cuba. Esta variedad y riqueza en escenarios naturales y arquitectónicos han hecho que República Dominicana se posicione como un lugar clave para la recreación de paisajes caribeños y, en particular, para representar una La Habana ficcionada, cuando las condiciones políticas han impedido rodar en Cuba. Esto ha consolidado al país como un centro importante para la economía naranja en la región.
La Ley de Cine y su impacto
Desde la promulgación de la Ley núm. 108-10 para el Fomento de la Actividad Cinematográfica en la República Dominicana en 2010, el panorama cinematográfico del país ha experimentado un crecimiento significativo. A través de esta ley, se creó la Dirección General de Cine (DGCINE) con el objetivo de promover el desarrollo de la industria cinematográfica nacional y posicionar al país como un destino atractivo para producciones extranjeras. Este esfuerzo ha dado frutos, creando tanto personal técnico capacitado como importantes estudios de cine en el país.

A Dark Truth rodaje República Dominicana
Algunas de las producciones cinematográficas posteriores a la Ley de Cine
- Miami Vice (2006): Dirigida por Michael Mann y protagonizada por Colin Farrell y Jamie Foxx, esta adaptación cinematográfica de la icónica serie de televisión se rodó en parte en la República Dominicana, destacando locaciones como la Zona Colonial y áreas costeras que representaron las vibrantes escenas de Miami.
- The Good Shepherd (2006): Este drama de espionaje dirigido por Robert De Niro, y protagonizado por Matt Damon y Angelina Jolie, utilizó escenarios dominicanos para recrear la atmósfera de la época en que se desarrolla la historia, especialmente en zonas que capturan la esencia del espionaje de la Guerra Fría.
- A Dark Truth (2012): Protagonizada por Andy García y Eva Longoria, esta película de suspenso político se filmó en varios lugares del país.
- El Rey de La Habana (2015): Dirigida por Agustí Villaronga, esta producción convirtió diversos enclaves de la República Dominicana, como San Pedro de Macorís y Santo Domingo, en la capital de Cuba durante cinco semanas.
- XXX: The Return of Xander Cage (2016): Con Vin Diesel a la cabeza, esta película se filmó en diversas locaciones dominicanas, incluyendo Santo Domingo, Samaná y Puerto Plata, utilizando también los estudios Pinewood.
- The True Memoirs of an International Assassin (2016): Protagonizada por Kevin James, esta película se filmó en diversas partes de Santo Domingo y la República Dominicana.
- 47 Meters Down (2017 y 2019): Ambas entregas de esta saga de suspenso se filmaron utilizando el tanque profundo de Lantica Studios, replicando escenas de alta mar.
- Old (2021): El thriller de M. Night Shyamalan utilizó los paisajes dominicanos para agregar un aire de intriga a su narrativa.
- Exterminate All the Brutes (2021): Este documental de Raoul Peck se filmó en diversas locaciones del país, explorando la historia y la conquista de América.
- The Lost City (2022): Protagonizada por Sandra Bullock y Channing Tatum, esta comedia de aventuras se filmó en impresionantes escenarios naturales del país.

Arthur The King Mark Wahlberg rodaje en República Dominicana
Algunas de las producciones más recientes rodadas en los estudios Lantica y en diferentes partes del país son ejemplos del continuo atractivo de República Dominicana como destino fílmico. Estas producciones han encontrado en el país no solo escenarios naturales inigualables, sino también una infraestructura moderna y personal técnico altamente capacitado. Entre estas producciones se encuentran Nyad (2023), protagonizada por Annette Bening y Jodie Foster; Road House (2024), con Jake Gyllenhaal y Conor McGregor; The Killer (2023), protagonizada por Michael Fassbender; The Lost City (2022), con Sandra Bullock, Channing Tatum, Daniel Radcliffe, Da’Vine Joy Randolph y Brad Pitt; Hotel Cocaine (2024); Old (2021), con Gael García Bernal; y Arthur The King (2024), protagonizada por Mark Wahlberg.
Algunas de las producciones que se han rodado en el país son destacadas por su impacto y calidad, mostrando la versatilidad y el atractivo de República Dominicana como destino cinematográfico, aportando a la tan importante economía naranja, que muestra nuestras riquezas naturales al resto del mundo, haciendo una publicidad gratuita de las bondades de nuestra tierra.
No todo es cine
Pero no todo es cine y pantalla grande. También existen videoclips de importantes artistas de renombre internacional y programas de televisión. Programas como The Amazing Race, ¿Eres tú el elegido?, Survivor y El Conquistador han presentado los impresionantes paisajes y la cautivadora cultura del país. Mientras explora los mismos lugares que aparecen en estos programas de televisión, podrá sumergirse en las mismas experiencias que experimentaron los concursantes, haciendo que sus vacaciones sean aún más emocionantes e inolvidables. La prominencia cinematográfica de República Dominicana ha recorrido un largo camino y, con cada nuevo proyecto, continúa cautivando al público de todo el mundo. Ya sea que sea un cinéfilo que busca seguir los pasos de sus estrellas favoritas o un cineasta que busca el escenario perfecto para su próxima obra maestra, este paraíso caribeño lo tiene todo.

Mitos rodajes República Dominicana
Aclaración de producciones incorrectamente atribuidas
Después de un exhaustivo estudio e investigación, y con la colaboración del crítico e historiador Félix Manuel Lora, es importante desmentir algunas creencias populares sobre producciones que supuestamente se filmaron en República Dominicana. Películas como Rambo II, Apocalypse Now, Piratas del Caribe y Jurassic Park no se rodaron en el país, a pesar de la confusión que persiste en varios medios.
Este será un artículo completamente exclusivo, desmitificando una gran cantidad de informaciones falsas que circulan en muchas webs. Estas anécdotas, que con años de investigación el profesor Félix Manuel Lora ha compartido conmigo, formarán parte de un artículo en conjunto que estamos realizando. Espere pronto “Mitos y leyendas”.
Listado de producciones rodadas en el país 2011-2023
Por Marc Mejia para www.cinedominicano.com
Con apoyo de Félix Manuel Lora, portal hermano www.cinemadominicano.com
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La nieta de mi abuela (Crítica de cine)
Se encuentra en cartelera al menos por una o dos semanas más. Todo amante del buen cine dominicano, debe ver esta obra
SANTO DOMINGO.- En oportunidades, la cartelera comercial ofrece joyas de cine que podrían pasar inadvertidas porque no cuentan con una campaña de publicidad y a las cuales asisten quienes tienen alguna información o motivación que conlleva la búsqueda de experiencias cinematográficas que trascienden, que salen del esquema del cine de parámetros industriales profusamente promovidos.
El documental La nieta de mi abuela (Tatiana Fernández Geara, 2025), que se encuentra en la Sala 5 del complejo cinematográfico Downtown y en Cine CC de San Francisco de Macorís, es uno de esos casos. Es una de las pocas producciones dominicanas que tienen una adecuada página web.
Realizado por su directora bajo dos criterios: coherencia con su trayectoria y una honestidad desgarradora que muestra sus interiores vitales, narra una experiencia vital propia, arraigada en recuerdos y exponiendo las características de personalidad de una mujer provinciana que rompió moldes sociales.
Se trata de una recuperación de archivos personales que gira en torno a los principios de autenticidad femenina, perfumada con el frescor de una poesía epistolar, hermosa, simple y llana, que penetra profundamente.
El trabajo se centra en la figura de la directora, lo cual no invalida la historia, además de que recupera para el corpus memorial del país el inolvidable Cine Carmelita (del cual la abuela fue propietaria) y que representó para generaciones de francomacorisanos cantidad de emociones y recuerdos. Tatiana Fernández G. logra sacar lo mejor del registro documental de sus vidas. Describe vida y valores de Teresa Pichardo, abuela de la directora y propietaria del histórico Cine Carmelita, de San Francisco de Macorís.
La obra sigue la línea iniciada en 2015, cuando nos presentó Nana, documental sobre las cuidadoras de niños de clase media alta, sus vidas y aspiraciones. Es un nicho temático que ha generado incluso obras similares de parte de otros documentalistas, sin el ánimo de crear una escuela documental, y que reafirmó su propósito en 2021 con Vals de Santo Domingo, cuando siguió la trayectoria de cuatro jóvenes de sectores muy pobres, estudiantes de ballet clásico.
La narración de esta cineasta es tan singular, de trato tan accesible y de relación tan llana para vincularse con su entorno, es vigorosa y sustentada en documentación familiar: fotos, cartas, poemas, objetos, postales, pensamientos.
Antes de morir a los 88 años, Teresa Pichardo, la abuela de la directora, le dejó una advertencia que sonaba también a confesión y lamento: «No te quedes sola como yo». Al llegar a los 40 años, soltera y sin haberse casado nunca, Fernández Geara utiliza esta frase como catalizador para investigar qué significa realmente «quedarse sola». El trabajo desgaja el represivo concepto social que condiciona el valor de una mujer adulta a su aceptación del ritual preconcebido para ella: casarse, tener hijos, ser madre, cuidadora y protectora.
No teme Tatiana presentar la rebeldía intrínseca de su abuela, una mujer imponente que desafió las normas sociales, que tuvo esposos, novios y una vida afectiva intensa (evidenciada en cientos de cartas de amor que conservó), pero que fue al final un ser en soledad. Echa de manos de un archivo íntimo que no mira con lástima a su abuela, sino que la expone como referente en la medida en que abre los archivos personales y las gavetas de antaño.
Como cine de autor(a) autobiográfico, en La nieta de mi abuela la autora se expone a sí misma, a sus circunstancias y a los intentos de relación truncados por las diferencias que normaron a su abuela en el pasado.
Técnicamente, hay que aplaudir que la directora ha sabido construir un equipo de trabajo que expresa su mejor desempeño: desde la coescritura del guion hasta las direcciones de fotografía, sonido, edición y el diseño de la música, además de una certera selección de imágenes de películas que tienen enorme coincidencia con la nostalgia del cine provincial.
La nieta de mi abuela no es un ejercicio autorreferencial para situarse como centro de la atención. Con este trabajo, la directora evidencia que no hay historias personales carentes de interés para la gran pantalla. Todo depende del criterio, del concepto, de la coherencia autoral y la autenticidad de propósitos.
Es el tipo de película que, si no se ve ahora en el cine, luego nos estaremos lamentando porque no nos llamó la atención en el momento en el cual era posible verla. No es cine de espectacularidad. El cine de verdad bondadoso y aleccionadora.
No se pierdan este título.
Ficha técnica:
- Título: La nieta de mi abuela
- Dirección: Tatiana Fernández Geara
- Producción: Tatiana Fernández Geara y Wendy Espinal
- Guion: Tatiana Fernández Geara, Gina Giudicelli y Natalia Peralta Rincón
- Asesoría de guion: Dami Sainz Edwards
- Fotografía: Jaime Guerra y Tatiana Fernández
- Fotografía adicional: Jaime Guerra
- Dirección de arte: Oliver Rivas
- Edición: Gina Giudicelli
- Música: Laura Pimentel
- Sonido: Susan Romero y Victoria Mercedes
- Diseño de sonido: Susan Romero y Victoria Mercedes
- Supervisor de sonido: Homer Mora
- Postproducción de sonido: Pulpo Post
- Consultor de color: José Eduardo Durán (Chuba-K!)
- Colorista: Ana Duarte
- Diseño gráfico: Máximo del Castillo
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“Queremos que estas historias no se repitan”: el poderoso mensaje detrás de “Vidas Truncadas”
La actriz Wilnerys Peña y el director Pablo Pedroso hablan sobre el reto emocional y social detrás del documental inspirado en casos que estremecieron a República Dominicana.
Por Marc Mejía
SANTO DOMINGO. — Wilnerys Peña guarda silencio por unos segundos antes de responder. Hablar de Emely Peguero no le resulta sencillo. No solo porque ahora tendrá la responsabilidad de interpretarla en pantalla, sino porque desde hace años muchas personas la comparan físicamente con ella.
La entrevista ocurre durante uno de los días más intensos del rodaje de “Vidas Truncadas”, precisamente la jornada en la que el equipo trabajaba las escenas relacionadas con el caso de Emely Peguero. Entre cámaras, luces y un ambiente emocionalmente cargado, Wilnerys Peña y el director argentino Pablo Pedroso conversaron conmigo sobre el peso emocional y social detrás de un proyecto que busca ir mucho más allá del cine.
Porque aunque el documental reúne algunos de los casos más dolorosos que han marcado a la sociedad dominicana, su intención no es revivir el morbo, sino provocar reflexión.
Y eso se siente incluso fuera de cámara.
“Es algo duro interpretar la vida de esta chica”, admite Wilnerys Peña mientras intenta encontrar las palabras correctas. “Pero me preparé con la misión de llevar un mensaje de reflexión a la sociedad para este tipo de casos”.
La joven fue seleccionada por Aldea Estudio para dar vida a Emely Peguero tanto en el documental “Vidas Truncadas” como en la futura película de ficción que la productora prepara sobre el caso, una apuesta cinematográfica que buscará reconstruir desde una narrativa más íntima los hechos y emociones detrás de una historia que conmocionó a toda República Dominicana.
Aunque ya había participado en comerciales, pequeñas apariciones y papeles secundarios, este representa su primer protagónico. Y también el más emocionalmente exigente.
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“Creo que algunas de las escenas más fuertes fueron lo más difícil, porque tú te pones a pensar lo que ella vivió”, cuenta.
Mientras habla, queda claro que para ella el reto no ha sido únicamente actuar. También ha tenido que lidiar con la exposición pública y la presión en redes sociales luego de anunciarse oficialmente que sería quien interpretaría a Emely Peguero.
“No estaba acostumbrada a recibir tanto boom en las redes”, reconoce entre risas tímidas.
Pero inmediatamente aclara algo que para ella parece importante repetir:
“Lo importante no es si nos parecemos o no. Lo importante es el mensaje que vamos a llevar”.
Y quizá ahí está precisamente el corazón de este proyecto.
Porque detrás de “Vidas Truncadas” existe una intención mucho más profunda que reconstruir casos conocidos. El documental, dirigido por Pablo Pedroso y producido por Cándido Encarnación, Karina Corvalán y Francis Disla “El Indio”, aborda las consecuencias de las relaciones desiguales entre adultos y menores, la violencia contra niñas y adolescentes y las heridas sociales que dejan este tipo de historias.
El proyecto incluye testimonios de familiares, sobrevivientes, especialistas en violencia de género, abogados, fiscales y expertos que ayudan a contextualizar casos como los de Emely Peguero y Yocairi Amarante.
Para Pablo Pedroso, el impacto comenzó incluso antes de rodar.
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“Lo primero fue conocer historias realmente muy profundas, casos muy dramáticos”, explica el director argentino, quien asegura que muchas de las entrevistas realizadas durante la producción estuvieron cargadas de dolor, impotencia y honestidad.
“Por suerte la gente siempre se volcó a brindar testimonios muy sentidos, muy de adentro, y eso enriquece muchísimo el trabajo que hicimos”, añade.
El cineasta asegura que uno de los principales objetivos del documental es cuestionar patrones que durante años fueron normalizados en la sociedad.
“Esperamos que las personas se lleven una reflexión sobre las relaciones entre hombres y mujeres y que nadie vuelva a considerar a las niñas como algo menor o como propiedad”.
Durante la conversación, tanto Wilnerys Peña como Pablo Pedroso coincidieron constantemente en una palabra:
Reflexión.
No fama.
No controversia.
No impacto mediático.
Reflexión.
Wilnerys Peña incluso recuerda que cuando ocurrió el caso de Emely Peguero, ambas tenían prácticamente la misma edad.
“Desde el colegio me comparaban con ella. Y siendo sincera, era un poco incómodo”, confiesa.
Sin embargo, hoy asegura que entiende el valor que puede tener el proyecto para muchas personas.
“Me hace feliz poder llevar este mensaje a la sociedad”.
Además del documental, Aldea Estudio trabaja en una película de ficción inspirada en el caso de Emely Peguero, cuyo rodaje iniciará próximamente. La producción buscará profundizar desde el cine en los acontecimientos y el impacto humano detrás de uno de los casos más dolorosos y debatidos de la historia reciente dominicana.
Con estreno previsto para el próximo 25 de noviembre, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, “Vidas Truncadas” también cuenta con el respaldo de organizaciones como Plan International, Save the Children y el Ministerio de la Mujer.
Pero más allá de festivales, estrenos y producción cinematográfica, el equipo insiste en que el verdadero objetivo es otro:
Que estas historias no vuelvan a repetirse.
Y tal vez por eso Wilnerys Peña insiste tanto en que el parecido físico no es lo importante.
Porque al final, dice, lo verdaderamente necesario es que ninguna otra joven tenga que vivir una historia como la de Emely Peguero.
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Cannes no es una alfombra roja: es la bolsa de valores del cine mundial
Por Marc Mejía
Son las ocho de la mañana en Cannes y ya hay gente corriendo.
Productores con café en una mano y acreditaciones colgando del cuello atraviesan la Croisette revisando agendas imposibles. En una terraza frente al Mediterráneo, alguien intenta cerrar una reunión antes de que empiece la siguiente proyección. Más allá, un director independiente abre su laptop para mostrar un teaser a un posible distribuidor.
Afuera del Palais des Festivals, los fotógrafos ya ocupan sus puestos. Muchos llegan días antes del inicio oficial del festival para asegurar espacios estratégicos que prácticamente se vuelven inamovibles durante toda la duración de Cannes. Desde ahí esperan durante horas bajo el sol, defendiendo centímetros de visibilidad para conseguir una imagen exclusiva, un gesto inesperado o la fotografía que terminará recorriendo el mundo.
Eso es Cannes.
O, al menos, la parte que casi siempre vemos.
Porque aunque el Festival de Cannes sigue siendo la postal más glamorosa del cine mundial, la realidad es que su verdadero poder no está solamente en la alfombra roja. Está en todo lo que ocurre alrededor de ella: las negociaciones, las ventas, las alianzas, las coproducciones y las conversaciones que deciden qué películas llegarán al público y cuáles morirán antes de terminarse.
Y aun así, la alfombra roja sigue teniendo un peso enorme.
Cada película seleccionada oficialmente tiene su propio estreno, su propio momento de glamour y su propia oportunidad de exposición frente a medios internacionales, fotógrafos, críticos y ejecutivos de la industria. Durante unos minutos, el mundo entero mira hacia esa película. Esa visibilidad —si alguien tuviera que pagarla como campaña global de marketing— costaría millones de dólares en promoción internacional.
Por eso Cannes no funciona solamente como un festival.
Funciona como una bolsa de valores del cine mundial.
Y es precisamente por eso que los países con industrias cinematográficas serias entienden que estar presentes en Cannes no es opcional: es estratégico. Ahí se construyen relaciones, se venden proyectos y se posicionan industrias enteras. Y claro, República Dominicana no se ha quedado fuera de esa conversación.
La historia de Cannes, de hecho, empezó como una respuesta política. En 1938, el Festival de Venecia ya estaba profundamente influenciado por los gobiernos fascistas de Hitler y Mussolini, que utilizaban el cine como herramienta propagandística. Francia quiso crear un espacio distinto: un festival donde el cine no dependiera del control político.
La primera edición debía celebrarse el 1 de septiembre de 1939.
Ese mismo día, Alemania invadió Polonia.
La Segunda Guerra Mundial comenzó y el festival se canceló antes de arrancar oficialmente. Cannes finalmente nació en 1946 y desde entonces se convirtió en el lugar donde el cine aprendió a mezclar arte, prestigio y poder económico como ningún otro evento del planeta.
Pero lo interesante de Cannes es que hoy, en plena era del streaming, sigue siendo más importante que nunca.
Y eso parece contradictorio.
Porque ahora cualquiera puede ver películas desde cualquier lugar. Ya no dependemos de una sala para descubrir historias. Netflix, MUBI, Prime Video o incluso YouTube cambiaron por completo la manera en que consumimos contenido.
Sin embargo, cada mayo, miles de personas siguen viajando a la Costa Azul francesa para ver películas en condiciones mucho menos cómodas que las de su propia casa.
Y ahí está una de las grandes contradicciones —y también la magia— de Cannes.
Conseguir una entrada para una proyección importante puede convertirse en una batalla titánica. Personas haciendo filas eternas, ejecutivos intentando conseguir accesos de último minuto, acreditados esperando cancelaciones y cinéfilos apostando horas enteras por la posibilidad de entrar a una sala. Todo eso para sentarse a ver una película que, probablemente meses después, podrán reproducir tranquilamente desde un sofá.
Pero Cannes nunca ha sido solamente sobre “ver” películas.
Es sobre vivir el momento exacto en que una película entra en conversación con el mundo.
Ahí es donde Cannes sigue teniendo un peso enorme.
Entrar a la Selección Oficial prácticamente garantiza atención mundial. El sello “Seleccionada en Cannes” abre puertas que muchísimas campañas de marketing no podrían comprar ni invirtiendo millones de dólares en publicidad internacional. La exposición mediática, las críticas, las ventas y el prestigio que una película puede conseguir en pocos días dentro del festival equivalen a una maquinaria de promoción global casi imposible de replicar de manera independiente.
Pero solo menos de 30 películas entran cada año a la competencia principal.

Marche Du Film
Para todo lo demás existe otro universo: las secciones paralelas, los laboratorios, los programas de desarrollo y, sobre todo, el Marché du Film.
Ese es el verdadero corazón del negocio.
Mientras el festival entrega premios y genera titulares, el mercado mueve la industria. Ahí no se habla solamente de cine como arte. Se habla de financiamiento, derechos de distribución, incentivos fiscales, agentes de ventas y plataformas de streaming. Se habla de dinero.
Mucho dinero.
Más de 15,000 profesionales de alrededor de 150 países llegan cada año al mercado de Cannes. Durante poco más de una semana se organizan miles de reuniones, cerca de 1,500 proyecciones privadas y cientos de eventos donde productores, distribuidores y ejecutivos buscan proyectos para financiar o películas para comprar.
Hay películas que llegan a Cannes sin terminarse y salen con distribución internacional asegurada.
Otras encuentran coproductores que les permiten sobrevivir.
Algunas simplemente encuentran alguien dispuesto a escucharlas.
Por eso, para muchos países pequeños o industrias emergentes, Cannes no es un lujo. Es una necesidad estratégica.
Una película dominicana, rumana, senegalesa o tailandesa difícilmente tiene el mismo acceso global que una producción de Hollywood. El Marché du Film funciona precisamente como ese puente. Es el lugar donde un cineasta independiente puede sentarse frente a una empresa europea, un fondo internacional o una plataforma y lograr que su proyecto viaje más allá de su propio país.
Y República Dominicana entendió eso hace tiempo.
La presencia dominicana en Cannes ya no se limita a aparecer en fotos o caminar una alfombra roja cuando algún dominicano logra entrar a una premiere de Selección Oficial. La estrategia se volvió mucho más amplia: posicionar al país como una industria capaz de coproducir, atraer inversiones y exportar talento.
Y aunque el país todavía espera conquistar una plaza dentro de la Selección Oficial o alguna de las grandes secciones paralelas del festival, la presencia dominicana en el mercado y en múltiples programas especializados demuestra que la industria local ya empezó a ocupar espacios importantes dentro de la conversación global.
Cada año, productores dominicanos participan en espacios como el Producers Network, una de las plataformas más importantes del Marché du Film para conectar con coproductores, distribuidores y ejecutivos internacionales. Ahí no se va solamente a presentar películas: se va a construir relaciones, buscar financiamiento y abrir puertas que pueden definir el futuro de proyectos completos.
Porque mientras el público mira vestidos y flashes, los países están negociando visibilidad, alianzas y oportunidades.
Y Cannes funciona exactamente para eso.
El Village International y el —una fila de pabellones frente al mar donde más de 60 países promocionan su industria audiovisual— y el Palais des Festival, un lugar exclusivo para el negocio del cine, parecen una mezcla entre feria cultural, embajada diplomática y convención de negocios. Ahí República Dominicana vende algo más que películas: vende locaciones, incentivos fiscales, estudios, talento técnico y la idea de que filmar en el Caribe puede ser rentable.
Es cine, sí.
Pero también es diplomacia económica.
Y quizás esa es la parte que muchas veces se pierde cuando hablamos de Cannes.
La gente piensa en glamour porque es la parte visible. Los selfies prohibidos, los vestidos, los fotógrafos, las fiestas privadas, las reglas absurdas sobre tacones o las estrellas desfilando frente al Palais. Todo eso existe.
Pero debajo de esa superficie hay otra realidad: cineastas intentando sobrevivir en una industria cada vez más difícil.
Hay productores persiguiendo financiamiento para que una película no se caiga.
Directores buscando agentes de ventas para no desaparecer después del estreno.
Países pequeños tratando de abrirse espacio frente a gigantes globales.
Personas intentando convencer a alguien de que su historia merece ser vista.
Y probablemente por eso Cannes sigue siendo tan importante.
Porque en el fondo, el festival nunca se trató solamente de celebrar películas. Se trata de crear las condiciones para que ciertas películas puedan existir.
En una época donde las plataformas producen contenido masivamente y los algoritmos deciden qué vemos, Cannes todavía funciona como uno de los pocos lugares donde el cine independiente puede sentarse en la misma mesa que la industria global.
A veces una reunión dura quince minutos.
A veces una conversación cambia el destino de una película.
Y a veces, en medio del caos, un productor dominicano logra cerrar un acuerdo frente al Mediterráneo mientras afuera el mundo sigue creyendo que Cannes es solo una alfombra roja.
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