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La magia de ‘Olivia y las Nubes’: Animación Dominicana que Conquista el Mundo
Por Marc Mejía
El cine dominicano vive un momento especial, y una de ellas que lo demuestran claro es “Olivia y las Nubes”, el primer largometraje de animación de Tomás Pichardo Espaillat, que continúa acumulando reconocimientos en distintos rincones del mundo. Su triunfo más reciente llegó en Chile, donde se llevó dos de los premios principales del Festival Internacional de Cine de Rengo 2025: Mejor Largometraje Internacional de Ficción y Mejor Director.
Para una industria como la dominicana —todavía en crecimiento, pero cada vez más ambiciosa— este logro no solo es motivo de orgullo; es una confirmación de que la animación hecha en el Caribe tiene mucho que decir.
Un festival que impulsa nuevas voces
El Festival Internacional de Cine de Rengo, celebrado desde 2005, es conocido por abrir espacio a realizadores emergentes y fortalecer la circulación del cine independiente en Chile y Latinoamérica. Su enfoque comunitario, con actividades gratuitas en lugares emblemáticos como el Teatro Municipal de Rengo y la Casa de la Cultura de Rosario, lo ha convertido en una cita imperdible para cineastas jóvenes y proyectos frescos.
En su 21ª edición, realizada del 24 al 29 de noviembre de 2025, el festival volvió a apostar por propuestas arriesgadas y emocionalmente potentes. Fue ahí donde una película dominicana, hecha con sensibilidad y una estética muy particular, terminó cautivando al jurado y al público.
Una historia íntima contada desde múltiples miradas
“Olivia y las Nubes”, estrenada en cines dominicanos en junio de 2025, es una obra que combina animación, poesía visual y una narrativa que invita a ver un mismo suceso desde distintas perspectivas, usando el recurso del efecto Rashomon.
La trama sigue a Olivia, una mujer marcada por un amor que no logra dejar atrás. Ese sentimiento, convertido en un pequeño fantasma que vive debajo de su cama, la acompaña de forma casi ritual: ella le regala flores y él le entrega nubes de lluvia que la reconfortan cuando la memoria la ahoga. Es una metáfora sobre la forma en que la nostalgia puede convertirse en refugio… o en peso.
El equipo detrás del filme incluye nombres clave de la escena local:
- Dirección y guion: Tomás Pichardo Espaillat
- Producción: Amelia del Mar Hernández González y Fernando Santos Díaz
- Voces: Olga Valdez, Héctor Aníbal, Elsa Núñez, Dominique Goris, Fery Cordero, Fidia Peralta y Lill Marie Taveras
Un recorrido internacional que sigue creciendo
Antes de llegar a Rengo, Olivia y las Nubes ya había pasado por importantes festivales internacionales y se había ganado la atención de la crítica. Su estreno mundial ocurrió en el Festival de Locarno, donde obtuvo una Mención Especial del Jurado Junior. A partir de ahí, comenzó una racha de premios en eventos como:
- BFI London Film Festival – Mención especial Sutherland Award
- Festival de Cine de La Habana – Premio Coral
- Festival de Málaga – Biznaga de Plata a Mejor Película Iberoamericana
- Film Fest Bremen – Best Visual Innovation
- San Diego Latino Film Festival – Best Feature Film
- Festival de Guadalajara – Mejor Largometraje de Animación
- Entre otros reconocimientos en Costa Rica, Stuttgart, Animator, AIFVF y más.
Además, la película fue preseleccionada para los Premios Oscar 2026 en la categoría Mejor Película Animada, un logro histórico para la animación dominicana.
Una victoria para toda la industria dominicana
El doble reconocimiento en Rengo —Mejor Largometraje y Mejor Director— es más que una celebración individual. Es un momento importante para el cine dominicano en su conjunto, especialmente para el sector de animación, que continúa consolidándose con proyectos ambiciosos y elaborados con un nivel de detalle que ya compite a nivel internacional.
“Olivia y las Nubes” demuestra que las historias hechas desde el Caribe pueden emocionar al mundo entero.
Un futuro prometedor
Todo apunta a que el recorrido de Olivia y las Nubes está lejos de terminar. Su estilo visual, su sensibilidad narrativa y su honestidad emocional la han convertido en una película que conecta con públicos de distintas edades y culturas.
Si algo deja claro su paso por festivales y premios es que la animación dominicana no está imitando a nadie: está construyendo su propio camino, con su propia voz y una identidad muy marcada.
Y si este es solo el comienzo, el futuro promete mucho más.
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“Queremos que estas historias no se repitan”: el poderoso mensaje detrás de “Vidas Truncadas”
La actriz Wilnerys Peña y el director Pablo Pedroso hablan sobre el reto emocional y social detrás del documental inspirado en casos que estremecieron a República Dominicana.
Por Marc Mejía
SANTO DOMINGO. — Wilnerys Peña guarda silencio por unos segundos antes de responder. Hablar de Emely Peguero no le resulta sencillo. No solo porque ahora tendrá la responsabilidad de interpretarla en pantalla, sino porque desde hace años muchas personas la comparan físicamente con ella.
La entrevista ocurre durante uno de los días más intensos del rodaje de “Vidas Truncadas”, precisamente la jornada en la que el equipo trabajaba las escenas relacionadas con el caso de Emely Peguero. Entre cámaras, luces y un ambiente emocionalmente cargado, Wilnerys Peña y el director argentino Pablo Pedroso conversaron conmigo sobre el peso emocional y social detrás de un proyecto que busca ir mucho más allá del cine.
Porque aunque el documental reúne algunos de los casos más dolorosos que han marcado a la sociedad dominicana, su intención no es revivir el morbo, sino provocar reflexión.
Y eso se siente incluso fuera de cámara.
“Es algo duro interpretar la vida de esta chica”, admite Wilnerys Peña mientras intenta encontrar las palabras correctas. “Pero me preparé con la misión de llevar un mensaje de reflexión a la sociedad para este tipo de casos”.
La joven fue seleccionada por Aldea Estudio para dar vida a Emely Peguero tanto en el documental “Vidas Truncadas” como en la futura película de ficción que la productora prepara sobre el caso, una apuesta cinematográfica que buscará reconstruir desde una narrativa más íntima los hechos y emociones detrás de una historia que conmocionó a toda República Dominicana.
Aunque ya había participado en comerciales, pequeñas apariciones y papeles secundarios, este representa su primer protagónico. Y también el más emocionalmente exigente.
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“Creo que algunas de las escenas más fuertes fueron lo más difícil, porque tú te pones a pensar lo que ella vivió”, cuenta.
Mientras habla, queda claro que para ella el reto no ha sido únicamente actuar. También ha tenido que lidiar con la exposición pública y la presión en redes sociales luego de anunciarse oficialmente que sería quien interpretaría a Emely Peguero.
“No estaba acostumbrada a recibir tanto boom en las redes”, reconoce entre risas tímidas.
Pero inmediatamente aclara algo que para ella parece importante repetir:
“Lo importante no es si nos parecemos o no. Lo importante es el mensaje que vamos a llevar”.
Y quizá ahí está precisamente el corazón de este proyecto.
Porque detrás de “Vidas Truncadas” existe una intención mucho más profunda que reconstruir casos conocidos. El documental, dirigido por Pablo Pedroso y producido por Cándido Encarnación, Karina Corvalán y Francis Disla “El Indio”, aborda las consecuencias de las relaciones desiguales entre adultos y menores, la violencia contra niñas y adolescentes y las heridas sociales que dejan este tipo de historias.
El proyecto incluye testimonios de familiares, sobrevivientes, especialistas en violencia de género, abogados, fiscales y expertos que ayudan a contextualizar casos como los de Emely Peguero y Yocairi Amarante.
Para Pablo Pedroso, el impacto comenzó incluso antes de rodar.
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“Lo primero fue conocer historias realmente muy profundas, casos muy dramáticos”, explica el director argentino, quien asegura que muchas de las entrevistas realizadas durante la producción estuvieron cargadas de dolor, impotencia y honestidad.
“Por suerte la gente siempre se volcó a brindar testimonios muy sentidos, muy de adentro, y eso enriquece muchísimo el trabajo que hicimos”, añade.
El cineasta asegura que uno de los principales objetivos del documental es cuestionar patrones que durante años fueron normalizados en la sociedad.
“Esperamos que las personas se lleven una reflexión sobre las relaciones entre hombres y mujeres y que nadie vuelva a considerar a las niñas como algo menor o como propiedad”.
Durante la conversación, tanto Wilnerys Peña como Pablo Pedroso coincidieron constantemente en una palabra:
Reflexión.
No fama.
No controversia.
No impacto mediático.
Reflexión.
Wilnerys Peña incluso recuerda que cuando ocurrió el caso de Emely Peguero, ambas tenían prácticamente la misma edad.
“Desde el colegio me comparaban con ella. Y siendo sincera, era un poco incómodo”, confiesa.
Sin embargo, hoy asegura que entiende el valor que puede tener el proyecto para muchas personas.
“Me hace feliz poder llevar este mensaje a la sociedad”.
Además del documental, Aldea Estudio trabaja en una película de ficción inspirada en el caso de Emely Peguero, cuyo rodaje iniciará próximamente. La producción buscará profundizar desde el cine en los acontecimientos y el impacto humano detrás de uno de los casos más dolorosos y debatidos de la historia reciente dominicana.
Con estreno previsto para el próximo 25 de noviembre, en el marco del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, “Vidas Truncadas” también cuenta con el respaldo de organizaciones como Plan International, Save the Children y el Ministerio de la Mujer.
Pero más allá de festivales, estrenos y producción cinematográfica, el equipo insiste en que el verdadero objetivo es otro:
Que estas historias no vuelvan a repetirse.
Y tal vez por eso Wilnerys Peña insiste tanto en que el parecido físico no es lo importante.
Porque al final, dice, lo verdaderamente necesario es que ninguna otra joven tenga que vivir una historia como la de Emely Peguero.
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Cannes no es una alfombra roja: es la bolsa de valores del cine mundial
Por Marc Mejía
Son las ocho de la mañana en Cannes y ya hay gente corriendo.
Productores con café en una mano y acreditaciones colgando del cuello atraviesan la Croisette revisando agendas imposibles. En una terraza frente al Mediterráneo, alguien intenta cerrar una reunión antes de que empiece la siguiente proyección. Más allá, un director independiente abre su laptop para mostrar un teaser a un posible distribuidor.
Afuera del Palais des Festivals, los fotógrafos ya ocupan sus puestos. Muchos llegan días antes del inicio oficial del festival para asegurar espacios estratégicos que prácticamente se vuelven inamovibles durante toda la duración de Cannes. Desde ahí esperan durante horas bajo el sol, defendiendo centímetros de visibilidad para conseguir una imagen exclusiva, un gesto inesperado o la fotografía que terminará recorriendo el mundo.
Eso es Cannes.
O, al menos, la parte que casi siempre vemos.
Porque aunque el Festival de Cannes sigue siendo la postal más glamorosa del cine mundial, la realidad es que su verdadero poder no está solamente en la alfombra roja. Está en todo lo que ocurre alrededor de ella: las negociaciones, las ventas, las alianzas, las coproducciones y las conversaciones que deciden qué películas llegarán al público y cuáles morirán antes de terminarse.
Y aun así, la alfombra roja sigue teniendo un peso enorme.
Cada película seleccionada oficialmente tiene su propio estreno, su propio momento de glamour y su propia oportunidad de exposición frente a medios internacionales, fotógrafos, críticos y ejecutivos de la industria. Durante unos minutos, el mundo entero mira hacia esa película. Esa visibilidad —si alguien tuviera que pagarla como campaña global de marketing— costaría millones de dólares en promoción internacional.
Por eso Cannes no funciona solamente como un festival.
Funciona como una bolsa de valores del cine mundial.
Y es precisamente por eso que los países con industrias cinematográficas serias entienden que estar presentes en Cannes no es opcional: es estratégico. Ahí se construyen relaciones, se venden proyectos y se posicionan industrias enteras. Y claro, República Dominicana no se ha quedado fuera de esa conversación.
La historia de Cannes, de hecho, empezó como una respuesta política. En 1938, el Festival de Venecia ya estaba profundamente influenciado por los gobiernos fascistas de Hitler y Mussolini, que utilizaban el cine como herramienta propagandística. Francia quiso crear un espacio distinto: un festival donde el cine no dependiera del control político.
La primera edición debía celebrarse el 1 de septiembre de 1939.
Ese mismo día, Alemania invadió Polonia.
La Segunda Guerra Mundial comenzó y el festival se canceló antes de arrancar oficialmente. Cannes finalmente nació en 1946 y desde entonces se convirtió en el lugar donde el cine aprendió a mezclar arte, prestigio y poder económico como ningún otro evento del planeta.
Pero lo interesante de Cannes es que hoy, en plena era del streaming, sigue siendo más importante que nunca.
Y eso parece contradictorio.
Porque ahora cualquiera puede ver películas desde cualquier lugar. Ya no dependemos de una sala para descubrir historias. Netflix, MUBI, Prime Video o incluso YouTube cambiaron por completo la manera en que consumimos contenido.
Sin embargo, cada mayo, miles de personas siguen viajando a la Costa Azul francesa para ver películas en condiciones mucho menos cómodas que las de su propia casa.
Y ahí está una de las grandes contradicciones —y también la magia— de Cannes.
Conseguir una entrada para una proyección importante puede convertirse en una batalla titánica. Personas haciendo filas eternas, ejecutivos intentando conseguir accesos de último minuto, acreditados esperando cancelaciones y cinéfilos apostando horas enteras por la posibilidad de entrar a una sala. Todo eso para sentarse a ver una película que, probablemente meses después, podrán reproducir tranquilamente desde un sofá.
Pero Cannes nunca ha sido solamente sobre “ver” películas.
Es sobre vivir el momento exacto en que una película entra en conversación con el mundo.
Ahí es donde Cannes sigue teniendo un peso enorme.
Entrar a la Selección Oficial prácticamente garantiza atención mundial. El sello “Seleccionada en Cannes” abre puertas que muchísimas campañas de marketing no podrían comprar ni invirtiendo millones de dólares en publicidad internacional. La exposición mediática, las críticas, las ventas y el prestigio que una película puede conseguir en pocos días dentro del festival equivalen a una maquinaria de promoción global casi imposible de replicar de manera independiente.
Pero solo menos de 30 películas entran cada año a la competencia principal.

Marche Du Film
Para todo lo demás existe otro universo: las secciones paralelas, los laboratorios, los programas de desarrollo y, sobre todo, el Marché du Film.
Ese es el verdadero corazón del negocio.
Mientras el festival entrega premios y genera titulares, el mercado mueve la industria. Ahí no se habla solamente de cine como arte. Se habla de financiamiento, derechos de distribución, incentivos fiscales, agentes de ventas y plataformas de streaming. Se habla de dinero.
Mucho dinero.
Más de 15,000 profesionales de alrededor de 150 países llegan cada año al mercado de Cannes. Durante poco más de una semana se organizan miles de reuniones, cerca de 1,500 proyecciones privadas y cientos de eventos donde productores, distribuidores y ejecutivos buscan proyectos para financiar o películas para comprar.
Hay películas que llegan a Cannes sin terminarse y salen con distribución internacional asegurada.
Otras encuentran coproductores que les permiten sobrevivir.
Algunas simplemente encuentran alguien dispuesto a escucharlas.
Por eso, para muchos países pequeños o industrias emergentes, Cannes no es un lujo. Es una necesidad estratégica.
Una película dominicana, rumana, senegalesa o tailandesa difícilmente tiene el mismo acceso global que una producción de Hollywood. El Marché du Film funciona precisamente como ese puente. Es el lugar donde un cineasta independiente puede sentarse frente a una empresa europea, un fondo internacional o una plataforma y lograr que su proyecto viaje más allá de su propio país.
Y República Dominicana entendió eso hace tiempo.
La presencia dominicana en Cannes ya no se limita a aparecer en fotos o caminar una alfombra roja cuando algún dominicano logra entrar a una premiere de Selección Oficial. La estrategia se volvió mucho más amplia: posicionar al país como una industria capaz de coproducir, atraer inversiones y exportar talento.
Y aunque el país todavía espera conquistar una plaza dentro de la Selección Oficial o alguna de las grandes secciones paralelas del festival, la presencia dominicana en el mercado y en múltiples programas especializados demuestra que la industria local ya empezó a ocupar espacios importantes dentro de la conversación global.
Cada año, productores dominicanos participan en espacios como el Producers Network, una de las plataformas más importantes del Marché du Film para conectar con coproductores, distribuidores y ejecutivos internacionales. Ahí no se va solamente a presentar películas: se va a construir relaciones, buscar financiamiento y abrir puertas que pueden definir el futuro de proyectos completos.
Porque mientras el público mira vestidos y flashes, los países están negociando visibilidad, alianzas y oportunidades.
Y Cannes funciona exactamente para eso.
El Village International y el —una fila de pabellones frente al mar donde más de 60 países promocionan su industria audiovisual— y el Palais des Festival, un lugar exclusivo para el negocio del cine, parecen una mezcla entre feria cultural, embajada diplomática y convención de negocios. Ahí República Dominicana vende algo más que películas: vende locaciones, incentivos fiscales, estudios, talento técnico y la idea de que filmar en el Caribe puede ser rentable.
Es cine, sí.
Pero también es diplomacia económica.
Y quizás esa es la parte que muchas veces se pierde cuando hablamos de Cannes.
La gente piensa en glamour porque es la parte visible. Los selfies prohibidos, los vestidos, los fotógrafos, las fiestas privadas, las reglas absurdas sobre tacones o las estrellas desfilando frente al Palais. Todo eso existe.
Pero debajo de esa superficie hay otra realidad: cineastas intentando sobrevivir en una industria cada vez más difícil.
Hay productores persiguiendo financiamiento para que una película no se caiga.
Directores buscando agentes de ventas para no desaparecer después del estreno.
Países pequeños tratando de abrirse espacio frente a gigantes globales.
Personas intentando convencer a alguien de que su historia merece ser vista.
Y probablemente por eso Cannes sigue siendo tan importante.
Porque en el fondo, el festival nunca se trató solamente de celebrar películas. Se trata de crear las condiciones para que ciertas películas puedan existir.
En una época donde las plataformas producen contenido masivamente y los algoritmos deciden qué vemos, Cannes todavía funciona como uno de los pocos lugares donde el cine independiente puede sentarse en la misma mesa que la industria global.
A veces una reunión dura quince minutos.
A veces una conversación cambia el destino de una película.
Y a veces, en medio del caos, un productor dominicano logra cerrar un acuerdo frente al Mediterráneo mientras afuera el mundo sigue creyendo que Cannes es solo una alfombra roja.
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El cine dominicano conquista Los Ángeles con Milly Quezada y nuevas voces latinas
Por Marc Mejía
La presencia dominicana vuelve a sentirse en el Festival de Cine Latino de Los Ángeles con historias que hablan de música, migración, familia, memoria e identidad caribeña.
El cine dominicano vuelve a decir presente en Los Ángeles. Y esta vez lo hace con una figura que, para varias generaciones, no necesita demasiada presentación: Milly Quezada.
La película “Milly, Queen of Merengue”, inspirada en la vida y el legado de la llamada Reina del Merengue, forma parte de la Selección Oficial del Los Angeles Latino International Film Festival 2026, una de las plataformas más importantes para el cine latino en Estados Unidos. La producción tendrá su estreno en la Costa Oeste el 30 de mayo en el emblemático TCL Chinese Theatres, en Los Ángeles.
La noticia tiene un valor especial para la República Dominicana. No solo porque lleva a la pantalla grande la historia de una artista profundamente ligada a la música popular dominicana, sino porque llega en una edición donde también aparecen otras propuestas conectadas con el país, con sus talentos y con temas que atraviesan de cerca a nuestra cultura: la migración, la diáspora, la familia, la identidad y esa forma caribeña de resistir incluso en los momentos más difíciles.
El festival, conocido internacionalmente como LALIFF, celebrará su edición número 25 del 27 al 31 de mayo de 2026. Fundado en 1997 por Edward James Olmos, junto a Marlene Dermer, Kirk Whisler, el fallecido George Hernández y la Ciudad de Los Ángeles, el evento se ha consolidado como una vitrina clave para cineastas latinos dentro de la industria.
Por sus pantallas han pasado primeras obras de nombres que luego alcanzarían reconocimiento mundial, como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Pablo Larraín. También ha sido un espacio temprano para talentos como Gina Rodríguez y America Ferrera.
En esta edición, además, el festival llega con otro peso: por segundo año es un evento calificador para los Premios Oscar en las categorías de Mejor Cortometraje Latino de Ficción de Estados Unidos y Mejor Cortometraje Latino Animado de Estados Unidos.
Milly Quezada, del merengue a la pantalla grande

Milly
La llegada de “Milly, Queen of Merengue” al festival coloca en primer plano una historia que toca fibras muy dominicanas.
La película sigue a una joven dominicana que llega a Nueva York, específicamente al corazón de Washington Heights, con un sueño que parece demasiado grande para el momento que le tocó vivir. En medio del llamado Latin Boom, sus luchas personales se van convirtiendo en una trayectoria artística que terminaría marcando la historia de la música tropical.
Pero hablar de Milly Quezada no es hablar únicamente de una carrera musical. Es hablar de una mujer que cruzó fronteras con su voz, que cargó el merengue como bandera y que logró convertirse en un símbolo de identidad para dominicanos dentro y fuera del país.
La cinta está dirigida, escrita y producida por Leticia Tonos Paniagua, una de las cineastas más importantes de la República Dominicana. Tonos ha sido una figura clave en el desarrollo del cine dominicano contemporáneo y una pionera en coproducciones internacionales entre el país y Europa.
Su trabajo ha sido reconocido en espacios como el Marché du Film de Cannes, donde recibió el Fantastic Latido Award. Sus películas también han llegado a festivales como Toronto y Rotterdam, y cuatro de ellas han sido seleccionadas como representantes oficiales de la República Dominicana para los Premios Oscar. En 2020, hizo historia al convertirse en la primera mujer dominicana en recibir el Premio Nacional de la Cinematografía.
El elenco de la película incluye a Sandy Hernández, Juan Carlos Pichardo , Nicole Padrón, Cindy Galán y Jalsen Santana entre otros.
Gabriela Ortega también lleva una historia dominicana al festival

Marga en el DF
La presencia dominicana en Los Ángeles también se fortalece con “Marga en el DF”, cortometraje dirigido y escrito por la cineasta dominicana Gabriela Ortega.
La obra, de 20 minutos y hablada en español, es una coproducción de México, Estados Unidos y República Dominicana. También tendrá su estreno en la Costa Oeste dentro del festival.
Ambientada en la Ciudad de México en 1995, durante los días posteriores a la muerte de Selena Quintanilla, la historia sigue a Marga Salinas, una mujer dominicana con 21 semanas de embarazo que descubre que su esposo le ha sido infiel.
El punto de partida es íntimo, casi doméstico, pero desde ahí la película abre una conversación más amplia. Habla de una mujer migrante en un momento de quiebre. De estar lejos de casa. De cargar un embarazo, una traición y una tristeza que no siempre tiene espacio para ser dicha en voz alta.
Ese tipo de historia también pertenece al mapa dominicano. No desde el lugar evidente del paisaje, sino desde la experiencia de quienes viven la identidad fuera del país.
Gabriela Ortega ha desarrollado una carrera sólida como actriz, guionista y directora. Es graduada de USC y egresada de los laboratorios de Sundance y de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. Su cortometraje “Huella” fue selección oficial del Festival de Sundance 2022 y actualmente se desarrolla como largometraje con apoyo de Sundance Labs y Cine Qua Non Lab.
Ortega también trabaja en “Piratas”, un largometraje en español que será filmado en la República Dominicana. Su película “Beautiful, FL” está disponible en Disney+, mientras que su ópera prima “Papi” se encuentra en HBO. Además, recientemente dirigió la miniserie documental “The Foundation of Belleza” para Peacock y Sephora, y acaba de concluir la producción de su próxima película, “Dos Noches en Bilbao”.
El elenco de “Marga en el DF” incluye a Camila Santana, David Palacio y Andrea. La producción está a cargo de Karla Luna Cantú, Eugenio Valero, Natalia González, Carlos López Estrada, Valerie Bush y Stacy Perskie.
La diáspora dominicana entra en escena con “Have a nICE day”

Have a nICE day
Otra obra que toca de cerca la experiencia dominicana en Estados Unidos es “Have a nICE day”, cortometraje dirigido y escrito por Berman Fenelus.
Esta no es una producción dominicana, y conviene decirlo con claridad. Sin embargo, su historia se cruza directamente con temas que forman parte de la vida de muchas familias dominicanas y latinas en la diáspora.
El corto sigue a Gina García, una residente médica dominico-estadounidense que llega al apartamento de sus padres en el Bronx para una cena familiar. Lo que empieza como una reunión íntima, de esas que cualquiera reconoce, se rompe de golpe cuando agentes de ICE derriban la puerta y entran a la vivienda.
La película está filmada en una sola toma, un recurso que aumenta la tensión y obliga al espectador a quedarse dentro de la escena. No hay pausa. No hay escape. La calidez de una casa latina se convierte, en cuestión de segundos, en un espacio de miedo.
La situación se vuelve todavía más dura cuando el padre de Gina, un veterano de guerra nacido en Estados Unidos, es esposado por los agentes. Mientras tanto, su hijo Mario graba la redada hasta que aparece un arma en escena.
Con una duración de 8 minutos, el cortometraje se presenta en inglés y español, y tendrá su estreno en Los Ángeles. La obra aborda temas urgentes como la migración, el miedo institucional, la identidad latina en Estados Unidos y la vulnerabilidad de muchas familias frente a sistemas que pueden irrumpir en sus vidas sin aviso.
Dentro del elenco y del equipo de producción destacan Elvis Nolasco y Aida Rodríguez, dos figuras reconocidas por el público latino y caribeño. Su participación añade una conexión especial con las conversaciones sobre representación, identidad y diáspora, sin que eso signifique que todo el elenco o todo el equipo pertenezca a la comunidad dominicana.
También participan Celines Estevez, Armani Gabriel, Mario Polit, Patrick Shannon, Benjamin Ross Hyman y Tyerise J. Foreman. La producción está a cargo de Berman Fenelus, Elvis Nolasco, Sophia Leang, Erin Judd, Jeff Brown y Ulysses Terrero.
“Aguadilla” y la migración dominicana en el Caribe

Aguadilla
La programación también incluye “Aguadilla”, largometraje dirigido por Alexander Zeke Musca y Tom Musca.
Aunque se trata de una producción de Estados Unidos y Puerto Rico, su historia está atravesada por la migración dominicana. La película sigue a una pareja dominicana que, tras naufragar, llega a una propiedad puertorriqueña perteneciente a Benicio, un exsurfista de olas grandes.
Antes de entregarlos a la Patrulla Fronteriza, Benicio se siente atraído por Talisa, una mujer cuya presencia empieza a mover tensiones, deseos y ambiciones. A partir de ahí, la historia se transforma en una batalla psicológica donde las líneas entre víctima y victimario se vuelven cada vez más borrosas.
La película, de 107 minutos, tendrá su estreno en Los Ángeles y está hablada en inglés y español. Su elenco incluye a Lou Diamond Phillips, Rene Moran, Alina Robert y Elpidia Carrillo.
En el caso de “Aguadilla”, lo dominicano aparece desde una herida conocida en el Caribe: la migración por mar, el riesgo, la frontera y la fragilidad de quienes se ven empujados a buscar otra vida.
Una presencia dominicana que no empieza ahora
La presencia dominicana en el Los Angeles Latino International Film Festival no surge de la nada ni empieza en esta edición. En años anteriores, el talento dominicano y las historias vinculadas a la República Dominicana ya habían encontrado espacio en esta plataforma, ya fuera a través de películas, cineastas, actores, productores o relatos marcados por la diáspora.
Lo que ocurre en 2026 es una nueva confirmación de ese camino.
Esta vez, la presencia dominicana llega desde varios lugares a la vez. Llega con una película dominicana sobre una de las grandes figuras del merengue. Llega con una cineasta dominicana contando la intimidad de una mujer lejos de su país. Llega con actores y talentos latinos que ponen el cuerpo a historias de migración. Y llega también con relatos donde la experiencia dominicana aparece en rutas caribeñas marcadas por el desplazamiento, la supervivencia y la búsqueda de un futuro posible.
Eso hace que esta participación sea interesante. No se trata únicamente de celebrar que una película llegó a un festival importante. Se trata de mirar cómo lo dominicano sigue apareciendo en el cine desde distintos ángulos: la música, la familia, el duelo, la frontera, la maternidad, la diáspora y la memoria.
En “Milly, Queen of Merengue”, la identidad dominicana suena a merengue, a escenario, a barrio, a una mujer que convirtió su historia en legado. En “Marga en el DF”, aparece desde el silencio de una mujer embarazada que enfrenta una ruptura lejos de casa. En “Have a nICE day”, se siente en el miedo de una familia latina cuando el hogar deja de ser refugio. Y en “Aguadilla”, aparece en el mar, en la frontera y en ese viaje incierto que tantas veces ha marcado la historia caribeña.
El cine dominicano hace tiempo dejó de contarse desde un solo lugar. Hoy también se cuenta desde Nueva York, desde Washington Heights, desde el Bronx, desde México, desde Puerto Rico y, en esta edición, desde las pantallas de Los Ángeles.
Por eso, esta presencia en el festival tiene un valor que va más allá de la alfombra roja o de la selección oficial. Habla de continuidad. De una industria que sigue creciendo. De artistas que se mueven entre países. De una cultura que viaja con su gente y que encuentra nuevas formas de narrarse.
Y en el centro de esta edición, la figura de Milly Quezada funciona como un puente poderoso. Su historia conecta generaciones, música, migración y orgullo dominicano. A su alrededor, otras voces amplían el mapa y recuerdan que la República Dominicana también se cuenta desde sus ausencias, sus caminos, sus heridas y sus triunfos.
En Los Ángeles, esta vez, el cine latino vuelve a abrir espacio para esas historias. Y la presencia dominicana vuelve a sentirse.
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